<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>La Murcia que no vemosArtículos en La Verdad &#8211; La Murcia que no vemos</title>
	<atom:link href="https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/category/articulos-en-la-verdad/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos</link>
	<description>Por Antonio Botías</description>
	<lastBuildDate>Mon, 29 Jun 2020 08:00:45 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Una segunda oleada de muerte</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/06/29/una-segunda-oleada-de-muerte/</link>
		<comments>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/06/29/una-segunda-oleada-de-muerte/#respond</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Jun 2020 08:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Botías</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en La Verdad]]></category>
		<post_tag><![CDATA[1918]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[diarios]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[grippe]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[hospital]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Murcia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pandemía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[rebrote]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[segunda oleada]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/?p=677</guid>
		<description><![CDATA[Cines y teatros cerrados, clases escolares y entierros suspendidos, familias enteras confinadas. Eso padecieron los murcianos de hace un siglo durante el rebrote de aquella epidemia de 1918, hoy tan conocida pues nos recuerda la actual. Cuando creyeron que lo peor había pasado, tras el verano llegó la terrible segunda oleada. Y fue un infierno. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cines y teatros cerrados, clases escolares y entierros suspendidos, familias enteras confinadas. Eso padecieron los murcianos de hace un siglo durante el rebrote de aquella epidemia de 1918, hoy tan conocida pues nos recuerda la actual. Cuando creyeron que lo peor había pasado, tras el verano llegó la terrible segunda oleada. Y fue un infierno.</p>
<p>El 16 de octubre de 1918 abría su portada el diario &#8216;El Liberal&#8217; con un enorme titular donde advertía de que la epidemia aumentaba en la ciudad de Murcia. Sin embargo, de la setentena larga de médicos que operaban en el municipio apenas veinte habían remitido los partes solicitados por la administración.</p>
<p>Los datos, sin duda parciales, establecían aquella semana que los contagiados en la capital ascendían a 63 vecinos, a quienes se sumaban otros 143 en la huerta y solo una decena en el campo. Pero ya debían de ser cientos. Las llamadas estufas de desinfección se instalaron en algunos puntos, entre ellos los hogares de varios empleados de Teléfonos que resultaron contagiados.</p>
<div class="voc-detail-summary">
<p>Murcia, a diferencia de Cartagena, no sometió a cuarentena a los viajeros del tren</p>
</div>
<p>Pese a todo, los murcianos aún no sabían a ciencia cierta la magnitud de la llamada «enfermedad reinante». De hecho, &#8216;El Liberal&#8217; denunciaba que «lo ignoramos, pues que nos parecen enormemente optimistas las &#8216;notas oficiosas&#8217; que expiden los centros públicos a la Prensa diaria».</p>
<p>Entre estos centros estaban, ni más ni menos, que los propios registros civiles de los juzgados. Entretanto, según el diario, no se obligaba a los hosteleros a desinfectar sus locales cada día, seguía empleándose papel de periódico para envolver los alimentos y tranvías y trenes, incluso los carruajes mortuorios, se usaban sin una posterior limpieza.</p>
<figure class="voc-inner-figure">
<div class="voc-height-auto"><img src="https://static1.laverdad.es/www/multimedia/202006/28/media/cortadas/151303091-k0cB--624x385@La%20Verdad.jpg" alt="La mortandad de la segunda oleada fue brutal, según este gráfico." /></div><figcaption class="figure-caption"><span class="voc-photo-caption">La mortandad de la segunda oleada fue brutal, según este gráfico.</span></figcaption></figure>
<p>Quizá lo más grave fue que Murcia, a diferencia de otras capitales como Cartagena, no abrió pabellones en su estación de trenes para que los viajeros fueran «reconocidos y fumigados» por los médicos.</p>
