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	<title>La esquina dobladaActualidad &#8211; La esquina doblada</title>
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		<title>La libertad y la palabra</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Nov 2019 09:05:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Vox y el separatismo están de acuerdo en una cosa: quien no dice lo que quieren es el enemigo De todos los mensajes que nos ha lanzado a la cara este 10-N, hay uno que provoca escalofríos: el creciente apoyo recibido por quienes abogan por disparar al pianista, y con silenciador si puede ser. Que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3><strong>Vox y el separatismo están de acuerdo en una cosa: quien no dice lo que quieren es el enemigo</strong></h3>
<p><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-285" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/11/cranium.jpg" alt="" width="1280" height="640" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/11/cranium.jpg 1280w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/11/cranium-300x150.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/11/cranium-768x384.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/11/cranium-1024x512.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /></p>
<p>De todos los mensajes que nos ha lanzado a la cara este 10-N, hay uno que provoca escalofríos: el creciente apoyo recibido por quienes abogan por disparar al pianista, y con silenciador si puede ser. Que no se entere nadie. Las urnas han reforzado dos corrientes opuestas que convergen en su desprecio al derecho a informar y a ser informado. Trump lo exhibió como algo de lo que sentirse orgulloso y España lo ha adoptado a la velocidad a la que solo se contagian los vicios. Sería una temeridad ignorar el silbido de las balas sobre la música. Muestra una degradación democrática incipiente.</p>
<p>Los comicios trajeron el crecimiento simultáneo de Vox y el separatismo catalán, dos polos ideológicos opuestos con más similitudes de las que pueden aceptar. En primer lugar, a ambos les beneficia electoralmente el tsunami del otro. La confrontación los aúpa. Y cuando a un colectivo le conviene la gasolina y a otro el mechero, siempre es mala noticia. Por otro lado, unos y otros comparten un problema de visión que, desde un punto de vista oftalmológico, habría que catalogar como miopía. No ven bien de lejos. Diría que hay más dioptrías en el bando independentista porque la nitidez se les termina más cerca, pero el problema es el mismo. Los dos entienden el mundo como un círculo cerrado, solo que de distinto diámetro. Pasado el límite de su agudeza visual, ambos imaginan monstruos. Unos los dibujan como &#8216;menas&#8217; y otros como Estado. Aunque si hay que destacar algo en lo que realmente ambos convergen es en cómo han entendido la libertad de información.</p>
<p>Las imágenes de profesionales agredidos por los radicales en Cataluña no han dejado de ponerme los pelos de punta. A los zarandeos, escupitajos, lanzamientos de objetos e intimidaciones se sumó la pasada semana un básico en el armario de todo intolerante: la lista negra. Las calles de Barcelona amanecieron empapeladas con los rostros de varios profesionales a los que se señalaba como «terroristas de la información». Y de listas sabe también Vox, que vetó en los mismos días, casi de forma simultánea, a los compañeros de Prisa en sus actos, demostrando que los extremos se tocan. Durante la campaña también han amenazado con cerrar La Sexta entre constantes acusaciones de manipulación.</p>
<p>Hay quien piensa que tapando bocas apuntala razones. Las elecciones les han dado más fuerza y sería un error no otorgar a estas prácticas su verdadera dimensión. La libertad es como la palabra: si no se trabaja, se va perdiendo poco a poco.</p>
<p><a href="https://twitter.com/garciabastida">@garciabastida</a></p>
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		<title>Fe en la serendipia</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Nov 2019 10:20:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Guardo la esperanza de que los gobernantes actúen sobre el Mar Menor mientras buscan otra cosa Cuando ya no quedan motivos para creer, se abandona la razón y se abraza la esperanza. El deseo sustituye a los motivos y la fe, a la evidencia. Es un mecanismo de defensa como otro cualquiera. Y he de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Guardo la esperanza de que los gobernantes actúen sobre el Mar Menor mientras buscan otra cosa</strong></p>
