{"id":363,"date":"2019-04-11T14:43:14","date_gmt":"2019-04-11T12:43:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/febandasrmurcia\/?p=363"},"modified":"2019-04-11T14:43:14","modified_gmt":"2019-04-11T12:43:14","slug":"mater-mea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/febandasrmurcia\/2019\/04\/11\/mater-mea\/","title":{"rendered":"Mater Mea"},"content":{"rendered":"<p>Es Viernes Santo. Primavera en Blanca. La luna de Nis\u00e1n ilumina la Pe\u00f1a Negra. El olor a incienso embriaga la madrugada, mezcl\u00e1ndose con el de azahar de la cercana huerta. Es noche de dolor. Es noche de derrota. Es Semana Santa.<\/p>\n<p>Cristo ha muerto y yace en las entra\u00f1as de la madre tierra. Desnudo. Entregado a los brazos del Padre. Por la puerta entreabierta de su costado se divisa el c\u00e1liz roto de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, Virgen de la Soledad llega a la plaza de la iglesia. Enlutada, rota, desconsolada. S\u00f3lo el llanto de un ni\u00f1o rompe el silencio de la noche.<\/p>\n<p>Mar\u00eda, primer sagrario de la humanidad, ejemplo y camino para llegar a Cristo, luz en nuestras tinieblas, compa\u00f1era de nuestras soledades, contempla y llora.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 magn\u00edfico momento, recordado cada a\u00f1o y guardado en el coraz\u00f3n de cada blanque\u00f1o durante tantas y tantas generaciones.<\/p>\n<p>La Madre ante su Hijo.<\/p>\n<p>Y en este calvario improvisado en que se convierte nuestra plaza est\u00e1n presentes Juan, el disc\u00edpulo amado, y Mar\u00eda Magdalena.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 bello momento y c\u00f3mo lo supo reflejar el compositor gallego Ricardo Dorado Janeiro all\u00e1 por el a\u00f1o 1962 en su marcha f\u00fanebre \u201cMater Mea\u201d.<\/p>\n<p>Autor de marchas militares, pasodobles, revistas y hasta \u00f3peras, es, con las de procesi\u00f3n, con las que alcanzar\u00eda su mayor \u00e9xito.<\/p>\n<p>Autor de \u201cCordero de Dios\u201d, \u201cOremos\u201d, \u201cSantos Lugares\u201d, \u201cHosanna\u201d o \u201cGetseman\u00ed\u201d. Todas m\u00e1s o menos conocidas, pero para los blanque\u00f1os, \u201cMater Mea\u201d.<\/p>\n<p>Ricardo Dorado (1907-1988) fue m\u00fasico militar. Comparti\u00f3 estudios con maestros de la talla de Manuel de Falla o Joaqu\u00edn Turina, dedic\u00e1ndose en la \u00faltima etapa de su vida a la ense\u00f1anza y composici\u00f3n. Falleci\u00f3 a la edad de 81 a\u00f1os en Madrid.<\/p>\n<p>En la revista digital de M\u00fasica de Semana Santa \u201cPatrimonio musical\u201d, Juan Antonio Barros J\u00f3dar describe as\u00ed la marcha \u201cMater Mea\u201d:<\/p>\n<p>El leit-motiv que vertebra toda la composici\u00f3n desde el primer comp\u00e1s hasta el final, es de una simplicidad asombrosa: un motivo construido sobre tres notas (los grados 5\u00ba, 6\u00ba y 4\u00ba de la tonalidad en modo menor), que giran en intervalos conjuntos sobre el eje de la dominante (5\u00ba grado). Lograr con tan elementales recursos un tema de tal carga emocional s\u00f3lo puede hacerlo un consumado maestro de la composici\u00f3n como es Dorado.<\/p>\n<p>La introducci\u00f3n, como decimos, est\u00e1 articulada en torno a ese elemental leit-motiv, y crea desde el primer comp\u00e1s una atm\u00f3sfera cargada de tensi\u00f3n dram\u00e1tica. La alternancia entre planos de diferentes din\u00e1micas sonoras no hace sino subrayar la tensi\u00f3n emocional, resuelta por una cadencia magistral que nos conduce al tema A.<\/p>\n<p>Dicho tema A no es m\u00e1s que un desarrollo l\u00f3gico del motivo inicial enunciado en la introducci\u00f3n. Merece la pena destacar la elegancia con que las llamadas de trombones y trompetas plantean su contrapunto a la melod\u00eda, y que le otorgan una cierta dimensi\u00f3n \u201c\u00e9pica\u201d. (Algo parecido observamos en la llamada introductoria de Mektub.)<\/p>\n<p>El tema B, en mayor, contrasta marcadamente con el tema anterior. Las tinieblas son deshechas por la irrupci\u00f3n de un c\u00e1lido haz de luz. El o\u00eddo encuentra el sosiego de una melod\u00eda acariciadora que nos seduce con su encanto y nos hace olvidar por un momento la conciencia del dolor. Pero el autor nos abisma de nuevo en el paisaje conmovedor del G\u00f3lgota, que es una met\u00e1fora de la desolaci\u00f3n humana: el tema A reaparece violentamente en \u201cfortissimo\u201d y nos arrastra con su poderoso magnetismo. Una posterior reexposici\u00f3n en &#8220;piano&#8221;, con las llamadas de trompetas y trombones, concluye inopinadamente en un brillante acorde en mayor.<\/p>\n<p>El tema C, tambi\u00e9n en menor, nos conmueve por su hondo patetismo. En \u00e9l parece flotar un sentimiento de amarga desesperanza. La transici\u00f3n final del mismo es sencillamente abrumadora. La obra, en una estructuraci\u00f3n c\u00edclica casi obsesiva, retorna una vez m\u00e1s al comienzo, en un generoso &#8220;da capo&#8221; en el que son reexpuestos completamente la introducci\u00f3n y los temas A y B, incluyendo la repetici\u00f3n subsiguiente del tema A, en &#8220;fortissimo&#8221; primero y luego en &#8220;piano&#8221;.<\/p>\n<p>La obra finaliza, en una circularidad perfecta, en la inesperada modulaci\u00f3n a mayor que antes se\u00f1alamos al final del tema C, y que act\u00faa como un eje de simetr\u00eda que sustenta la arquitectura asombrosa de esta obra.<\/p>\n<p>En resumen, una magn\u00edfica marcha que, en sus aproximadamente 6 minutos y medio, nos lleva a recordar esos momentos de dolor y angustia de una Madre ante el cuerpo muerto de su Hijo.<\/p>\n<p>Oda al gran maestro Ricardo Dorado.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio L\u00f3pez R\u00edos.<\/p>\n<script type=\"text\/javascript\">\n\nvar addthis_config = {\"data_track_clickback\":false,\"data_track_addressbar\":false,\"data_track_textcopy\":false,\"ui_atversion\":\"300\"};\nvar addthis_product = 'wpp-3.1';\n<\/script><script type=\"text\/javascript\" src=\"\/\/s7.addthis.com\/js\/300\/addthis_widget.js#pubid=112f3483c90ecf208d9ddb3794c68691\"><\/script>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es Viernes Santo. 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