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	<title>La esquina dobladaLiteratura &#8211; La esquina doblada</title>
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		<title>Dos poemas de Juan Gelman</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jan 2014 08:10:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LV</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan Gelman se marcha a los 83 años muy discreto, así como él escribía.  Dejó algunas palabras ordenadas para que cualquiera pudiera rescatarlas llegado el caso (¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,/ hasta aquí no?); algún poema incluso: Epitafio Un pájaro vivía en mí. Una flor viajaba en mi sangre. Mi corazón era [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_148" style="width: 239px" class="wp-caption alignright"><a href="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12/2014/01/GF0L44H1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-148" class=" wp-image-148" title="GF0L44H1" src="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12/2014/01/GF0L44H1.jpg" alt="" width="229" height="344" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2014/01/GF0L44H1.jpg 400w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/12/2014/01/GF0L44H1-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 229px) 100vw, 229px" /></a><p id="caption-attachment-148" class="wp-caption-text">Daniel Mordzinski / EFE</p></div>
<p>Juan Gelman <a href="http://www.laverdad.es/murcia/rc/20140115/cultura/fallece-poeta-argentino-juan-201401150201.html">se marcha a los 83 años</a> muy discreto, así como él escribía.  Dejó algunas palabras ordenadas para que cualquiera pudiera rescatarlas llegado el caso (<em>¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,/ hasta aquí no?</em>); algún poema incluso:</p>
<p style="padding-left: 60px;"><strong>Epitafio</strong></p>
<p style="padding-left: 60px;">Un pájaro vivía en mí.<br />
Una flor viajaba en mi sangre.<br />
Mi corazón era un violín.</p>
<p style="padding-left: 60px;">Quise o no quise. Pero a veces<br />
me quisieron. También a mí<br />
me alegraban: la primavera,<br />
las manos juntas, lo feliz.</p>
<p style="padding-left: 60px;">¡Digo que el hombre debe serlo!</p>
<p style="padding-left: 60px;">Aquí yace un pájaro.<br />
Una flor.<br />
Un violín.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, algunos de sus mejores poemas no tratan sobre la muerte, sino sobre lo extraño de estar vivo:</p>
<p style="padding-left: 60px;"><strong>Lluvia</strong></p>
<p style="padding-left: 60px;">Hoy llueve mucho, mucho,<br />
y pareciera que están lavando el mundo<br />
mi vecino de al lado mira la lluvia<br />
y piensa escribir una carta de amor<br />
una carta a la mujer que vive con él<br />
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él<br />
y se parece a su sombra<br />
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer<br />
entra a la casa por la ventana y no por la puerta<br />
por una puerta se entra a muchos sitios<br />
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,<br />
a todos los edificios del mundo<br />
pero no al mundo<br />
ni a una mujer<br />
ni al alma<br />
es decir<br />
a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así<br />
como hoy<br />
que llueve mucho<br />
y me cuesta escribir la palabra amor<br />
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa<br />
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran<br />
y cuándo<br />
y cómo<br />
pero el alma qué puede explicar<br />
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca<br />
palabras que naufragan<br />
palabras que no saben que hay sol porque nacen y<br />
mueren la misma noche en que amó<br />
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá<br />
como el silencio que hay entre dos rosas<br />
o como yo<br />
que escribo palabras para volver<br />
a mi vecino que mira la lluvia<br />
a la lluvia<br />
a mi corazón desterrado.</p>
