{"id":632,"date":"2019-06-03T21:19:48","date_gmt":"2019-06-03T19:19:48","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/elalmirez\/?p=632"},"modified":"2019-06-03T21:19:48","modified_gmt":"2019-06-03T19:19:48","slug":"adios-mama-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/elalmirez\/2019\/06\/03\/adios-mama-2\/","title":{"rendered":"Adi\u00f3s, mam\u00e1"},"content":{"rendered":"<p><strong>Las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n rompen el v\u00ednculo que asociaba nuestra infancia con la vida adulta mediante la comida<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/06\/Imagen-.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-full wp-image-641\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/06\/Imagen-.jpg\" alt=\"imagen\" width=\"423\" height=\"827\" \/><\/a>La cocina, al igual que los mitos, carece de autor y solo existe encarnada en una tradici\u00f3n\u00bb. La cita procede del libro \u2018El sabor de la tradici\u00f3n\u2019, de Mar\u00eda Cristina Carrillo. En principio la transmisi\u00f3n de conocimientos culinarios es oral y directa. Siguiendo con la publicaci\u00f3n mencionada, \u00abesto es importante porque fortalece la relaci\u00f3n entre las personas implicadas y solo all\u00ed hay un real entendimiento del proceso culinario\u00bb. La investigadora sostiene que las recetas escritas no sirven para nada si no se observa al mismo tiempo lo que se hace \u00aby se hace al mismo tiempo que se observa\u00bb.<\/p>\n<p>En esta transmisi\u00f3n ancestral de conocimientos entre generaciones el parentesco siempre fue clave. La elaboraci\u00f3n de un plato que luego va a ser ingerido ser\u00e1 ense\u00f1ado de padres a hijos y estos lo recibir\u00e1n con la confianza que da esa cercan\u00eda de sangre, en la absoluta seguridad de que redundar\u00e1 en su beneficio. De ah\u00ed la gran importancia de la figura materna (las mujeres casi siempre fueron las encargadas de la preparaci\u00f3n de los alimentos). Una madre nunca querr\u00e1 ning\u00fan mal para sus hijos, estos estar\u00e1n seguros con ella y ese bagaje de conocimientos que asegura la supervivencia y la salud debe ser transmitido a ellos para que contin\u00faen la tarea. Por eso, en edad adulta, muchos de nuestros recuerdos, revividos en determinados momentos en los que nos encontramos con un plato de nuestra infancia, nos devuelven placenteramente a un tiempo feliz y seguro, en el que est\u00e1bamos protegidos y no pesaban sobre nosotros responsabilidades. Por eso, en la famosa pel\u00edcula de animaci\u00f3n \u2018Ratatouille\u2019, cuando el cr\u00edtico Ego se enfrenta en un restaurante a un plato que le recuerda al que preparaba su madre en la infancia, revive aquellos felices momentos y pierde instant\u00e1neamente todas sus armas de adulto y de temible cr\u00edtico gastron\u00f3mico.<\/p>\n<p>En este sentido, los recetarios manuscritos por esas madres son un registro sincr\u00f3nico de un momento determinado, de una generaci\u00f3n. Resum\u00edan el bagaje culinario de siglos, en un proceso lento, de decantaci\u00f3n de conocimientos y pr\u00e1ctica. Ese mismo recetario, recogido por una hija era, a su vez, modificado con la pr\u00e1ctica, que ense\u00f1aba por su parte a la siguiente generaci\u00f3n, actualizando imperceptiblemente ese registro. Cada receta as\u00ed, es un paquete discreto de mensajes sobre la base de un c\u00f3digo compartido. Hoy, poni\u00e9ndonos \u2018tech\u2019, dir\u00edamos que una receta es un algoritmo, un conjunto de instrucciones ordenadas de manera l\u00f3gica destinado a la resoluci\u00f3n de un proceso con un resultado final previsto. El problema es que, en el caso de la cocina no basta con disponer de ese algoritmo para \u2018clavar\u2019 una receta, porque no solo estamos hablando de operaciones l\u00f3gicas o matem\u00e1ticas, sino tambi\u00e9n experienciales. No se puede llegar al final deseado si se carece de la experiencia previa de haber comido el plato realizado a partir de esa receta, sin haber visto c\u00f3mo se cocina.