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	<title>DEVORAR A GABO | Literatura y otros placeres - Blogs laverdad.es</title>
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		<title>DEVORAR A GABO | Literatura y otros placeres - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Apr 2014 20:59:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>César García Granero</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Hay gente insustituible por una razón sencilla: al morir no solo deja un legado, deja también un vacío. Hablo de García Márquez, que nos ha hecho legatarios de una lección imborrable:  la gran literatura no está reñida con la alegría. Quizá fue por eso que llegó a tanta gente. Él escribía como los ángeles y, además, lo hacía de una forma divertida y amena. Quizá no haya nadie a quien haya leído más y con más ahínco. Me acuerdo de la biblioteca de La Unión y de Paco Ródenas, quien me nutrió de clásicos en mi época de colaborador de este periódico, hace ya algunos años, cuando cogía el FEVE de La Unión a Cartagena para trabajar. En aquel entonces devoraba a los grandes de aquí o de allá a un ritmo de tres o cuatro horas por día. Fitzgerald, Tolstoy, Hemingway, Alejo Carpentier, Capote, Blasco Ibáñez…, todos y, por encima de todos, García Márquez.<br>
Fue Paco Ródenas quien me sacó de un estante ‘Cien años de soledad’, todo un descubrimiento y quizá la única novela de Gabo que no he releído, por aquello de no perder el encanto, pues la memoria embellece aquello que disfrutamos un día y hay cosas que mejor dejarlas quietas. Luego cayeron todas:  ‘El amor en los tiempos del cólera’, que habré leído como unas cuatro o cinco veces, ‘Crónica de una muerte anunciada’, ‘12 cuentos peregrinos’, ‘Del amor y otros demonios’… No hay una sola, salvo la primera, que no haya rel<a href="/cesarggranero/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-49" title="DOCU_VERDAD Gabriel Garcia Marquez with Book on Head" src="/cesarggranero/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411.jpg" alt="" width="300" height="218" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411.jpg 2984w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411-300x218.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411-768x558.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/19/2014/04/VF0Q4P411-1024x745.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a>eído. García Márquez ha contado más de una vez que un día leyó ‘La Metamorfosis’ y se quedó boquiabierto al ver que Kafka convertía a Gregorio Samsa en una suerte de escarabajo. «Ah, ¿pero esto se puede hacer?», se preguntó Gabo en el preludio de lo que sería su literatura:  a partir de ahí la pobló de magia,  fantasmas y supersticiones que en su caso no son gratuitas, sino brillantes. Un mundo paralelo que convive con este y en sus páginas parece más real que el verdadero.<br>
Él dio la clave en otra ocasión:  no se trata de contar solo cosas verosímiles, se trata de contar cosas fantásticas y hacerlas verosímiles. Siempre que te las puedas creer, son novela también. Y en eso, él ha sido el mejor. Él ha hecho lo que parecía imposible:  convertir la magia en carne y hueso. Su legado es maravilloso, imborrable, eterno y divertido, con olor a guayaba y sonidos de vallenato. Su cuerpo es ya ceniza, su obra no. A sus páginas se le puede aplicar aquellos versos de Quevedo:<br>
<em>Su cuerpo dejará, no su cuidado;</em><br>
<em>serán ceniza, mas tendrá sentido;</em><br>
<em>polvo serán, mas polvo enamorado.</em></p>
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