<p>«Al pueblo hay que decirle toda la verdad, mostrando los hechos ciertos», clamaba el redactor de &#8216;El Liberal&#8217;. Aunque el pueblo podía imaginar qué sucedía. Así, entre el 16 y el 17 de octubre fallecieron en la ciudad 31 personas.</p>
<figure class="voc-inner-figure">
<div class="voc-height-auto"><img src="https://static.laverdad.es/www/multimedia/202006/28/media/cortadas/151303090-k0cB--624x385@La%20Verdad.jpg" alt="Portada para la historia que marcó en octubre de 1918 el inicio del repunte de casos." /></div><figcaption class="figure-caption"><span class="voc-photo-caption">Portada para la historia que marcó en octubre de 1918 el inicio del repunte de casos.</span></figcaption></figure>
<p>Pero igual fueron más. &#8216;El Liberal&#8217; recordaba que, a partir del día 17, solo se contabilizarían aquellas muertes que estuvieran firmadas por médicos. El 20 de octubre se trasladó a la Patrona, la Virgen de la Fuensanta, desde su santuario a la Catedral.</p>
<h3>Se acabaron las misas</h3>
<p>Lo hicieron en el automóvil del senador Isidoro de la Cierva. Aunque la trajeron de incógnito, la noticia pronto se extendió y con ella la afluencia de fieles al templo, que colmaron hasta la bandera, y espolearon no pocos contagios.</p>
<p>El aumento en el número de fallecidos no frenó los cultos religiosos. Todas las parroquias celebraban el mes del rosario con misas cada tarde. El obispo animaba en una circular a acudir a las rogativas públicas que se celebraban en la Catedral.</p>
<p>El Ayuntamiento extremó entonces las prohibiciones. Los féretros de los fallecidos no podían entrar a las iglesias. Apenas podían detenerse unos segundos en sus atrios para recibir la bendición y seguir al cementerio. Las campanas no sonaban porque «ponen en alarma al vecindario». De igual forma, se redujeron todos los cultos.</p>
<p>Los cafés y restaurantes comenzaron a desinfectarse dos veces al día, so pena de graves multas; los vecinos tenían que barrer sus puertas y en los lavaderos se instalaron calderas de vapor para la ropa sucia. Sin embargo, el Consistorio se negó a suspender los mercados semanales. La gente tenía que comer.</p>
<p>Para empeorar la situación solo faltó que lloviera, lo que produjo un apagón general en la capital, aunque el río Segura no se desbordó. La falta de electricidad supuso un grave incordio para &#8216;El Liberal&#8217;, cuyas máquinas no podían «moverse a brazo». Así que solo pudieron imprimir una hoja en su edición del 23 de octubre.</p>
<p>Los mercados de la ciudad, en principio, no se vieron desabastecidos. Los puestos ofrecían una nutrida variedad de patatas y bajocas, cuando todavía así se llamaba a las judías, pimientos, cebollas, coles o berenjenas. Sin olvidar los melones del tiempo.</p>
<p>En la pescadería local, el 18 de octubre, podían adquirirse doradas, meros, salmonetes, emperador, sardinas o mújoles, entre otros pescados. Entretanto, en el Ayuntamiento, con el alcalde enfermo, se debatía el futuro del nombre de la calle Platería.</p>
<p>Algún concejal propuso el 9 de noviembre, solo dos días antes de que acabara la Primera Guerra Mundial, que tan señera vía fuera renombrada Triunfo de los Aliados. Y casi lo consigue, pues la votación se saldó con un empate y la moción se aplazó a otro Pleno.</p>
<p>Las peticiones a la Junta de Socorros se multiplicaban desde las pedanías, donde reclaman ayuda para los enfermos más pobres. Nadie sabe cuántos murcianos murieron.</p>
<p>A partir de la primera semana de noviembre decreció la epidemia. Aunque en Cartagena todavía quedaban 950 infectados y el día 8 de aquel mes fallecieron «catorce atacados de la enfermedad reinante», hubo 91 «nuevas invasiones y se dieron de alta por curación 118».</p>
<p>En la ciudad de Murcia apenas quedaban unos pocos casos aislados el día 15 «y las defunciones por gripe son ya muy contadas». En la huerta la incidencia era menor, pero aún colearía un largo año aquella epidemia que muchos confundieron con la fin del mundo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/06/29/una-segunda-oleada-de-muerte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>677</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Un trono apestoso para el cardenal Belluga</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/17/un-trono-apestoso-para-el-cardenal-belluga/</link>
