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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2022 17:29:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pachi Larrosa</dc:creator>
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<div id="attachment_1191" style="width: 331px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/38/2022/03/Imagen-1.png"><img aria-describedby="caption-attachment-1191" class="size-full wp-image-1191" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/38/2022/03/Imagen-1.png" alt="" width="321" height="417" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/38/2022/03/Imagen-1.png 321w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/38/2022/03/Imagen-1-231x300.png 231w" sizes="(max-width: 321px) 100vw, 321px"></a><p id="caption-attachment-1191" class="wp-caption-text">Mercadillo de los jueves, en Murcia</p></div>
<p>En su representación ideal del Estado Platón define el Estado-ciudad, la ‘polis’, como un espacio de congregación donde acuden las gentes entre otras cosas para intercambiar mercaderías, conformando así los mercados, cuya deriva contemporánea son los mercadillos, llamados así a los nómadas o itinerantes para diferenciarlos de los mercados fijos, con una infraestructura permanente como los mercados de abastos. Por lo tanto, la historia de los mercadillos se remonta a los primeros estadios de la organización económica de las civilizaciones humanas. El comercio, tal y como hoy lo entendemos, tiene su origen en la venta ambulante, que acabó concentrándose en lugares determinados en ferias y mercadillos.<br>
Hablando de Murcia, en 1266 el rey Alfonso X El sabio concede al concejo de Murcia un mercado semanal que debería celebrarse los jueves, que se sigue celebrando hoy en la avenida de la Fama. En una descripción que en 1908, publicó el periodista Martínez Tornel, y cuya referencia se la hemos tomado prestada al cronista oficial de Murcia Antonio Botías , se podía leer: «Todos los jueves, muy temprano, los caminos y las sendas que venían de la huerta y del campo de Cartagena, se atestaban de gente que con mulas, con carros o cargadas a sus espaldas, acarreaban sus diferentes mercancías». Hoy esos carros son furgonetas y las mulas han trocado en caballos de potencia de sus motores. Pero la esencia del mercado, siete siglos después sigue siendo la misma y una expresión, junto con la profusión de mercadillos cada día de la semana por todas las pedanías del municipio, de la simbiosis eterna (eso espero) entre la capital de la Región y su huerta.<br>
Pero hoy los mercadillos son mucho más. Cumpliendo con su primigenia condición, además de lugares de intercambio económico son espacios de socialización y manifestaciones de una forma de alimentación vinculada a la benéfica dieta mediterránea, y a unos hábitos alimentarios saludables, por desgracia, en franca decadencia. Desde este punto de vista, el mercadillo es la última barrera contra la globalización del gusto propiciada por las grandes cadenas de distribución, la industria alimentaria y la importación irresponsable de la ‘american way of life’ aplicada a nuestra forma de relacionarnos con la comida. Eso por no hablar de su condición de mecanismo de compra-venta ‘aligerada’ de intermediarios.<br>
Por eso creo que los mercadillos semanales, especialmente en esta región deberían recibir más atención de las administraciones e, incluso, estar protegidos. Si. Protegidos como muestras vivas del patrimonio cultural inmaterial. Para quien se extrañe de esta afirmación recordaré que en nuestro país se incluye desde hace años en el ámbito del patrimonio cultural la «identidad, cultura, tradiciones, memoria, ciencias, naturaleza y medio ambiente», en definitiva, lo que podemos llamar patrimonio etnográfico. Y de hecho parece evidente el componente etnográfico de los hábitos alimentarios y su historia como parte integrante de los hábitos generales de vida, de los usos y costumbres de cada generación. En la propia Ley para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, de 2015, se citan, entre los bienes a proteger «los usos sociales, los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y las técnicas artesanales tradicionales». En su capítulo 2 se incluye específicamente la «gastronomía, elaboraciones culinarias y la alimentación», así como «las formas de socialización colectiva». Blanco y en botella: mercadillos.<br>
La propia Ley de Patrimonio Cultural de la región de Murcia de 4/2007 establece que «El patrimonio etnográfico de la Región de Murcia está constituido por los bienes muebles, inmuebles e inmateriales, en los que se manifiesta la cultura tradicional y modos de vida propios de la Región de Murcia». Y al definir de qué bienes se está hablando, en el capítulo 2 se aclara: «A los efectos de la presente Ley se entiende por bienes inmateriales las instituciones, actividades, prácticas, usos, representaciones, costumbres, conocimientos, técnicas y otras manifestaciones que constituyan formas relevantes de expresión de la cultura de la Región de Murcia».<br>
Dotar a los espacios (siempre los mismos) que ocupan los mercadillos semanales de mejores condiciones tanto para vendedores como para visitantes –aparcamiento, servicios, áreas de descanso y zonas de sombra, medidas de seguridad y otros–, sería una vía para protegerlos. Otra, cargada de futuro, consistiría en aprovecharlos como recursos pedagógicos en las escuelas, llevando a los alumnos en grupos a sus puestos para que estos reconocieran productos, variedades, fueran capaces de vincular los alimentos que se encuentran en el plato con su origen en la naturaleza… Si se hacen excursiones a los museos, instalaciones y otros, no veo por qué no a estos lugares tan directamente vinculados con su alimentación y salud y, por tanto, su futuro.</p>
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