<p>Cuando ya no quedan motivos para creer, se abandona la razón y se abraza la esperanza. El deseo sustituye a los motivos y la fe, a la evidencia. Es un mecanismo de defensa como otro cualquiera. Y he de reconocer que he empezado a experimentarlo con el Mar Menor. En ocasiones me veo dando la mano al optimismo infundado en lugar de a los argumentos. A estas alturas anda uno muy decepcionado. Las palabras de los responsables ni convencen ni alientan. La reacción política al desastre sigue siendo tan tibia y chulesca que resulta maleducada. Así que, una vez desechada la responsabilidad como motor del cambio, les confesaré que más de una vez he deseado que la solución llegue por accidente. Es decir, que mientras los políticos intentan otra cosa, acaben actuando de forma acertada sobre el Mar Menor. Y no es a la suerte a lo que me encomiendo exactamente, sino a la serendipia. Me explico, la Real Academia de la Lengua define la serendipia como el «hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual», un descubrimiento afortunado e inesperado que llega cuando en realidad se está buscando algo distinto. El término describe bastante bien nuestra errática forma de estar en el mundo: dándonos cabezazos aquí y allá, tropezando sin descanso y consiguiendo, muchas veces sin saber cómo, salir de un atolladero tras otro celebrando la victoria como si fuera fruto de nuestra pericia y no del azar.</p>
<p>Hemos dado con muchas cosas así. Con América, por ejemplo. O con la penicilina. Su descubridor, Alexander Flemming, llegó a ella tras observar el efecto que había tenido un moho sobre uno de sus cultivos de bacterias tras unas vacaciones. Los rayos X también surgieron por accidente: Wilhelm Röntgen experimentaba con rayos catódicos cuando dio con la primera radiografía. Y algo así le ocurrió también al químico Albert Hoffman, que buscaba un medicamento cuando inauguró el primer viaje psicotrópico por LSD. O a la farmacéutica Pfizer, que intentaba crear una pastilla contra la angina de pecho cuando obtuvo la viagra. La historia es una sucesión de resultados inesperados. Y a eso me encomiendo. Cruzo los dedos para que los responsables de la crisis ecológica del Mar Menor, mientras buscan otra cosa, por ejemplo evitar un castigo en las urnas, no ya en estas elecciones, sino en las próximas autonómicas, se vean tomando, de forma colateral y por pura serendipia, las medidas que requiere la laguna. Por conciencia ecológica ya hemos visto que no va a ser.</p>
<p><a href="https://twitter.com/garciabastida">@garciabastida</a></p>
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		<title>El día de La Mandrágora</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Oct 2019 06:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[La exhumación de los restos de Franco no tuvo nada que envidiar a la más disparatada ficción Presenciamos absortos el espectáculo entre vivas y loas. A muchos nos pilló desprevenidos el &#8216;show&#8217; en que se convirtió la exhumación del dictador cuya sombra ha teñido de gris la historia de este país. La televisión ametrallaba estampas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La exhumación de los restos de Franco no tuvo nada que envidiar a la más disparatada ficción</strong></p>
<p>Presenciamos absortos el espectáculo entre vivas y loas. A muchos nos pilló desprevenidos el &#8216;show&#8217; en que se convirtió la exhumación del dictador cuya sombra ha teñido de gris la historia de este país. La televisión ametrallaba estampas surrealistas en los huecos que dejaban los análisis de los tertulianos y pudimos ver, entre otras cosas, a un tipo bajito y ancho como un tanque gritar &#8216;viva Franco&#8217; como si cobrara por decibelio, embutido en una cazadora de cuero y con pinta de venir sin dormir de una concentración de fans de las motos &#8216;cruiser&#8217;. Le secundaban dos señores que tenían cara de haber visto perder a su equipo. Y seguimos a lo nuestro. Más tarde escuchamos a un camerunés de Vox, Bertrand Ndongo, todo un clásico ya en el panorama político español, muy indignado con la situación; y a Chen Xiangwei, un ciudadano chino que expresó su tremendo enfado por el traslado de los restos entre balbuceos debido a sus pobres nociones de castellano, pero que debe conocer lo suficiente el país como para haber llamado a su hijo como el dictador. Franco Chen, le puso. De lo poco que pudo decir el hombre, dedujimos que debía ser al menos tan franquista como chino y, a tenor de las imágenes, parecía bastante chino.</p>