		<comments>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/17/un-trono-apestoso-para-el-cardenal-belluga/#respond</comments>
		<pubDate>Sun, 17 May 2020 15:07:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Botías</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en La Verdad]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Antonio Botías]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[belluga]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cardenal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Floridablanca]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Levante agrario]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Línea]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Murcia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[plaza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[polémica]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Francisco]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[urinarios]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/?p=660</guid>
		<description><![CDATA[Al indomable cardenal Belluga, si hubiera conocido dónde querían asentar sus sagradas posaderas, se le hubiera puesto morado, como si de un obispo al uso se tratara, su distintivo solideo colorado. El solideo es un casquete de tela –pues así lo define el diccionario- que cubre la parte posterior de la cabeza. El enfado de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al indomable cardenal Belluga, si hubiera conocido dónde querían asentar sus sagradas posaderas, se le hubiera puesto morado, como si de un obispo al uso se tratara, su distintivo solideo colorado. El solideo es un casquete de tela –pues así lo define el diccionario- que cubre la parte posterior de la cabeza.</p>
<p>El enfado de su eminencia no sería gratuito. Porque después de fundar pueblos, sanear pantanos, levantar colegios, hospicios y hospitales, y tras liarse el manto a su ungida cabeza para defender Murcia en la célebre batalla del Huerto de las Bombas, un alcalde propuso levantarle su merecida estatua, ni más ni menos, que encima de un retrete público.</p>
<p><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTOPRINCIPAL.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-661 size-medium" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTOPRINCIPAL-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTOPRINCIPAL-224x300.jpg 224w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTOPRINCIPAL.jpg 603w" sizes="(max-width: 224px) 100vw, 224px" /></a></p>
<p>La cuestión fue tratada por la Corporación en la Comisión del 24 de enero de 1928. La iniciativa de construir unos urinarios en la plaza de Belluga enzarzó a los concejales en una acalorada discusión. No empezaba bien la cosa. De hecho, el diario Levante Agrario destacó al día siguiente que se había discutido “cerca de media hora el asunto de los evacuatorios”.<br />
Durante los meses siguientes se aprobaron otros proyectos similares enfrente de la Universidad, en el jardín de Floridablanca, en el Plano de San Francisco o en la plaza del Romea. Los de Belluga, que habrían de ser subterráneos, se aprobaron el 6 de junio de 1928, según consta en las actas municipales.</p>
<p><strong>Declaraciones inoportunas</strong><br />
El alcalde, Luis Fontes Pagán, ofreció a la prensa más detalles de la obra, sin sospechar siquiera que alimentaba un escándalo tan monumental como la proyectada estatua. Los evacuatorios tendrían 11 metros de longitud por 4,5 de ancho, conteniendo dos servicios: una para señoras y otro para caballeros. Los suelos, de mármol; las paredes, de azulejos blancos; y el techo de cristal. El coste ascendía a 36.000 pesetas de la época.</p>
<p>El diario La Verdad, en su edición del 26 de septiembre, criticó al primer edil por las obras de los mingitorios. De entrada, la reforma había precipitado “la desaparición de la fuente central” de la plaza. Aunque el auténtico bombazo periodístico fue anunciar la colocación sobre los urinarios, a modo de adorno, de una escultura del prelado.</p>
<p>La Verdad era tajante en su crónica: “A nuestro juicio, la figura excelsa del gran Cardenal del siglo XVIII merece tener otro asiento que el de una letrina”. Razones no le faltaban al redactor. Los nuevos urinarios instalados en Floridablanca, aún antes de ser inaugurados, ya se habían convertido en un foco de infecciones y suciedad pues “las costumbres sociales, íntimamente ligadas a la cultura y al progreso de la urbanidad, no se transforman en un día, ni en un lustro”. Vamos, que algunos murcianos habían estrenado los retretes sin molestarse a entrar en ellos.</p>