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		<title>La revolución</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Oct 2010 22:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[La sociedad de la información ya estaba pidiendo a gritos un dispositivo como éste.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La sociedad de la información ya estaba pidiendo a gritos un dispositivo como éste.</p>
<p><object width="560" height="340"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/iwPj0qgvfIs?fs=1&#038;hl=es_ES&#038;rel=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="//www.youtube.com/v/iwPj0qgvfIs?fs=1&#038;hl=es_ES&#038;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="560" height="340"></embed></object></p>
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		<title>Tréboles por picas</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jan 2010 13:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Curiosidades]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[sociedad]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[Sabes que vas perdiendo cuando no tienes la certeza de ir ganando. Hay días que pasan por días mediocres que son en realidad auténticos días malos. Los días que se tuercen de verdad no te ofrecen un catálogo de derrotas, no te sirven una guerra que luchar, no te ofertan una tristeza, ni te ceden [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sabes que vas perdiendo cuando no tienes la certeza de ir ganando. Hay días que pasan por días mediocres que son en realidad auténticos días malos.</p>
<p>Los días que se tuercen de verdad <IMG style="width: 412px; height: 276px;" src="/la-esquina-doblada/files/picas.jpg" id="img_0" class="imgdcha">no te ofrecen un catálogo de derrotas, no te sirven una guerra que luchar, no te ofertan una tristeza, ni te ceden un desánimo verdadero. Cuando los días se tuercen de verdad, esperas, pero no ocurre nada.</p>
<p>Sé cuando tengo un día malo porque lo segundo que hago al levantarme es pensar en acostarme de nuevo, pero sobre todo sé cuando tengo un día malo porque lo primero en lo que pienso al levantarme no vuelvo a recordarlo en todo el día.</p>
<p>El valor de los recuerdos se mide por lo que los echas de menos cuando los olvidas, por la sensación de vacío absurda que queda dando vueltas sin que ni siquiera puedas recordar de dónde viene el murmullo. Todos tenemos un buen montón de huecos enormes, cosas que borra la memoria, imágenes que no podemos recordar y que, con su simple inexistencia, ejercen algún tipo de fuerza que nos agrieta.</p>
<p>La memoria es una materia frágil. Hay muchos estudios que lo demuestran, como el realizado por Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y la Universidad de Barcelona, que concluía que nuestro cerebro rellena los huecos con recuerdos falsos. El experimento era sencillo: planteaban una relación de palabras que tuviera un nexo común, por ejemplo que todas fueran relativas a mobiliario. Después preguntaban a los sujetos si la palabra ‘silla’ se encontraba entre ellas. Buena parte de ellos la recordaba perfectamente, pero la palabra silla nunca había estado ahí.</p>
<p>Hay un truco de magia parecido. Es un vídeo y eso lo hace aún más increíble. El mago muestra seis cartas y te pide que mires una y la recuerdes. Luego las retira y vuelve a mostrártelas quitando una. Magia. La tuya ya no está. Piensas: “¿Cómo lo ha sabido?”. En realidad, ninguna de las seis primeras cartas está ahí. Tardé cinco intentos en darme cuenta de que sólo eran parecidas. Te cambian tréboles por picas, rombos por corazones y caes en la trampa. Crees que la tuya ha desaparecido porque es la única a la que prestaste verdadera atención.</p>
<p>Ahora investigadores de la Universidad de Oxford han logrado introducir a moscas de la fruta recuerdos de malas experiencias que en realidad nunca sucedieron manipulando sus neuronas con haces de luz. Hay cosas que no deberíamos llegar a ser capaces de hacer. Es preferible que sigamos cargando con nuestros huecos y vacíos, que nadie logre nunca introducir tréboles en nuestro catálogo de picas. Al fin y al cabo, el único patrimonio duradero del que disponemos es la larga lista de cosas que vamos olvidando.</p>