<p>El país se asemejó por un instante a una canción de La Mandrágora, una sátira hiperbólica ideada por el fantasma del grupo musical con que Javier Krahe y Joaquín Sabina recorrieron los bares del Madrid de los primeros 80 ante un público que había perdido el miedo a la burla, que es la primera palada de tierra con la que se sepulta a las dictaduras. Concretamente recordó a &#8216;Adivina, adivinanza&#8217;, que narra en tono jocoso el sepelio del caudillo y por cuya letra desfila una disparatada comitiva fúnebre. No tuvo mucho que envidiarle la exhumación a aquella ficción. Vimos, por ejemplo, a gente haciéndose selfis con Tejero, reconvertido en héroe. Un hombre tan peligroso como atestiguan los agujeros de bala en el techo de nuestro Congreso de los Diputados.</p>
<p>Las imágenes que desgranó el día dejaron la sensación de que nos hubiéramos perdido algo. Como esas cajas de pizza que, hará cerca de un año, lanzó una cadena estadounidense con un peculiar mensaje de advertencia: «Abrir la caja antes de comer la pizza». A veces no conoces el motivo de las cosas pero intuyes que debe haber una buena historia detrás. El 24-O me dejó esa sensación con mucha gente. Tras sus comportamientos también hay una historia. Una muy agria que debían haber olvidado por completo los Franco cuando, en un forcejeo con la Policía, gritaron exasperados: «¡Esto es una dictadura!». Lo otro lo fue.</p>
<p><iframe loading="lazy" src="https://www.youtube.com/embed/ThKq-qiB2L8" width="100%" height="315" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p><a href="https://twitter.com/garciabastida">@garciabastida</a></p>
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		<title>La timidez de los árboles</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Oct 2019 06:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[La situación del Gobierno regional recuerda a un llamativo fenómeno botánico Existe un fenómeno en botánica que me tiene fascinado, empezando por su nombre y continuando por su descripción. Se llama timidez de los árboles y provoca que las hojas de sus copas eviten tocarse, dejando un dosel de aire que los mantiene individuos, una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La situación del Gobierno regional recuerda a un llamativo fenómeno botánico</strong></p>
<p><img loading="lazy" class="alignnone" src="https://static2.laverdad.es/www/multimedia/201910/22/media/cortadas/timidez-arboles-dag-peak-ko6C--624x385@La%20Verdad.jpg" alt="Foto: Dag Peak" width="624" height="385" /></p>
<p>Existe un fenómeno en botánica que me tiene fascinado, empezando por su nombre y continuando por su descripción. Se llama timidez de los árboles y provoca que las hojas de sus copas eviten tocarse, dejando un dosel de aire que los mantiene individuos, una grieta de luz de apenas unos centímetros que parece el resultado de un acuerdo tácito de reparto del espacio. De aquí para allá, yo; de allí para acá, tú. La ciencia lleva intentando responder a este extraño comportamiento desde los años 20. Algunos defienden que se trata de una forma de defensa respecto a las plagas vecinas, otros que ocurre por el rozamiento y la erosión de ramas y las hojas ante las sacudidas del viento. Hay quien lo achaca a una huida de la proyección de sombra del vecino.</p>
<p>Me maravilla tanto que he tenido que seguir leyendo sobre el tema, y he descubierto, por ejemplo, que ocurre solo en determinadas especies, mientras que otras, más despreocupadas por la identidad, prefieren mezclarse y dejar de ser árboles para volverse bosque.</p>
<p>En los últimos días, esas grietas en las copas de los árboles me han recordado a la situación actual del Gobierno regional. Algo debe tener que ver que hayamos escuchado -por primera vez en 25 años- que la Comunidad ha sido presa de «cierta dejadez» gestionando el Mar Menor con que la portavoz del Ejecutivo, que pronunció el &#8216;mea culpa&#8217;, pertenezca a Ciudadanos y no al PP, que ha gobernado en solitario durante los años de mayor degradación de la laguna. En torno a este asunto hemos asistido también a episodios tan llamativos como la comunicación epistolar de la vicepresidenta con López Miras o la advertencia del portavoz parlamentario naranja a los populares de que son «sus socios» pero no serán sus «cómplices».</p>
<p>La comunicación en torno al drama ambiental ha dejado en cuarentena la promesa de que este sería «un solo gobierno», y ha destapado la circulación subterránea de corrientes peligrosas para la estabilidad del pacto.</p>