<p><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO3.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-662 size-large" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO3-419x1024.jpg" alt="" width="419" height="1024" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO3-419x1024.jpg 419w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO3-123x300.jpg 123w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO3.jpg 519w" sizes="(max-width: 419px) 100vw, 419px" /></a></p>
<p>El rotativo lamentaba que el Ayuntamiento hubiera demorado dos siglos el justo homenaje al cardenal para, al final, envolver la efigie del purpurado “en las emanaciones nada gratas de un evacuatorio infecto”. La Verdad, entretranto, recordó el anuncio de que el salón de plenos municipales, inaugurado tres años antes, atesoraría las esculturas de Belluga, Floridablanca, Salzillo y Saavedra Fajardo. Propuesta que luego quedó en nada.</p>
<p><strong>Si hiede, que hieda</strong><br />
El diario El Tiempo, por otro lado, se sumó a la discusión, que ya comenzaba a divertir a los vecinos del común. Y lo hizo en defensa del señor alcalde, aunque para ello tuvo que publicar argumentos increíbles. Así parece el afirmar que, en cuanto al decoro de esa base, “si se trata de emanaciones malolientes, […] no perderá con ello nada la figura del Purpurado, no se habrá cometido ninguna herejía contra el ornato”. Quizá sí contra el olfato, debieron pensar muchos.</p>
<p>El Tiempo solo reconocía un problema: quizá el público olvidara lo que había bajo el suelo para realizar ciertos menesteres arriba, como era frecuente en “las rinconadas de los templos y hasta en el mismo Palacio Episcopal”.</p>
<p>Enfado ‘consistorial’<br />
El enfado del alcalde crecía como el hedor en torno a los evacuatorios públicos. Hasta que estalló. Y lo hizo a través de una “Nota de la Alcaldía” publicada en todos los diarios de la ciudad. En ella arremetió contra La Verdad, a la que acusaba de emplear sus páginas para menoscabar la imagen de la Corporación. ¿Por qué? El director del periódico era Francisco Martínez García, exalcalde, y enzarzado con su sucesor en diversas polémicas municipales.</p>
<p><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO1.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft wp-image-663 size-medium" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO1-300x210.jpg" alt="" width="300" height="210" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO1-300x210.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTO1.jpg 723w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>Desde la Alcaldía se reconoció como cierta la idea de levantar una escultura a Belluga “y se pensó, naturalmente, en la plaza que lleva su nombre y en el centro del jardín”. Vamos, sobre los urinarios. Sin embargo, Fontes Pagán lamentaba que “la imaginación propicia del comentarista […] relaciona todo ello y da por levantada la estatua del Cardenal, sirviéndola de pedestal el evacuatorio”.</p>
<p>La contestación del rotativo también fue antológica. El redactor recuperó una antigua entrevista concedida por el alcalde al diario El Liberal. En ella anunciaba la construcción del evacuatorio, que sustituiría a la fuente, “siendo emplazado en su lugar un monumento al Cardenal Belluga”. Ahí quedó todo. La escultura, como es sabido, se ubicaría décadas más tarde en La Glorieta. Y su autor, Juan González Moreno, inmortalizó al cardenal aferrado a una gran espada. De haber vivido en 1928, sin lugar a dudas, con ella hubieran rodado cabezas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/17/un-trono-apestoso-para-el-cardenal-belluga/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>660</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>La enfermera &#8216;roja&#8217;que vino de Harlem</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/12/la-enfermera-rojaque-vino-de-harlem/</link>
		<comments>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/12/la-enfermera-rojaque-vino-de-harlem/#respond</comments>