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		<title>Días</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 11:48:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<post_tag><![CDATA[poesía]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Es el Día de la Poesía. No importa quién lo dice. Ni siquiera los poetas lo saben. Será porque hacen aviones de papel con los calendarios, y descubren que la vida va en serio demasiado tarde mientras sitúan sus cadáveres en posición correcta. Amanece completamente sábado, con un poco de niebla en los parabrisas y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es el <A href="http://www.laverdad.es/murcia/20090321/cultura/poesia-mano-primavera-20090321.html" title="http://www.laverdad.es/murcia/20090321/cultura/poesia-mano-primavera-20090321.html" id="link_0">Día de la Poesía</a>. No importa quién lo dice. Ni siquiera los poetas lo saben. Será porque hacen aviones de papel con los calendarios, y descubren que la vida va en serio demasiado tarde mientras sitúan sus cadáveres en posición correcta. </p>
<p>Amanece completamente sábado, con un poco de niebla en los parabrisas y una nube sobre la esquina del mapa del tiempo que nos cobija. </p>
<p>Cuando leo los diarios compruebo que no ha dejado de crecer el dolor en el mundo a treinta minutos por segundo, ni siquiera hoy. Si yo fuera Vallejo también estaría muerto. </p>
<p>Por lo demás, el día avanza sin ganas y sin poemarios en las manos de nadie, como viene siendo costumbre.   </p>
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		<title>Tokio no nos quiso nunca</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Feb 2009 01:30:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Mensaje urgente de la compañía. Al parecer mi hermana se ha suicidado con una escopeta de caza. Lo raro es que no recuerdo tener ninguna hermana. En casa se preguntan si asistiré al entierro. Yo me pregunto lo mismo. Tokio ya no nos quiere Ray Loriga No lo recuerdas, pero Tokio no nos quiso nunca; [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>Mensaje urgente de la compañía. Al parecer mi hermana se ha suicidado con una escopeta de caza. Lo raro es que no recuerdo tener ninguna hermana. En casa se </em><em>preguntan si asistiré al entierro. Yo me pregunto lo mismo</em>.</p>
<p>Tokio ya no nos quiere<em> </em><small><strong><br />
Ray Loriga</strong></small></p></blockquote>
<p>No lo recuerdas, pero Tokio no nos quiso nunca; la memoria es un plato que se sirve poco; los recuerdos son a veces un trofeo, la mayoría del tiempo un compañero de viaje con afición por las zancadillas.</p>
<p><A href="http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&#038;idPub=135142&#038;id=276613&#038;dis=1&#038;sec=1" title="http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&#038;idPub=135142&#038;id=276613&#038;dis=1&#038;sec=1" id="link_0">Hay un fármaco que borra los malos recuerdos</a>. La noticia me hiela los huesos. </p>
<p>Deduzco que si hemos llegado <IMG style="width: 235px; height: 322px;" src="/la-esquina-doblada/files/tokio-ya-no-nos-quiere.JPG" id="img_0" class="imgdcha">a tener una sustancia para solucionar casi cualquier cosa es, probablemente, porque casi cualquier cosa es susceptible de convertirse en un mal recuerdo.</p>
<p>He pensado en un libro que leí hace tiempo. </p>
<p>Yo acudía a la Biblioteca Regional y leía a Ray Loriga. Mis compañeros de universidad leían a Nietzsche o no leían a nadie. La media, por tanto, daba un resultado aceptable. En una de ésas encontré una edición de &#8216;Tokio ya no nos quiere&#8217; perdida en una de las baldas de la sección de &#8216;novela&#8217;. Cuando abrí el libro estaba repleto de anotaciones a mano y líneas subrayadas con fosforito. Pensé que cualquier novela capaz de provocar un subrayado merecía toda la atención y me la llevé.</p>
<p>&#8216;Tokio ya no nos quiere&#8217; es una novela en primera persona que cuenta las vivencias de un vendedor de olvido. </p>
<p>En un ambiente futurista en el que las drogas se han sofisticado y especializado, el protagonista comercia con erosivos de la memoria. Se pasea por medio planeta con un maletín repleto de sustancias capaces de hacer olvidar a un hijo muerto o a un amor demasiado doloroso.</p>