<p>Si los periodistas fuéramos los científicos que estudian el fenómeno, deberíamos reconocer que tampoco nosotros nos ponemos de acuerdo sobre las causas, que no sabemos si los socios de Gobierno mantienen esa distancia mínima para evitar el contagio de las plagas del otro, si lo hacen por el desgaste que provoca la sacudida diaria de gobernar en comandita o si huyen de la sombra que proyecta el partido contiguo, intentando que el sol incida con mayor fuerza sobre las siglas propias de cara a la próxima cita electoral. Lo que todo el mundo puede ver es que están juntos pero no se tocan.</p>
<p><a href="https://twitter.com/garciabastida">@garciabastida</a></p>
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		<title>La ceguera</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2019 12:36:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_256" style="width: 1360px" class="wp-caption aligncenter"><img aria-describedby="caption-attachment-256" loading="lazy" class="size-full wp-image-256" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/09/vicens.jpg" alt="Foto: V. Vicéns" width="1350" height="900" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/09/vicens.jpg 1350w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/09/vicens-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/09/vicens-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/09/vicens-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1350px) 100vw, 1350px" /><p id="caption-attachment-256" class="wp-caption-text">Foto: V. Vicéns</p></div>
<p>Nos estamos quitando todavía el barro de los zapatos y -como escribía en este diario Alexia Salas- hasta del ánimo. Han sido unos días terribles y frenéticos en el mundo de las emergencias y también en el de los medios de comunicación. Hemos hecho todo lo posible por relatar con rigor e inmediatez los acontecimientos. Quién no se vio sobrepasado. En &#8216;La Verdad&#8217; iniciamos un directo en el que narramos lo más relevante de la &#8216;gota fría&#8217; para la población, recogiendo información en tiempo real de los innumerables canales por los que llega en situaciones como esta: redactores, corresponsales, fuentes oficiales, ciudadanos, redes sociales, mensajes de Whatsapp, llamadas telefónicas, correos electrónicos&#8230; Lo más difícil no es tener información, es ser capaz de filtrarla, cribarla y comunicar lo veraz y relevante, sin atosigar en momentos de pánico a quien necesita saber. </p>
<p>En paralelo a la riada que barrió la Región, discurría otra igual de peligrosa: <a href="https://www.laverdad.es/murcia/gota-fria-inunda-20190913185614-nt.html">la de los bulos</a>. Mensajes completamente falsos mil veces reenviados, retuiteados, compartidos. Ese otro torrente que acompaña al del agua también puede matar. Avasalla los teléfonos, desvía la atención de los afectados hacia el lugar equivocado, alarma, y entretiene a quien trata de informar, que se ve obligado dedicarle tiempo a las pistas falsas. Alguien puede tomar decisiones equivocadas en función de un engaño cuyo objetivo nunca seré capaz de comprender. Quién gana iniciando un bulo, y qué. El problema es de primer orden. Tan perjudicial es la falta de información como la confusión que generan estas noticias falsas mezcladas sin orden con otras importantes. </p>
<p>Los cerebros son como los ojos: se vuelven vulnerables tanto en el exceso como en el defecto. Nos quedamos ciegos en la oscuridad, pero también en el deslumbramiento. Paremos los destellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Twitter: <a href="https://twitter.com/garciabastida?s=17">@garciabastida</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Despedir a los glaciares</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Aug 2019 03:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Summertime blues]]></category>

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		<description><![CDATA[Se llenó el Cine Rex de Murcia, irónicamente, el día en que anunciaron su cierre. Nos encanta ensalzar aquello que hemos perdido. Las fotografías de las colas póstumas son ya historia de la ciudad. La improvisada ceremonia coincidió con otro adiós simbólico a más de 3.000 kilómetros de distancia. Concretamente en Islandia, donde se celebraba [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-248" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/08/colas-rex.jpg" alt="Cola, el lunes 19 de agosto, para ver la película 'Érase una vez en... Hollywood' en el Rex. :: Javier Carrión/AGM " width="624" height="385" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/08/colas-rex.jpg 624w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2019/08/colas-rex-300x185.jpg 300w" sizes="(max-width: 624px) 100vw, 624px" /></p>