		<pubDate>Tue, 12 May 2020 11:24:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Botías</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en La Verdad]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Brigadas Internacionales]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[enfermería]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[guerra Civil]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Harlem]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Merced]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Maristas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Salaria Kea]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/?p=650</guid>
		<description><![CDATA[Había que salvar a un soldado malherido; pero aquello no era, ciertamente, una novedad. Como tampoco a nadie sorprendía que ya no quedaran vendas o que el caño del agua ni goteara. Las linternas parpadeaban. Uno de los cirujanos le pidió a Salaria Kea, con la prudencia que requería conocer el carácter reaccionario de la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había que salvar a un soldado malherido; pero aquello no era, ciertamente, una novedad. Como tampoco a nadie sorprendía que ya no quedaran vendas o que el caño del agua ni goteara. Las linternas parpadeaban. Uno de los cirujanos le pidió a Salaria Kea, con la prudencia que requería conocer el carácter reaccionario de la enfermera, que llenara unas bolsas de agua caliente. Ella corrió por los pasillos sin luces, oscuros como su piel. Al comprobar que no había suministro y lo único caliente que quedaba en todo el hospital era una sopa sobre el fogón, no dudó en meterla en las bolsas. El soldado sobrevivió. Y lo más sorprendente es que acaso sus nietos estén leyendo hoy esta historia sin conocer quién fue Salaria Kea.<a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw.png"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-653" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw-300x217.png" alt="" width="300" height="217" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw-300x217.png 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw.png 587w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p><strong>Una mujer comprometida</strong></p>
<p>Salaria nació en Georgia, conocido como el estado del melocotón, al norte de Florida, en el año 1917. Su padre era un asistente de un hospital psiquiátrico, donde fue apuñalado cuando ella apenas era una niña. Junto a sus tres hermanos y su madre, la familia emigró a Ohio. Allí se convertiría en enfermera. Logró un empleo en la Escuela de Enfermería del hospital de Harlem.</p>
<p>Pronto comprendió que eran los negros quienes debían luchar por hacer valer sus derechos y adquirió cierta popularidad al encabezar una campaña contra la segregación racial. La joven enfermera también encabezó, en 1935, otra campaña para organizar la asistencia médica en Etiopia, tras ser invadida por Italia.</p>
<p>En 1936, Salaria Kea estaba convencida de que la igualdad se gana día a día, segundo a segundo. Pese a ello, quizá le costó digerir el desprecio que sintió al solicitar ser voluntaria de Cruz Roja. Las inundaciones habían devastado Ohio y la joven, ya experimentada enfermera, se dispuso a ayudar a los damnificados en cuanto pudiera. Sin embargo, fue rechazada. Como revelaría muchos años después, «la única razón, según se me dijo, es que mi piel causaría más problemas que lo que podría ayudar». Indignada regresó a Harlem, donde conoció a través de la prensa «la forma en que Alemania estaba tratando a los judíos&#8230; era como el Ku Klux Klan» y se enfureció «con las noticias de los bombardeos de Hitler contra los civiles españoles».</p>
<p><strong>El batallón Abraham Lincoln</strong></p>
<p>En 1937, Salaria se enroló en el Batallón Abraham Lincoln. Este batallón fue una organización de voluntarios estadounidenses, integrado por unidades de las Brigadas Internacionales que apoyaron la Segunda República Española en la Guerra Civil.</p>
<p>Los componentes del batallón, que por extensión cedió su nombre a cuantos efectivos llegaban desde Estados Unidos, eran en su mayoría afiliados al Partido Comunista de los Estados Unidos o a otras organizaciones obreras socialistas. Los primeros voluntarios partieron de Nueva York el 25 de diciembre de 1936 y su destino fue Albacete.</p>
