{"id":138,"date":"2019-11-29T02:56:35","date_gmt":"2019-11-29T01:56:35","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/circuitoenserie\/?p=138"},"modified":"2019-11-29T17:31:07","modified_gmt":"2019-11-29T16:31:07","slug":"punales-por-la-espalda-un-whodunnit-radical","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/circuitoenserie\/2019\/11\/29\/punales-por-la-espalda-un-whodunnit-radical\/","title":{"rendered":"&#8216;Pu\u00f1ales por la espalda&#8217;: Un &#8216;whodunnit&#8217; radical"},"content":{"rendered":"<p>Me lo hab\u00eda advertido un buen amigo: &#8220;No es la pel\u00edcula que nos han vendido. No es lo que te esperas. Es mejor&#8221;. Aun as\u00ed, no supe verlo venir. Pocas veces un tr\u00e1iler ha hecho tan profundo trabajo condensando el alma de un filme como con &#8216;Pu\u00f1ales por la espalda&#8217;, pero no por las razones que pens\u00e1bamos. &#8220;A &#8216;whodunnit&#8217; like no one has ever dunnit&#8221;, rezaba el spot. Para los menos angl\u00f3filos, <strong>un &#8216;whodunnit&#8217; (una historia de investigaci\u00f3n criminal a lo Agatha Christie) como nunca nadie lo ha hecho antes<\/strong>. Al traducir, el juego de palabras se deja toda la frescura por el camino, pero el mensaje queda claro. Un relato holmesiano de los buenos, de los de toda la vida, contemporaneizado y remozado con la est\u00e9tica del cine actual. Error, camarada: un sabueso nunca tira de un hilo que est\u00e1 a plena vista.<\/p>\n<p>La primera pista para descubrir el montaje viene rubricada bajo el t\u00edtulo. <strong>Rian Johnson, genio detr\u00e1s de &#8216;Looper&#8217;, la \u00faltima &#8216;Star Wars&#8217; y el infamado episodio embotellado de &#8216;Breaking Bad&#8217;, &#8216;La mosca&#8217;, escribe y dirige la pel\u00edcula<\/strong>. La a\u00f1agaza pide a gritos ser expuesta a medida que las caras del mill\u00f3n de d\u00f3lares empiezan a desfilar por la pantalla: Daniel Craig, Chris Evans, Ana de Armas, Michael Shannon, Jamie Lee Curtis, Don Johnson y un par de valores al alza, Katherine Langford y Jaeden Martell. Si algo hace la cuesti\u00f3n del estrellato en una pel\u00edcula, por defecto, es desintegrar el artificio de la ficci\u00f3n y dejar el cart\u00f3n a la vista. La mera presencia de las &#8216;celebrities&#8217; interroga la verdad de las im\u00e1genes. \u00bfAlguien se huele ya el pescado? Yo, al menos, no lo hice.<\/p>\n<p>Y no lo hice porque ten\u00eda, como en los grandes trucos de magia, los ojos puestos en otro sitio. La relaci\u00f3n de aspecto 16:9 de la imagen es en &#8216;Pu\u00f1ales por la espalda&#8217; la mejor de las filfas, en tanto veh\u00edculo para la m\u00e1s hipn\u00f3tica perfecci\u00f3n compositiva. Y, como Nacho Vegas, cuando digo perfecci\u00f3n, es perfecci\u00f3n. Solo alguien como Johnson puede permitirse relegar al papel de ardid un logro que montones de realizadores solo sue\u00f1an con alcanzar: convertir todos y cada uno de los fotogramas de la cinta en verdaderos cuadros, como quien pinta 24 picassos por segundo. Mientras truca la baraja con la mano izquierda, el prestidigitador atrae con la derecha la atenci\u00f3n de los que observan. El cebo, la paloma blanca de la pel\u00edcula, vale <strong>todo el dinero del mundo en presupuesto para puesta en escena y uno de los m\u00e1s punzantes directores de fotograf\u00eda del momento<\/strong>.