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Javier Ballesta

Acuse de recibo

Y el ganador es…

Hace unos días hemos podido comprobar cómo debatir sobre el estado de la nación sirve para muy poco, o nada, según se mire. Los ciudadanos, una vez más pasan de este protocolario montaje que anualmente, en vísperas de la vorágine veraniega, se nos viene sobre el calendario y, como si se tratase de cumplir plazos y fechas, los políticos se disputan la tribuna con ese ímpetu melodramático de estar cada uno en su papel. Dicen los afines que se intenta chequear aquellos problemas que son del país y, la mayoría -entre los que me cuento- tenemos la sensación de que estamos, una vez más, ante una película ya vista, con lo cual baja el interés y la motivación. Por lo pronto, según la encuesta que ha publicado el CIS, ninguno de los dos líderes políticos ganó el debate; más de un tercio lo afirmaba, aunque también el líder de la oposición tiene cierta subida, por aquello imagino del desgaste que tiene el ejecutivo de Zapatero .
Esta lógica de buscar al ganador y al vencido, no tiene mucho sentido, ni debiera tenerlo en un momento donde la preocupación de los españoles está al margen del congreso de los diputados está en la calle. Por ello, el dato más revelador de esta encuesta, es que cerca de un 70% dice que los debates de este tipo no tratan los temas que realmente preocupan hoy a los españoles, frente a un 25 que señala su interés. Sin duda, este hecho evidente de la no correspondencia entre la ciudadanía y sus políticos está haciendo que todos pierdan en relación a debatir sobre los problemas que tenemos, el sentido práctico y el modo de encajar las vicisitudes, para llegar a acuerdos.
Y es que ha pasado factura el sentir de indignación ciudadana, correspondido con o sin el 15-M, pero vivido desde un sentimiento de incertidumbre permanente que ha acampado entre muchos que cada vez más comprobamos cómo hay una separación de cuerpo y alma, en cuanto a la prioridad de lo que me preocupa, la vivencia que tengo del problema, cómo se vive y cómo se siente. Hasta ahora, la sinceridad y los sentimientos de rechazo se disimulaban, se ocultaban y hasta se omitían. Sin embargo en estos momentos la explosión interior es tan grande que la autoafirmación resplandece y no se esconde. Más allá de lo que nos pregonan y nos dicen, está el valor de nuestra iniciativa, la capacidad para desvelar las razones ocultas. Una autoafirmación que pide más respuestas ante los verdaderos problemas, como son el paro creciente entre los jóvenes formados con muchos años de estudios universitarios y los efectos negativos de tener que sobrevivir ante el desempleo que castiga a un país que ha vivido dentro de una burbuja aparente y que ha explotado de la manera más insólita. Ahora, más que nunca el verdadero debate está por celebrarse.

El blog de Javier Ballesta

Sobre el autor

Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Murcia. Columnista de La Verdad.


julio 2011
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