<p>El protagonista, por supuesto, cae en la tentación en repetidas ocasiones y consume parte de su propia mercancía.</p>
<p>Es probablemente mi libro favorito. Y no hablo sólo de la novela, sino también del soporte físico. El &#8216;Tokio ya no nos quiere&#8217; de la Regional es mucho mejor que cualquier otro.</p>
<p>Lo que me gusta de ese ejemplar en concreto es la guerra que parece librarse entre su contenido y su continente; el choque entre la memoria de sus páginas, marcadas en su viaje de mano en mano, y el olvido de sus palabras.</p>
<p>Ahora una píldora promete borrar los malos recuerdos. </p>
<p>Es de esperar que veamos un adelgazamiento considerable en las autobiografías de aquí en adelante.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Decir</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2008 20:15:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Retratos de ciudad]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno de los dos da un paso hacia atrás. No importa quién. Siempre hay uno que da el primer paso hacia atrás, igual que siempre hay alguien que tiene que dar el primero hacia adelante. Si coincide el paso hacia adelante de alguien con el paso atrás del de enfrente, se convierte en una absurda [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los dos da un paso hacia atrás. No importa quién. Siempre hay uno que da el primer paso hacia atrás, igual que siempre hay alguien que tiene que dar el primero hacia adelante. Si coincide el paso hacia adelante de alguien con el paso atrás del de enfrente, se convierte en una absurda coreografía del desencuentro. Ambos quedan a idéntica distancia que antes del movimiento, como un niño que intenta subir la escalera mecánica por el lado equivocado. </p>
<p>Se despiden. En la lejanía, uno de los dos gira la cabeza. En principio tampoco es importante, pero un giro de cabeza es la confirmación gestual de haber querido decir algo que no has dicho. Miro a ese uno con cierta simpatía. Forma parte del club de los que no saben callar y seguir adelante. Se lo he notado. </p>
<p><IMG style="width: 449px; height: 267px;" src="/la-esquina-doblada/files/2150120698_921d73eb6b.jpg" id="img_0" class="imgdcha">Hay a quien el silencio no le ocasiona el menor problema. Callar es una buena forma de no meterse en líos, y para fortuna de muchas personas, es una manera de enfocarlo que reporta muchos beneficios si tienes la conciencia dormida. Otros, por el contrario necesitan decir, escribir, mostrar. Podemos reconocerlos porque siempre pierden al póker haciendo muecas que delatan sus cartas, o porque llevan un cuaderno lleno de anotaciones a todas partes. Es fácil identificarlos porque hablan más de la cuenta cuando todo está ya lo bastante claro y porque son los mismos que trastean el teléfono móvil de madrugada para enviar mensajes de los que se arrepentirán al día siguiente. A veces son los más callados los que más escriben y los que más veces giran la cabeza para no decir nada. Novelistas, poetas, plumillas, cuentistas, amateurs o asiduos al diario personal. De un tiempo a esta parte, la mayoría de ellos edita un blog. Es sólo una renovación formal de algo que ha existido siempre.</p>
<p>Leí hace unas semanas sobre los poderes terapéuticos de los blogs. Algunos expertos aseguran que la liberación de sentimientos y reflexiones en los blogs ayudan a la gente con problemas a sentirse mejor. Se han convertido en la válvula de escape del siglo XXI. Si hay algún ejemplo claro de que esto realmente funciona, eso es el <A href="http://blogs.laverdad.es/yotambientengocancer" title="http://blogs.laverdad.es/yotambientengocancer" id="link_0">blog</a>  vecino de Isabel Franco.</p>
<p>Por otra parte, no es difícil encontrar blogs anónimos en los que cualquiera dice lo que siempre quiso decir y no pudo, blogs personales en los que disparar al aire hace olvidar los malos ratos, o blogs —ésta es una tendencia al alza— donde propagar opiniones políticas sin sustento cuando los amigos ya no quieren volver a escucharlas.</p>
<p>En realidad, la mayoría de los blogs son un patito de goma flotando en algo parecido al Pacífico. </p>