<\/p>\n<p>Tradicionalmente, las mujeres, cuando se casaban y deb\u00edan enfrentarse a la tarea de alimentar a una familia, part\u00edan de dos pilares: los recetarios recibidos \u2013y experimentados\u2013 con sus madres y la llamada telef\u00f3nica \u2018a mam\u00e1\u2019 para consultarle cualquier duda, una opci\u00f3n que siempre estaba a mano. Hoy, todo eso ha cambiado radicalmente. Los medios digitales no solo est\u00e1n transformando las formas de consumir informaci\u00f3n, lo est\u00e1n haciendo tambi\u00e9n con la manera de relacionarnos con la comida, la restauraci\u00f3n y la gastronom\u00eda. Un 29% de los usuarios de redes sociales comparten fotograf\u00edas de su comida a trav\u00e9s de la web. La red Instagram, concretamente, se ha convertido en el \u00e1gora por excelencia de los \u2018foodies\u2019 y en el espacio donde ha surgido un nuevo fen\u00f3meno: \u2018el food porn\u2019, el exhibicionismo gastron\u00f3mico. De hecho, en esta red, la etiqueta #food tiene m\u00e1s de 150 millones de publicaciones. Pero la universalizaci\u00f3n del entorno digital ha tra\u00eddo un fen\u00f3meno concreto poco analizado. Hoy, el 89% de los ciudadanos acuden a internet cuando quieren encontrar una receta. Los h\u00e1bitos de comprar un libro de cocina o de consultar a mam\u00e1 o a la abuela est\u00e1n desapareciendo. Seg\u00fan un estudio de Sopexa, agencia internacional de comunicaci\u00f3n en alimentos y bebidas, el 89% de la poblaci\u00f3n ya busca las recetas de cocina en Internet, un 62% en la prensa escrita y solo un 48% en familia y amigos. La correa de transmisi\u00f3n se ha roto, un caudal importante de ese conocimiento, de miles de matices, trucos, remedios, t\u00e9rminos, nombres\u2026. hiperlocales, se perder\u00e1, porque o bien no est\u00e1 escrito, y morir\u00e1 con las generaciones que se extingan, o bien porque los recetarios escritos no ser\u00e1n digitalizados.<\/p>\n<p>Y al dejar de consultar a mam\u00e1 y acudir a Internet, al igual que ocurre a nivel biol\u00f3gico, se perder\u00e1 un gran porcentaje de diversidad gastron\u00f3mica. Y, naturalmente, si se va perdiendo diversidad gastron\u00f3mica, en paralelo se ir\u00e1 perdiendo diversidad real, en cuanto a productos y especies vegetales y animales que dejar\u00e1n de ser demandados en las cocinas caseras.<\/p>\n<p>Se rompe, por tanto, la l\u00ednea de memoria que enlazaba nuestra infancia alimentada por las expertas manos de nuestras madres con los platos que comeremos como adultos, iremos perdiendo progresivamente el placer de la rememoraci\u00f3n, de la evocaci\u00f3n de sabores, aromas e im\u00e1genes \u00fanicos, singulares, vinculados a un tiempo y a un paisaje ya perdidos, ahora para siempre, porque ya no podremos probar ese guiso tal y como lo hac\u00eda nuestra madre, sino un remedo elaborado por un cocinero an\u00f3nimo en un blog cualquiera, o mucho peor, mucho m\u00e1s fr\u00edo, mucho m\u00e1s desvinculado de todo tiempo y espacio: por un bot.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n rompen el v\u00ednculo que asociaba nuestra infancia con la vida adulta mediante la comida La cocina, al igual que los mitos, carece de autor y solo existe encarnada en una tradici\u00f3n\u00bb. 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