<p>Se llenó el Cine Rex de Murcia, irónicamente, el día en que anunciaron su cierre. Nos encanta ensalzar aquello que hemos perdido. Las fotografías de las colas póstumas son ya historia de la ciudad. La improvisada ceremonia coincidió con otro adiós simbólico a más de 3.000 kilómetros de distancia. Concretamente en Islandia, donde se celebraba el primer funeral por un glaciar. Ahora, lo único que nos queda de &#8216;Ok&#8217; -que así se llamaba- es una placa conmemorativa. Del Cine Rex ya sabemos que al menos conservaremos el edificio. Los dos son vestigios de un abandono coral. No hay que olvidar que detrás de toda desaparición hay una intrincada colección de motivos.<br />
&#8216;Ok&#8217; fue declarado oficialmente muerto en 2014, cuando su masa de hielo dejó de tener movimiento. Siguiendo el mismo baremo podríamos datar la defunción del Rex muchos años antes del apagado definitivo de sus proyectores. A sus salas también les fue abandonando la cinética, y ya decía Dylan que quien no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo.<br />
Las desapariciones y la pena que estas nos generan pertenecen a ramas distintas. Las primeras tienen que ser de ciencias y las segundas, de letras. Al menos es lo que se deduce de que podamos contar las ausencias en números enteros, pero solo seamos capaces de cuantificar la tristeza que nos queda con palabras. Esta semana no he dejado de escuchar una canción de Jorge Drexler que las usa con la puntería habitual para pedir un deseo: «Que encontremos la manera de despedir a los glaciares». Con esta banda sonora en la cabeza he seguido el fuego intencionado de Canarias. Con ella también he sabido que el Amazonas acumula ya más de 72.000 incendios en lo que va de año. Seguro que muchos de los brasileños que votaron a Bolsonaro tras escucharle prometer que primaría la economía sobre la protección del medio ambiente también lamentan el humo negro, pero no tanto como para hacer presidente a su rival.<br />
No se trata de si las cosas nos importan, sino de si lo hacen lo suficiente. Lo que no se defiende, se pierde. Y luego solo nos queda el edificio, o una placa, o algo peor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Twitter: <a href="https://twitter.com/garciabastida?s=17">@garciabastida</a></p>
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		<title>Las líneas de la mano</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Aug 2019 04:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Summertime blues]]></category>

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		<description><![CDATA[Él venía acompañado de una chica griega que hablaba inglés como si fuera española, esto es, con todo el vocabulario y la gramática aprendidas, pero con la pronunciación mediterránea, que consiste en decir palabras anglosajonas como si las leyeras en tu idioma. Me resultó curioso porque ambos residen en Inglaterra. Hay raíces que no nos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Él venía acompañado de una chica griega que hablaba inglés como si fuera española, esto es, con todo el vocabulario y la gramática aprendidas, pero con la pronunciación mediterránea, que consiste en decir palabras anglosajonas como si las leyeras en tu idioma. Me resultó curioso porque ambos residen en Inglaterra. Hay raíces que no nos podemos quitar de encima. Por eso es tan fácil reconocer a un español, un italiano o un griego en cualquier parte del mundo.</p>
<p>Compartimos mesa y cervezas. Habían venido para unos días y estaban recorriendo la Región. Hablamos de lugares, de comidas, de la terrible situación de su país y del sino que persigue a los pueblos del Mediterráneo. Me acordé de algo que leí hace tiempo acerca del destino. Iba sobre una cirugía que se había popularizado en Japón para alterar el recorrido de las líneas de la mano. Al parecer algunos creen que así pueden cambiar su futuro. Pensaba en eso cuando otra ronda me sacó del viaje y me devolvió a la conversación. Entre que ella nos parecía española y que a ella le parecíamos griegos, todo se hacía bastante sencillo. Decía la chica que estaba muy sorprendida de lo similares que somos y de lo familiar que le había resultado todo lo que había visto. Había ido al Mar Menor y recorrido el Campo de Cartagena. Aseguraba que mientras iba en moto mirando los pueblos pasar, no paraba de decir: “Esto es Grecia, esto es Grecia”. Pero esto no era Grecia. Concluimos que esto era solo otra costa más bañada por el Mediterráneo, y que ese era el motivo de su sensación de estar en casa: un mar que ha sido un puente, una masa de agua que nos ha conectado durante siglos como un camino de ida y vuelta. Me he acordado de aquella charla varias veces estos días, viendo al Open Arms aguardar, con una demora cruel e innecesaria, la apertura de un puerto. Sus ocupantes se encontraron un mar distinto. Intentaban, como tantos, hacerle trampas al destino en unas pateras que son lo más parecido que tienen a la cirugía de las líneas de la mano. En ellas llegaron a este Mediterráneo que se parece cada vez más a un acantilado y menos a un puente.</p>
