{"id":114,"date":"2019-09-12T11:56:11","date_gmt":"2019-09-12T09:56:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/circuitoenserie\/?p=114"},"modified":"2019-09-12T11:56:11","modified_gmt":"2019-09-12T09:56:11","slug":"la-ley-de-la-huerta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/circuitoenserie\/2019\/09\/12\/la-ley-de-la-huerta\/","title":{"rendered":"La ley de la huerta"},"content":{"rendered":"<p>Ocurri\u00f3 en otro tiempo. Uno lejano: el martes pasado, m\u00e1s o menos. Cuando Murcia no era todav\u00eda una\u00a0regi\u00f3n\u00a0monz\u00f3nica, sino el secano\u00a0habitual\u00a0donde uno puede hasta<strong> sudar por correr, Plater\u00eda arriba, para no llegar m\u00e1s de tres minutos tarde al pase de la Filmoteca<\/strong>. La pantalla se tom\u00f3, de todas formas, otros diez antes de proyectar &#8216;El Consejo de Hombres Buenos (La Ley de la Huerta)&#8217;, un documental de Gonzalo Ballester.<\/p>\n<p>La huerta no es la selva. Nuestro paisaje verde particular est\u00e1 atado y bien atado por una Matrix que florece y madura\u00a0con los \u00e1rboles y sus frutos. Detr\u00e1s del sindios aparente de las ca\u00f1as y\u00a0matojos que atropellan las carreteras hay una estructura vaporosa, divina, que se condensa en el tribunal de Hombres Buenos. Este pintoresco grupo se re\u00fane para\u00a0<strong>dirimir\u00a0las problem\u00e1ticas relativas al reparto del agua entre huertanos<\/strong>. En una regi\u00f3n subdes\u00e9rtica como esta, donde el disolvente universal hace casi m\u00e1s falta que el aire, el c\u00f3nclave ataja las discusiones de los\u00a0agricultores\u00a0mediante resoluciones con ra\u00edz en el mundo de las ideas, arrancadas de unas &#8220;Ordenanzas de la huerta&#8221; que se pierden en el tiempo, y las arrastra hasta lo terrenal, d\u00e1ndoles plena validez legal.<\/p>\n<p>Con el proyector ya corriendo (de mala educaci\u00f3n, lo s\u00e9, \u00a1perd\u00f3n!), oteo el panorama. Me gusta saber qu\u00e9 tipo de gente ve determinadas pel\u00edculas. Sobre todo en la Filmoteca Regional Francisco Rabal, que no tiene, precisamente, la audiencia m\u00e1s heterog\u00e9nea del mundo \u2013y, aun as\u00ed, se enzarza en proyectos valientes como este ciclo de realizadores murcianos que da cobijo a la cinta. Ballester, con una pel\u00edcula en el limbo, demasiado larga para ser un corto y escasa como mediometraje, ha conseguido <strong>reunir un gent\u00edo considerable en una especie de misteriosa sesi\u00f3n de Cortes<\/strong>, cuyos parlamentarios pierden las pupilas en la pantalla.<\/p>\n<p>Lo interesante de la pieza est\u00e1 precisamente ah\u00ed, en su p\u00fablico. En concreto, en <strong>el p\u00fablico que convoca (en funci\u00f3n de los espacios a los que accede),\u00a0las respuestas que genera en \u00e9l<\/strong> y la eficacia con la que conecta con una franja de espectadores que, en &#8216;La ley de la huerta&#8217;, no son los que miran, sino los mirados.<\/p>\n<p>Exactamente en ese brete se encuentra <strong>Diego, el presidente del tribunal de Hombres Buenos<\/strong>. Llega tarde, hecho un pincel, cuando su otro\u00a0<em>yo<\/em>\u00a0ya lleva varios minutos desfilando por la pantalla. Trajeado como manda la ocasi\u00f3n, el derecho consuetudinario en persona cruza el pasillo de la sala a hurtadillas y va a dar con el trasero justo en la fila de asientos en la que estoy sentado yo. No me creo mi propia suerte: as\u00ed puedo aprovechar para asomarme con poco disimulo cada dos o tres escenas y ver si se r\u00ede de sus propios chistes. No lo hace. El hombre mira su reconstrucci\u00f3n f\u00edlmica tieso como un palo, mientras su imagen resopla, retuerce los globos oculares y reza a todos los santos (con la misma sutileza que insuflo yo a mi improvisada operaci\u00f3n de espionaje, aprox.), buscando paz y fuerzas para no despachar de mala manera a una comadre huertana que tiene no s\u00e9 qu\u00e9 l\u00edo con una valla entre su parcela y la del vecino.<\/p>\n<div id=\"attachment_116\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-116\" loading=\"lazy\" class=\"size-large wp-image-116\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/09\/Noria_Museo_Alcantarilla-1024x681.jpg\" alt=\"(Fuente: Quezaltepeque bajo la siguiente licencia CC)\" width=\"1024\" height=\"681\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/09\/Noria_Museo_Alcantarilla-1024x681.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/09\/Noria_Museo_Alcantarilla-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/09\/Noria_Museo_Alcantarilla-768x511.