<\/p>\n<p>Esa excelencia est\u00e9tica es la alfombra roja para un misterio con sabor a\u00f1ejo. Trata de desenmara\u00f1arlo el detective Blanc (Craig), intrigado por el suicidio de <strong>un opulento novelista, que aparece muerto en la misma velada de una fiesta que hab\u00eda reunido a todos sus v\u00e1stagos \u2013y potenciales legatarios de su fortuna\u2013 en una misma mansi\u00f3n<\/strong>. La intenci\u00f3n del director, por supuesto, no es presentar unos t\u00edmidos respetos a un g\u00e9nero centenario, sino retorcerlo. La secuencia inicial lo constata, arrastrada por el caudal de unos violines barrocos y truculentos que desembocan en la tan manida escena del descubrimiento del cad\u00e1ver. El papel\u00f3n le cae a una empleada del servicio de la casa; sin embargo, en lugar de dejar caer el desayuno que transportaba escaleras arriba al toparse con la garganta cercenada del millonario, la mujer hace un peque\u00f1o malabar con el contenido de la bandeja y suelta un lac\u00f3nico &#8220;\u00a1Mierda!&#8221;.<\/p>\n<p>Reventar el refinamiento victoriano es el primer signo de \u00e1nimo de repintar el sal\u00f3n del g\u00e9nero detectivesco por parte de Johnson. Y lo que sigue lo refrenda, como el investigador que, esgrimiendo un infalible m\u00e9todo inductivo, es capaz de alcanzar la verdad \u00faltima de las cosas, o al menos de acercarse mucho. El mismo montaje, en cierto momento, salta de la respuesta de un sospechoso a una segunda pregunta de su interrogador, Blanc, que es seguida de una nueva contestaci\u00f3n, pero esta vez salida de la boca de otro personaje. <strong>La inteligencia preclara del detective, elemento inextricable del canon policiaco decimon\u00f3nico<\/strong>, es expresada y puesta de manifiesto a trav\u00e9s de la confusi\u00f3n que genera en el espectador. Porque nadie, nunca, sabe m\u00e1s que Sherlock Holmes. Uno, haciendo las veces del aperreado doctor Watson, puede limitarse a perseguir al sabueso de un lado para otro, intentando establecer entre sus pesquisas relaciones comprensibles, pero estas no se hacen evidentes hasta que la intuici\u00f3n del detective las opone a la luz.<\/p>\n<p>Llega as\u00ed el primer hito en la <strong>destrucci\u00f3n del dispositivo narrativo que la cinta hab\u00eda armado a imagen y semejanza del canon detectivesco finisecular<\/strong>: el chivatazo. No entre personajes, sino entre pel\u00edcula y audiencia. Marta, el personaje de Ana de Armas, hace algo que, en su naturalidad, destruye el g\u00e9lido sistema de focos del relato del detective. Tiene remordimientos, y es un resquemor tramposo, porque no se nos comunica a trav\u00e9s de la aguda observaci\u00f3n de Blanc (que lo ignora por completo), sino con un &#8216;flashback&#8217;. Abriendo una rama oblicua en el avance horizontal de la historia, Marta recuerda lo que pas\u00f3 de verdad la noche de autos, y a los espectadores se nos permite contemplarlo de forma privilegiada. Descubrimos, entonces, el efecto de una elipsis lateral: <strong>la primera vez que vimos un evento, no por un salto en el tiempo sino porque la c\u00e1mara no estaba mirando desde la posici\u00f3n adecuada, nos perdimos cierta informaci\u00f3n crucial<\/strong> que ahora s\u00ed poseemos. Y el &#8216;whodunnit&#8217; tradicional se rompe en ese mismo instante. No es posible asistir a una b\u00fasqueda de la verdad de la mano de un investigador que sabe menos que nosotros, y que no entiende por qu\u00e9 todo el mundo a su alrededor parece participar de una pieza del puzle que a \u00e9l se le escapa. No somos agentes del bien y del orden; somos c\u00f3mplices.<\/p>\n<div id=\"attachment_140\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-140\" loading=\"lazy\" class=\"size-large wp-image-140\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/11\/colombo-1024x830.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"830\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/11\/colombo-1024x830.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/11\/colombo-300x243.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/11\/colombo-768x623.