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		<title>Te lo estás perdiendo</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 10:05:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Summertime blues]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez celebramos el cumpleaños de Miguel sin Miguel. Es cierto que no fue elegante por nuestra parte, pero somos unos entusiastas. Lo pasamos tan bien que todavía se lo recordamos. Me ha venido a la memoria al pensar en la cantidad de gente que anda borrándose de sus propias vacaciones, igual que nuestro amigo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una vez celebramos el cumpleaños de Miguel sin Miguel. Es cierto que no fue elegante por nuestra parte, pero somos unos entusiastas. Lo pasamos tan bien que todavía se lo recordamos. Me ha venido a la memoria al pensar en la cantidad de gente que anda borrándose de sus propias vacaciones, igual que nuestro amigo &#8216;Mike&#8217; decidió ausentarse entonces de su fiesta de cumpleaños. Me refiero a esas personas que renuncian a vivirlo para poder contarlo, y cuya principal motivación para ir a un lugar parece ser la imagen resultante. Vas a cualquier sitio y ahí los tienes, posando, ensayando la misma foto veinte veces hasta que queda perfecta, saltando eufóricos como si festejaran algo durante los tres segundos escasos que dura el vídeo que subirán de inmediato. Luego, capturado el momento, el silencio: la fiesta de los ausentes, hipnotizados por el fogonazo mientras revisan sus pantallas.</p>
<p>La obsesión por lucir verano causa ceguera. Una mujer perdió la vida esta semana buscando el autobús de la película &#8216;Hacia rutas salvajes&#8217; en un bosque de Alaska. Quería una foto como la del cartel del filme. En 2010 otra murió persiguiendo lo mismo. Es solo un ejemplo. Este verano lo arrancamos con las instantáneas de algunos incautos bañándose en la hermosa disolución de wolframio del lago del Monte Neme, en Galicia, tan turquesa como tóxico. Todo por la imagen.</p>
<p>Toni Morrison narra, en su excelente novela &#8216;Jazz&#8217;, cómo los hombres y mujeres que se trasladaban a Nueva York a principios del siglo XX caían de inmediato presos de una extraña fascinación: la que les provocaba su idea de sí mismos en la gran ciudad. El embrujo llegaba a tal punto que se convertían en otros: ya no amaban a las personas, «sino la forma de ser de las personas en la ciudad». Más tarde, la autopercepción adquiría tanto protagonismo que ni reparaban en los demás. No es tan distinto de lo que vemos hoy en la mayor de las ciudades: internet. A veces asisto a la farsa de un desconocido que finge frente a la cámara de su &#8216;smartphone&#8217;, que abandona a su acompañante para revisar el móvil, o graba su canción preferida mientras se pierde el concierto. Entonces recuerdo esas páginas de &#8216;Jazz&#8217; y me sorprendo deseándole el bien secretamente. Ojalá te quedes sin batería. Y encuentres lo que tienes delante.</p>
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		<title>La Raya Azul</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Jul 2019 06:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Summertime blues]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos retábamos para llegar a la Raya Azul. Veraneábamos en Los Urrutias. Algunos de mis amigos iban a La Manga y otros a Águilas o a Mazarrón. Yo, a Los Urrutias; la playa a la que ahora sus vecinos quieren cambiar el nombre por Los Olvidados. Para ser honestos nunca hubo demasiado que hacer allí: [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nos retábamos para llegar a la Raya Azul. Veraneábamos en Los Urrutias. Algunos de mis amigos iban a La Manga y otros a Águilas o a Mazarrón. Yo, a Los Urrutias; la playa a la que ahora sus vecinos quieren cambiar el nombre por Los Olvidados. Para ser honestos nunca hubo demasiado que hacer allí: jugar a la pelota en la arena, tomar el sol y bañarte hasta que se te arrugaran los dedos. Tampoco pedíamos más. Cada año me montaba en el coche de mis