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/09\/Noria_Museo_Alcantarilla.jpg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-116\" class=\"wp-caption-text\">(Fuente: Quezaltepeque bajo la siguiente <a href=\"https:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by\/3.0\/deed.es\">licencia CC<\/a>)<\/p><\/div>\n<p>Y ah\u00ed se esconde la virguer\u00eda del director: presentar, a trav\u00e9s de un repaso pH neutro de este maravilloso galimat\u00edas de la jurisdicci\u00f3n regional, una interesante mirada sobre el lugar de las generaciones veteranas y la autoridad de sus juicios. Aunque el pase del martes s\u00ed lo fuera, la de Ballester no es una pel\u00edcula solo para ancianos. Ah\u00ed tuvo el otro d\u00eda su gran fil\u00f3n, claro: en los que se ven retratados en ella. Pero es tambi\u00e9n, a trav\u00e9s de ese trasunto narrativo que sublima el m\u00e1s joven secretario del consejo, <strong>un objeto de\u00a0incalculable\u00a0valor documental y cultural, que constituir\u00e1\u00a0la memoria colectiva murciana cuando la de cada uno empiece a flojear<\/strong>. Seg\u00fan se\u00f1alan los mismos protagonistas, lo de &#8220;Hombre Bueno&#8221; no se refiere a la bondad, sino a la utilidad. Los miembros son veteranos de la huerta que van rotando; parece que la cosa toca como una mesa electoral. Y el Hombre Bueno que ocupa una\u00a0silla del tribunal no es rese\u00f1able como individuo, sino\u00a0provechoso para el colectivo. Apto para obrar por el bien de todos. Eso es mucho decir.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 por eso la pel\u00edcula funciona tan bien con una audiencia cuya edad promedio quiebro por casi medio siglo, pero deber\u00eda verla mucha m\u00e1s gente. La conexi\u00f3n con la esencia de la vida murciana que construye el director (que no es ning\u00fan novato; nominado a un Goya y valorado en festivales) es poderosa y<strong> remueve las entra\u00f1as mucho m\u00e1s all\u00e1 de los chascarrillos de los personajes registrados con la c\u00e1mara<\/strong>. El gran acierto del documentalista es negar una profundidad dram\u00e1tica mayor que la de la propia rutina. La tranquilidad del paseo por un campechano carril, donde el mayor de los problemas (que tampoco es poca cosa) es dilucidar si el vallado de la acequia debe\u00a0moverse tres palmos p&#8217;all\u00e1 o p&#8217;ac\u00e1.<\/p>\n<p>Par\u00e1ndose, al final del viaje, a contemplar\u00a0el discurrir de los riachuelos que riegan los cultivos y bailan a ritmo de canci\u00f3n popular sobre los hierbajos, siempre m\u00e1s marrones que verdes, Ballester confirma la tesis\u00a0que se adivina desde el comienzo: <strong>la huerta debe entenderse como algo m\u00edstico, regido por leyes divinas y hombres elegidos para ejecutarlas<\/strong>. Es un oasis, una anomal\u00eda urban\u00edstica que permite que llegue el aroma de una moderna pizzer\u00eda a un\u00a0bancal mientras el de los limones recorre el camino contrario hasta una universidad privada.\u00a0A\u00a0la espera de saber cu\u00e1l ser\u00e1 la distribuci\u00f3n de la cinta, todav\u00eda queda una oportunidad para los rezagados: hoy, jueves 12 de septiembre, vuelve a pasarse &#8216;El Consejo de Hombres Buenos&#8217; <a href=\"http:\/\/www.filmotecamurcia.es\/servlet\/s.Sl?METHOD=ENLACEMENUS&amp;sit=c,884,m,3623\">a las 20.30h en la Filmoteca<\/a>, con presentaci\u00f3n de Ballester.<\/p>\n<p>Cuando acaba la pel\u00edcula y el espejismo termina, <strong>el pleno se\u00a0levanta\u00a0y los feligreses se dan la paz con\u00a0ritmo procesionario<\/strong>, deteni\u00e9ndose cada pocos pasos para cantar las alabanzas de la cinta con cualquiera que les salga al paso de entre las butacas, conocido o extra\u00f1o. Entrar a la sala hab\u00eda sido f\u00e1cil; todos deb\u00edan de llevar ya una media hora sentados. Salir\u00a0fue otra historia.<\/p>\n<script type=\"text\/javascript\">\n\nvar addthis_config = {\"data_track_clickback\":false,\"data_track_addressbar\":false,\"data_track_textcopy\":false,\"ui_atversion\":\"300\"};\nvar addthis_product = 'wpp-3.1';\n<\/script><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s7.addthis.com\/js\/300\/addthis_widget.js#pubid=a321acb07f40401c9cfad9efe2fd3c2b\"><\/script>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ocurri\u00f3 en otro tiempo. Uno lejano: el martes pasado, m\u00e1s o menos. Cuando Murcia no era todav\u00eda una\u00a0regi\u00f3n\u00a0monz\u00f3nica, sino el secano\u00a0habitual\u00a0donde uno puede hasta sudar por correr, Plater\u00eda arriba, para no llegar m\u00e1s de tres minutos tarde al pase de la Filmoteca. 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