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		<title>10 kilómetros</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Aug 2008 09:43:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Retratos de ciudad]]></category>
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		<description><![CDATA[Llevo todo el verano mirándome la punta de los pies porque hace un par de meses leí que nos movemos en un radio de menos de 10 kilómetros en el día a día. Era la conclusión de un estudio publicado por la prestigiosa revista Nature. Los investigadores habían analizado a 100.000 ciudadanos de Reino Unido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12" id="img_0" class="imgdcha">Llevo todo el verano mirándome la punta de los pies porque hace un par de meses leí que nos movemos en un radio de menos de 10 kilómetros en el día a día. Era la conclusión de un estudio publicado por la prestigiosa revista Nature. Los investigadores habían analizado a 100.000 ciudadanos de Reino Unido rastreando la señal de sus teléfonos móviles; y habían descubierto que en tres meses era posible conocer los patrones de movimiento de casi cualquier individuo y que estos no solían ser muy amplios en el espacio.</p>
<p>Llevo todo el verano, como digo, mirándome la punta de los zapatos sólo para ver si tenían razón, pero me temo que actuar como mi propio observador me condiciona, y es posible que me haya movido más de la cuenta sólo para dibujarle un pico a la estadística.</p>
<p>Decían los investigadores que en casi todos los casos es posible reducir a 4 ó 5 rutas repetitivas todos nuestros movimientos. La justificación la tenían clara: el puesto de trabajo, que obliga y ancla nuestras tentativas de huida.</p>
<p>La duda es entonces qué pasaría si nos soltasen la correa en la que nos escudamos para justificar nuestra falta de kilometraje. Sería terrible para nuestra propia autoestima descubrir que la esquina de al lado sigue siendo nuestro lugar preferido. Nos costaría asumir que además de ser animales de costumbres, lo somos también de corto alcance.</p>
<p>Ahora estará pensando el lector que él mismo es la excepción. Tal vez esté lejos de su lugar de trabajo, veraneando. La pregunta es si veranea en el lugar de siempre, o en el caso de que la respuesta sea negativa, cuánto se mueve una vez llegado a destino.</p>
<p>Es habitual que las mentes y los cuerpos vayan por caminos distintos. Las mentes hacen más kilómetros, claro, miles de kilómetros más que los cuerpos. </p>
<p>Nuestra cabeza siempre habrá ido y vuelto de más sitios.</p>
<p>Luego llega la mañana, te levantas; y vas por el mismo camino al mismo lugar; y llega la noche y esquivas los mismos obstáculos por las mismas aceras para llegar y sentarte en la mesa de ayer.</p>
<p>La rutina es el par de zapatos más cómodo del armario. Pero cada cual elige el que se pone finalmente. Lo ideal, digo yo, debe ser no atarse mucho los cordones.</p>
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		<title>Orwell no tenía ni idea</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Jul 2008 10:57:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[vigilancia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[youtube]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[La videocámara, ese invento del demonio, esa miniatura que captura nuestras almas. Observo cómo cada cierto tiempo se reabre el debate sobre la privacidad y el derecho a la intimidad coincidiendo con la instalación de cámaras de vigilancia en tal o cual sitio. Suele acompañarse la información de la obligada cita al Gran Hermano de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><IMG src="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12" id="img_0" class="imgdcha" height="222" width="307">La videocámara, ese invento del demonio, esa miniatura que captura nuestras almas. Observo cómo cada cierto tiempo se reabre el debate sobre la privacidad y el derecho a la intimidad coincidiendo con la instalación de cámaras de vigilancia en tal o cual sitio. Suele acompañarse la información de la obligada cita al Gran Hermano de George Orwell.</p>
