{"id":44,"date":"2009-02-01T14:16:52","date_gmt":"2009-02-01T14:16:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/la-esquina-doblada\/?p=44"},"modified":"2009-02-01T14:16:52","modified_gmt":"2009-02-01T14:16:52","slug":"tratado-las-cosas-rotas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/la-esquina-doblada\/2009\/02\/01\/tratado-las-cosas-rotas\/","title":{"rendered":"Tratado de las cosas rotas"},"content":{"rendered":"<p>Hay caras que llevamos en los genes; gestos surcados tan profundamente en nuestra epidermis que, llegado el momento, no podemos borrarlos ni con nuestra mejor actuaci\u00f3n, ni fingiendo con todas nuestras fuerzas. Son expresiones que se encuentran agazapadas en alguna parte, en algo mejor que la memoria, preparadas para salir a la superficie. Son parte de una naturaleza que nos supera.<\/p>\n<p>1.<\/p>\n<p><IMG src=\"\/la-esquina-doblada\/wp-content\/uploads\/sites\/12\" id=\"img_0\" class=\"imgdcha\" height=\"449\" width=\"338\">Eran tres. Llevaban, en una delgada bolsita de supermercado media vajilla. Caminaban por la calle con sus platos, sus tenedores y sus cuchillos de sierra. Hasta las cucharillas para el postre llevaban, dios sabe por qu\u00e9, en una endeble bolsa de pl\u00e1stico esos tres mientras caminaban por la calle.<\/p>\n<p>Yo estaba en el coche esperando a que el sem\u00e1foro se pusiera en verde. Me fije en ellos porque se mov\u00edan con dificultad. Deb\u00edan estar trasladando sus cosas a otro piso, supongo; haciendo una mudanza a pie.<br \/>\nPasaban a mi lado cuando la bolsa \u2014cualquiera habr\u00eda podido adivinarlo\u2014 se raj\u00f3 y dej\u00f3 caer al suelo toda la vajilla. Los platos se convirtieron en polvos de talco, y los tenedores saltaron, y hasta los cuchillos y las cucharillas para el postre saltaron tintineando en la acera.<\/p>\n<p>Se quedaron petrificados. Estaba claro que era absurdo intentar recoger todo aquello. Salvo los cubiertos, todo lo dem\u00e1s hab\u00eda quedado inservible.<br \/>\nEl sem\u00e1foro se puso en verde y aceler\u00e9. Desde la rotura de la bolsa hasta que arranqu\u00e9, debieron pasar unos quince segundos en que ninguno de ellos movi\u00f3 un m\u00fasculo.<br \/>\nLos dej\u00e9 atr\u00e1s, alrededor del improvisado <em>collage<\/em> de cer\u00e1mica. <\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>Hace un par de a\u00f1os, presenci\u00e9 un atropello en el centro de Murcia. A la altura de Centrofama, un coche gir\u00f3 la esquina y se llev\u00f3 por delante a un hombre de unos 50 a\u00f1os. Hab\u00eda demasiada gente alrededor. Los servicios de emergencia ven\u00edan de camino. El hombre estaba tumbado en el suelo, seguramente con varios huesos rotos. El conductor permanec\u00eda de espaldas, con las manos apoyadas en el cap\u00f3 del coche y la cabeza agachada. Estuvo as\u00ed hasta que me fui.<\/p>\n<p>3.<\/p>\n<p>No hace mucho, mientras fumaba en la ventana, presenci\u00e9 lo que a todas luces fue una discusi\u00f3n de pareja. Estaban en el interior de un coche y la energ\u00eda con la gesticulaban y mov\u00edan las manos les delataba. Ella baj\u00f3 del coche, dio un portazo y entr\u00f3 en un portal. Cuando termin\u00e9 el cigarro, \u00e9l segu\u00eda ah\u00ed sentado, con el motor encendido, la tristeza en la cara y la mirada perdida.<\/p>\n<p>Todos ten\u00edan la misma cara: las cejas levemente levantadas pero sin arrugar la frente, los ojos abiertos e inexpresivos, la boca cerrada pero con la mand\u00edbula lo suficientemente relajada para que los dientes no se tocaran. Es la cara que llevamos guardada en el m\u00e1s profundo de nuestros bolsillos, el gesto que espera su momento para brotar de forma inesperada como si lo hubi\u00e9ramos ensayado desde hace a\u00f1os, la cara que todos tenemos cuando nos damos cuenta de que lo hemos roto, y comprendemos que ya no tiene arreglo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay caras que llevamos en los genes; gestos surcados tan profundamente en nuestra epidermis que, llegado el momento, no podemos borrarlos ni con nuestra mejor actuaci\u00f3n, ni fingiendo con todas nuestras fuerzas. Son expresiones que se encuentran agazapadas en alguna parte, en algo mejor que la memoria, preparadas para salir a la superficie. 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