{"id":69,"date":"2015-11-16T12:29:08","date_gmt":"2015-11-16T11:29:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/entierradenadie\/?p=69"},"modified":"2015-11-16T12:29:08","modified_gmt":"2015-11-16T11:29:08","slug":"el-miedo-es-egoista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/entierradenadie\/2015\/11\/16\/el-miedo-es-egoista\/","title":{"rendered":"El miedo es ego\u00edsta"},"content":{"rendered":"<p>Parad\u00f3jicamente, nada resulta tan previsible como las emociones primarias y m\u00e1s viscerales -entre ellas el miedo y el dolor. Tras los atentados de Par\u00eds, y despu\u00e9s de unas horas de unanimidad, los sentimientos se vuelven a dividir: no dejan de alzarse las voces que utilizan el &#8220;s\u00ed, pero&#8230;&#8221; para subrayar que aquellos que mueren en Siria, L\u00edbano, Indonesia, Irak&#8230; tambi\u00e9n son humanos y merecen la misma atenci\u00f3n y grado de duelo. Y tienen raz\u00f3n quienes as\u00ed se expresan. Pero se olvidan de un factor inherente a lo humano, y que jam\u00e1s nadie va a hacer desaparecer: el miedo es ego\u00edsta, un sentimiento estrictamente local, relativo, que se manifiesta cuando el espacio de seguridad y de comfort de cada individuo se ve vulnerado. Los europeos tienen miedo <em>solo <\/em>cuando un emblema europeo es atacado. Y eso no supone un defecto de f\u00e1brica de la mentalidad occidental: lo mismo sucede en el otro extremo del planeta cuando Europa es v\u00edctima de la violencia terrorista. No es una cuesti\u00f3n cultural, sino esencialmente humana. Para mal, en este caso. Pero fundamentalmente humana.<\/p>\n<p>Quienes cuestionan la intensidad y especificidad del dolor a prop\u00f3sito de estos atentados no logran comprender que no existen sentimientos universales -o por lo menos <em>aut\u00e9nticamente <\/em>universales. Deseos &#8220;prefabricados&#8221; como el de la &#8220;paz mundial&#8221; no encuentran una expresi\u00f3n correlativa aut\u00e9ntica en la experiencia diaria: la paz verdaderamente deseada, la que se siente a flor de piel, es la que ata\u00f1e al &#8220;entorno&#8221; vital, social y cultural. Cuando se desborda este radio de acci\u00f3n, el sentimiento veraz se transforma en discurso. Y, enti\u00e9ndase bien, no quiero decir que lo discursivo sea menos real y aut\u00e9ntico, pero supone una abstracci\u00f3n y un enfoque universal que el sentimiento de supervivencia no reconoce.<\/p>\n<p>Con esto no pretendo otra cosa que decir que aunque en este momento vivamos un dolor y un miedo marcadamente &#8220;europeos&#8221;, no por ello tales emociones resultan menos leg\u00edtimas y necesarias. Nadie va a sufrir por algo que sucede cerca de su casa con la misma intensidad con la que lo har\u00eda por algo que acontece fuera de su &#8220;per\u00edmetro de seguridad&#8221;. Y esto no supone traicionar la globalidad del problema. Las emociones y los discursos son realidades diferentes pero que deber\u00edan de resultar convergentes, solidarias entre s\u00ed. Pero remalquemos esto: ambas formas de reaccionar son igualmente &#8220;reales&#8221;, oportunas y leg\u00edtimas. El error est\u00e1 en utilizar los discursos contra las emociones. Porque, de esta manera, de un modo muy sutil pero cruel, se le resta legitimidad al miedo y al dolor y se relativiza algo que siempre, siempre constituye un absoluto: la muerte en general, y, m\u00e1s especificamente, aquella ocasionada por la depravaci\u00f3n terrorista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parad\u00f3jicamente, nada resulta tan previsible como las emociones primarias y m\u00e1s viscerales -entre ellas el miedo y el dolor. 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