<p>Sin embargo, no suele generarse la misma polémica ante la proliferación de las cámaras que vienen incrustadas en los teléfonos móviles. Ésas se han colado de la noche a la mañana en nuestras calles sin que nadie sintiera el menor ataque a su privacidad. Ahora están por todas partes.</p>
<p>Esta semana supimos de la primera sanción impuesta por publicar imágenes de la calle en Youtube a unos vecinos de Madrid que pretendían denunciar la práctica de la prostitución en su zona. Para ello no dudaban en colgar vídeos del tránsito peatonal. </p>
<p>Los lugares que cuentan con videovigilancia deben ser señalizados. Sin embargo, a día de hoy, cualquiera lleva su propia videocámara en el bolsillo sin tener que avisar nada de nada.</p>
<p>Si combinamos esto con la difusión que ofrece un servicio como Youtube a cualquier idiota, tenemos un cóctel bastante peligroso. Se multiplican en Internet las grabaciones de agresiones, de gamberrismo sin sentido, y los planos de escotes y minifaldas robados.</p>
<p>No es un problema local. En Japón, para evitar la proliferación del uso indebido de estas cámaras, todos los teléfonos a la venta emiten un fuerte sonido de obturador al capturar cualquier imagen para que pueda ser detectado, y no hay forma (legal) de silenciarlo. </p>
<div>
</div>
<div>Las zonas de sombra son cada vez menos y la publicación de imágenes de forma indiscriminada en Internet no parece que vaya a disminuir. Orwell no tenía ni idea. Va a ser peor de lo que él pensaba. No nos vigilan, nos vigilamos.</div>
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		<title>Cuéntame tu vida</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Apr 2008 08:29:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<post_tag><![CDATA[biografia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[palabras]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[seis]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Llevo unos días pensando en mi biografía en seis palabras. Ando embobado, muevo el café y subo escaleras haciendo resúmenes imaginarios. Conduzco y pienso en qué me gustaría que quedara de mi vida si tuviera que contarla en seis palabras. Escucho cláxones tras de mí mientras ignoro los semáforos en verde y pienso en mi [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo unos días pensando en mi biografía en seis palabras. Ando embobado, muevo el café y subo escaleras haciendo resúmenes imaginarios. Conduzco y pienso en qué me gustaría que quedara de mi vida si tuviera que contarla en seis palabras. Escucho cláxones tras de mí mientras ignoro los semáforos en verde y pienso en mi vida en seis escuetas palabras.<br />
Puede parecer estúpido, pero no se me ocurrió a mí. </p>
<p>Si os preguntáis por qué demonios iba a querer alguien contar su vida en seis palabras, diré que todo viene de la fascinante historia que ha llevado a un libro escrito por miles de personas a la lista de los más vendidos en <em>The New York Times</em>.</p>
<p>Todo empezó casi como una broma: la <A href="http://www.smithmag.net/" title="http://www.smithmag.net" id="link_0">revista electrónica Smith</a>  propuso a sus lectores escribir su biografía en seis palabras. </p>
<p>La idea surgió de un cuento tan breve como helador de Ernest Hemingway: &#8220;Rebaja: zapatos de bebé, sin estrenar&#8221;.<IMG style="width: 377px; height: 285px;" src="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12" id="img_0" class="imgdcha"></p>
<p>Cuando se abrió a los usuarios aquel espacio en el que esquematizar sus vidas, nadie pensó que fuera a tener tanto éxito. </p>
<p>Ahora todas las aportaciones han sido editadas en un libro que está alcanzando unas cifras de ventas sorprendentes en Estados Unidos.</p>
<p>Entre sus tapas podemos encontrar biografías realmente curiosas, algunas inteligentes, otras, simplemente gamberras. He recopilado algunas de ellas tras darme una vuelta por internet; van desde el pesimista &#8220;Asustado de morir, aterrorizado de vivir&#8221;, al autocompasivo &#8220;Mi vida, un capítulo de Seinfeld&#8221;, pasando por un resignado &#8220;Nacido en California, después nada pasó&#8221;, o un romántico &#8220;Yo sigo haciendo café para dos&#8221;.</p>
