{"id":282,"date":"2019-11-06T11:20:02","date_gmt":"2019-11-06T10:20:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/la-esquina-doblada\/?p=282"},"modified":"2019-11-12T10:17:54","modified_gmt":"2019-11-12T09:17:54","slug":"fe-en-la-serendipia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/la-esquina-doblada\/2019\/11\/06\/fe-en-la-serendipia\/","title":{"rendered":"Fe en la serendipia"},"content":{"rendered":"<p><strong>Guardo la esperanza de que los gobernantes act\u00faen sobre el Mar Menor mientras buscan otra cosa<\/strong><\/p>\n<p>Cuando ya no quedan motivos para creer, se abandona la raz\u00f3n y se abraza la esperanza. El deseo sustituye a los motivos y la fe, a la evidencia. Es un mecanismo de defensa como otro cualquiera. Y he de reconocer que he empezado a experimentarlo con el Mar Menor. En ocasiones me veo dando la mano al optimismo infundado en lugar de a los argumentos. A estas alturas anda uno muy decepcionado. Las palabras de los responsables ni convencen ni alientan. La reacci\u00f3n pol\u00edtica al desastre sigue siendo tan tibia y chulesca que resulta maleducada. As\u00ed que, una vez desechada la responsabilidad como motor del cambio, les confesar\u00e9 que m\u00e1s de una vez he deseado que la soluci\u00f3n llegue por accidente. Es decir, que mientras los pol\u00edticos intentan otra cosa, acaben actuando de forma acertada sobre el Mar Menor. Y no es a la suerte a lo que me encomiendo exactamente, sino a la serendipia. Me explico, la Real Academia de la Lengua define la serendipia como el \u00abhallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual\u00bb, un descubrimiento afortunado e inesperado que llega cuando en realidad se est\u00e1 buscando algo distinto. El t\u00e9rmino describe bastante bien nuestra err\u00e1tica forma de estar en el mundo: d\u00e1ndonos cabezazos aqu\u00ed y all\u00e1, tropezando sin descanso y consiguiendo, muchas veces sin saber c\u00f3mo, salir de un atolladero tras otro celebrando la victoria como si fuera fruto de nuestra pericia y no del azar.<\/p>\n<p>Hemos dado con muchas cosas as\u00ed. Con Am\u00e9rica, por ejemplo. O con la penicilina. Su descubridor, Alexander Flemming, lleg\u00f3 a ella tras observar el efecto que hab\u00eda tenido un moho sobre uno de sus cultivos de bacterias tras unas vacaciones. Los rayos X tambi\u00e9n surgieron por accidente: Wilhelm R\u00f6ntgen experimentaba con rayos cat\u00f3dicos cuando dio con la primera radiograf\u00eda. Y algo as\u00ed le ocurri\u00f3 tambi\u00e9n al qu\u00edmico Albert Hoffman, que buscaba un medicamento cuando inaugur\u00f3 el primer viaje psicotr\u00f3pico por LSD. O a la farmac\u00e9utica Pfizer, que intentaba crear una pastilla contra la angina de pecho cuando obtuvo la viagra. La historia es una sucesi\u00f3n de resultados inesperados. Y a eso me encomiendo. Cruzo los dedos para que los responsables de la crisis ecol\u00f3gica del Mar Menor, mientras buscan otra cosa, por ejemplo evitar un castigo en las urnas, no ya en estas elecciones, sino en las pr\u00f3ximas auton\u00f3micas, se vean tomando, de forma colateral y por pura serendipia, las medidas que requiere la laguna. Por conciencia ecol\u00f3gica ya hemos visto que no va a ser.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/twitter.com\/garciabastida\">@garciabastida<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guardo la esperanza de que los gobernantes act\u00faen sobre el Mar Menor mientras buscan otra cosa Cuando ya no quedan motivos para creer, se abandona la raz\u00f3n y se abraza la esperanza. El deseo sustituye a los motivos y la fe, a la evidencia. 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