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/141\/2019\/11\/colombo.jpg 1280w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-140\" class=\"wp-caption-text\">(Fuente: Prawny (pixabay.com))<\/p><\/div>\n<p>Y se acaba una pel\u00edcula, pero no\u00a0<em>la<\/em> pel\u00edcula. <strong>Porque &#8216;Pu\u00f1ales por la espalda&#8217; puede mutar igual de bien en lo narratol\u00f3gico que en lo visual, y se transfigura en una historia de misterio polif\u00f3nica<\/strong>. Tenemos, pasada la hora de metraje, varias voces liderando el relato por turnos, pero nunca una realidad completa. As\u00ed, a mano alzada, con la displicencia que solo les est\u00e1 permitida a los artistas m\u00e1s virgueros, Rian Johnson da por muerta la modernidad desde su pel\u00edcula, toda vez que la verdad \u00fanica ya ni existe ni importa ni se puede alcanzar. De hecho, la resultona infracci\u00f3n de su propio rigid\u00edsimo alfabeto visual (una torpe c\u00e1mara en mano que persigue a Ana de Armas) y un desplazamiento de dos de los personajes fuera de la casa del crimen (escenario un\u00edvoco de los relatos Cluedo, que aqu\u00ed pierde la centralidad de la acci\u00f3n) marcan la ruptura dr\u00e1stica con un modelo de contar historias que es revisado y desechado al tiempo que la pel\u00edcula se parte en dos mitades.<\/p>\n<p>Los trozos, aunque antag\u00f3nicos, no son irreconciliables. Hacia el final del filme, la pluralidad vocal cede de nuevo el espacio a la explicaci\u00f3n omn\u00edmoda de Blanc \u2013para entonces mucho m\u00e1s agitado y fr\u00e1gil que el prieto y sagaz pensador de los primeros minutos\u2013, y volvemos a ser alumnos de un raciocinio cient\u00edfico imparable. En una pirueta, incluso, Blanc entronca con <strong>la hija menor de las historias de grandes detectives, la novela negra del siglo XX<\/strong>, en la que el agente del bien repara adem\u00e1s cierto orden social que se hab\u00eda quebrado. De forma algo problem\u00e1tica, el esclarecimiento de lo acontecido en la mansi\u00f3n sella tambi\u00e9n una mejora para el personaje de Ana de Armas, una inmigrante con un marcador racial discriminatorio en el que se insiste durante toda la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>El &#8216;whodunnit&#8217; de Rian Johnson se descubre, pasadas las que seguramente sean las mejores dos horas que se puedan echar en una sala de cine de aqu\u00ed a fin de a\u00f1o, como eso, un &#8216;whodunnit&#8217;; pero tambi\u00e9n como su heredero narrativo y como la sucesora bastarda de este a la vez. Porque <strong>la historia de detectives &#8216;como nunca se ha hecho antes&#8217; es, por definici\u00f3n, todo menos una historia de detectives<\/strong>; es la radicalidad m\u00e1s fiel a su etimolog\u00eda, a la exploraci\u00f3n de la &#8216;ra\u00edz&#8217; con los ojos del hoy. La admiraci\u00f3n honesta sin nostalgia, sin giros conservadores ni salmodias de meapilas sobre una edad dorada que no se podr\u00eda resucitar ni aunque se quisiera. Y todo esto estuvo delante de nuestras narices desde el principio, en un tr\u00e1iler huidizo que vend\u00eda todo lo que mostraba, pero que no mostraba todo lo que ten\u00eda por vender. Y yo, sin verlo venir. Y eso que me esperaba lo mejor.<\/p>\n<script type=\"text\/javascript\">\n\nvar addthis_config = {\"data_track_clickback\":false,\"data_track_addressbar\":false,\"data_track_textcopy\":false,\"ui_atversion\":\"300\"};\nvar addthis_product = 'wpp-3.1';\n<\/script><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s7.addthis.com\/js\/300\/addthis_widget.js#pubid=a321acb07f40401c9cfad9efe2fd3c2b\"><\/script>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me lo hab\u00eda advertido un buen amigo: &#8220;No es la pel\u00edcula que nos han vendido. No es lo que te esperas. Es mejor&#8221;. Aun as\u00ed, no supe verlo venir. 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