<p>Supuse que muchos podríamos enmarcar nuestra vida dentro de algunas de ellas. Los <em>peterpanes</em> seguro que encontrarían consuelo en la empecinada &#8220;Nacimiento, infancia, adolescencia, adolescencia, adolescencia, adolescencia&#8221;.</p>
<p>Pero si tuviera que quedarme con alguna de las que he podido leer, elegiría sin dudar la de un hombre que ha logrado condensar la magnitud de una tristeza en toda su extensión:</p>
<p> &#8220;Cincuenta años; existencia de Dios improbable&#8221;.</p>
<p>Yo sigo pensando en mi vida en seis palabras. Supongo que podría acercarse a esto: </p>
<p>&#8220;Lo intenté. Y estuve a punto&#8221;.</p>
<p>Si os regalo seis palabras, ¿cuál sería vuestra biografía?</p>
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		<title>Las alas de Saint-Exupéry</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Mar 2008 00:37:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rubén García Bastida</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[depredadores]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[derribo]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[El zorro se calló y miró un buen rato al principito: -Por favor&#8230; domestícame -le dijo. -Bien quisiera -le respondió el principito- pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas. -Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El zorro se calló y miró un buen rato al principito:<br />
    -Por favor&#8230; domestícame -le dijo.<br />
    -Bien quisiera -le respondió el principito- pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.<br />
    -Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!<br />
    -¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.<br />
    -Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca&#8230;<br />
<strong>Antoine De Saint-Exupéry. El Principito. </strong>
</p></blockquote>
<p>Las caídas son siempre tristes, casi desde cualquier altura, casi de cualquier cosa. Cuando tenemos noticia de alguna, hay algo que se activa en nosotros, una alerta, una alarma irritante, como si nos sintiéramos amenazados al recibir el periódico recordatorio de que la gravedad sigue ganándonos a los puntos.<br />
Son tristes las caídas accidentales, pero más tristes, los derribos: esa traición, ese juego sucio. Al fin y al cabo, lo único que uno espera cuando se dispone a luchar contra la gravedad, es que sea una lucha limpia, sin intermediarios ni interferencias, sin disparos y sin zancadillas.<br />
En el año 1944 Saint-Exupéry desapareció a los mandos de un &#8216;Lightning 38&#8217;. <IMG src="/la-esquina-doblada/wp-content/uploads/sites/12" id="img_0" class="imgdcha" height="207" width="286"><br />
Hasta el año 2000 no volvió a haber noticias. Fue entonces cuando el fuselaje de un &#8216;Lightning 38&#8217; apareció en la bahía de Marsella. Cuatro años más tarde se confirmaba que aquella pieza pertenecía al avión del escritor.<br />
Nadie sabía muy bien qué hacía en la bahía de Marsella el fuselaje del avión de Saint-Exupéry. El autor de &#8216;El principito&#8217; podía haber tenido una avería, un error de pilotaje. Barajaron la posibilidad del suicidio, de un golpe de viento inesperado, pero él era un piloto demasiado experimentado.<br />
Apareció en la prensa: &#8216;Hallan restos del avión de Saint-Exupéry&#8217;. Desde entonces, un alemán &#8211;que a día de hoy cuenta con 88 años&#8211; ha estado esperando a que alguien llamara a su puerta y le preguntara por lo sucedido.<br />
Sabía que cualquier día de estos tenía que pasar. Y ocurrió. Cuando llamaron a su puerta no se hizo de rogar: <A href="http://www.laverdad.es/murcia/20080315/cultura/aviador-aleman-reconcoe-derribo-200803151427.html" title="http://www.laverdad.es/murcia/20080315/cultura/aviador-aleman-reconcoe-derribo-200803151427.html" id="link_0">&#8220;Pueden dejar de buscar. Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry&#8221;</a> .<br />
&#8220;Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos&#8221;, aseguró el piloto alemán.<br />
Dio algunos detalles más. Sabemos por ejemplo que no disparó al fuselaje. Una vez se situó tras el aparato de Saint-Exupéry, apuntó donde más le duele a un poeta: a las alas.</p>
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