padres rodeado de maletas y plantas con las mismas ganas de volver y ver pasar las tardes frente a lo único que de verdad importa en Los Urrutias: el mar. Esa rareza geográfica que, desde nuestra perspectiva, hacía flotar los edificios de La Manga sobre el horizonte. La otra cosa que nos gustaba mirar era la línea que dibujaba el agua a unos cien metros de la orilla, donde empezaban las algas. La llamábamos la Raya Azul, en parte porque éramos unos zoquetes cromáticos y, en parte, porque nos empeñábamos en ponerle nombre a todo. En realidad era más bien turquesa, o verde. Qué importa. Para los niños era el lugar en el que el fondo se oscurecía y se dejaba de hacer pie. La imaginación se disparaba. Entre los chavales era habitual retarse a ir a la Raya Azul como prueba de valentía. Años más tarde la situación empeoró y a aquella línea la subrayó otra -esta vez, amarilla- formada por las boyas de las redes antimedusas. Nosotros habíamos crecido, pero el peligro también, así que el lugar al que daba miedo llegar seguía siendo el mismo.</p>
<p>El pasado jueves los vecinos de Los Urrutias protestaron por la razón por la que lo hacen todos los años: el estado de la playa. Ese día los servicios municipales limpiaron la arena. Nada que hacer con los lodos en los primeros metros de baño. Entre abril y octubre no los pueden tocar por criterios medioambientales. Entre noviembre y marzo, suponemos que por mala memoria. Y eso se suma a que el agua sigue tratando de recuperarse del peor episodio de su historia, cuando en 2016 el Mar Menor tocó fondo y se convirtió en &#8216;sopa verde&#8217;. Fue el verano en que descubrimos que lo que nos daría miedo ya no sería nunca más la Raya Azul, sino dejar de verla.</p>
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		<title>Marica</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jul 2019 06:33:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se le gritaba con desprecio al que se hacía daño y se le lanzaba por la espalda al que huía o al que lloraba con razón o sin ella. También servía para empujar a alguien a hacer lo que no quería o para denominar al niño que prefería jugar con las niñas. Ya casi no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se le gritaba con desprecio al que se hacía daño y se le lanzaba por la espalda al que huía o al que lloraba con razón o sin ella. También servía para empujar a alguien a hacer lo que no quería o para denominar al niño que prefería jugar con las niñas. Ya casi no se escucha. Antes era más fácil. En los patios de colegio, &#8216;marica&#8217; era el sinónimo más ofensivo de cobarde. Supongo que eso fue mucho antes de que los maestros nos adoctrinasen, porque lo cierto es que poco a poco fui dejando de oírselo decir a los críos. El otro día lo chilló uno en la playa y fue como encontrar un celuloide antiguo.</p>
<p>Cuando yo era uno de ellos, también tuve un maestro. Y debo reconocer que nos fue cambiando. El profesor modificó y moldeó nuestra conducta y probablemente la de los alumnos de otras muchas clases antes y después de la mía. Por supuesto nos enseñó algo de Matemáticas y algo de Lengua; los nombres de los ríos. Nos enseñó a compartir los lápices y a no clavárselos al de al lado, a colgar el abrigo en lugar de dejarlo en la silla y a no pasar los paraguas mojados a una habitación seca. También pudimos saber por sus palabras lo deliciosa que estaba la panceta de cerdo a la brasa y asuntos más triviales. Él hablaba mucho y nosotros lo escuchábamos todo. A esas edades todavía escucha uno más que habla. El caso es que, entre lección y lección, aquel maestro siempre dejaba caer algo que te llevabas a casa. Recuerdo, por ejemplo, el día en que nos pidió que le diéramos las gracias a quien nos hiciera la comida. Lo recuerdo porque fue el primero en que se las di a mi madre. También tengo en la memoria cómo insistió en que le dijésemos que estaba rica cada vez que nos lo pareciera. Otro día nos enseñó a decir cobarde cuando quisiéramos decir cobarde. Y como esas, tantas cosas. La vida seguía y nosotros íbamos tomando nota. Yo aún no lo sabía, pero entre río y río, lo que aquel hombre nos estaba enseñando era respeto. Por el que tenía miedo y por el que corría despavorido, por los que preferían jugar con niñas y por los que se sentían diferentes. Va por él, y por todos los maestros que nos hicieron mejores.</p>
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<p style="text-align: right;">Twitter: <a href="https://twitter.com/garciabastida?s=17">@garciabastida</a></p>
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