<p>El 27 de marzo de 1937, Salaria navegó en el SS Paris, acompañada por otras 12 enfermeras y un grupo de médicos dirigido por el cirujano Edward K. Barsky. Durante el trayecto, ninguno de ellos sospechó el trabajo que les aguardaba al llegar a España. Su primer destino fue Villa Paz, un hospital de campaña a las afueras de Madrid. Pronto descubrió las graves carencias hospitalarias de la República.</p>
<p>Apenas había suministros tan elementales como agua caliente y vendajes. Hasta el extremo de que tuvieron que improvisar complicadas operaciones de cabeza o de pecho, «sólo iluminados por la luz de las linternas».</p>
<p><strong>Ni rastro de su paso</strong></p>
<p>Cuando Salaria Kea abandonó España, después de ser capturada por el Ejército Nacional y escapar, su memoria quedó sepultada por cuarenta años de Dictadura. Nadie nunca se atrevió a escribir una línea de alabanza a la tarea que realizó, al menos dentro de nuestras fronteras. El recuerdo de esta heroína, como el de tantos otros, se convirtió en anatema.</p>
<p>Uno de los lugares donde Salaria pudo prestar sus servicios fue el colegio marista de La Merced. En 1935, se adquirió por compra este centro a los Hermanos Maristas, creándose allí la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Murcia en general. Sin embargo, al inicio de la Guerra Civil, la facultad fue reconvertida en hospital de las Brigadas Internacionales. Así permaneció hasta 1939, cuando regresó la actividad académica, con apenas unos cuantos profesores y alrededor de 300 alumnos.</p>
<div id="attachment_627" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/colegio-maristas-guerra-civil.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-627" loading="lazy" class="wp-image-627" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/colegio-maristas-guerra-civil-209x300.jpg" alt="" width="300" height="430" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/colegio-maristas-guerra-civil-209x300.jpg 209w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/colegio-maristas-guerra-civil.jpg 619w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-627" class="wp-caption-text">El colegio &#8216;La Merced&#8217;, convertido en hospital durante la Guerra Civil.</p></div>
<p>Muy pronto se hizo necesario ampliar las instalaciones y las Brigadas Internacionales habilitaron el Santuario de la Fuensanta. Entretanto, en Archena se mantenía otro centro médico, en este caso mixto: era gestionado por el Ejército Popular y las Brigadas.</p>
<p>Salaria describió después que las camas de los hospitales donde trabajó se llenaban de «soldados de casi todas las razas: checos de Praga y de pueblos bohemios, húngaros, franceses y finlandeses, alemanes e italianos, exiliados o escapados de campos de concentración; etíopes de Djibouti, que intentaban recuperar la libertad de Etiopía estrangulando las fuerzas de Mussolini en España [&#8230;], negros de los estados del Sur de Estados Unidos. Estas diferencias de razas, color, nacionalidad y religión se superaron para hacer de España la tumba del fascismo».</p>
<p>La enfermera que el poeta americano Langston Hughes describió entonces como «una delgada muchacha color chocolate» supo emplear cuanto la rodeaba para salvar vidas. Poco le importaba el intenso debate que dividía a muchos americanos. Salaria Kea fue capturada por el ejército de Franco y, durante algunas semanas, fue testigo de innumerables fusilamientos. Por suerte, logró escapar y huir a su país, desde donde siguió impulsando la causa de la República. Durante la Segunda Guerra Mundial regresó a Europa, conoció a un irlandés y se casó.</p>
<p>La pareja vivió muchos años en una casa de Nueva York, para regresar más tarde a su ciudad natal. Allí falleció en mayo de 1990. Y ahora, justo 17 años después de su muerte, mientras la exposición neoyorquina la devuelve a la actualidad, acaso como un homenaje aplazado, se publica el rostro de aquella delgada muchacha color chocolate que se jugó la vida por salvar la vida de tantos murcianos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/12/la-enfermera-rojaque-vino-de-harlem/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>650</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Cataplasmas de mostaza contra los virus</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/07/cataplasmas-de-mostaza-contra-los-virus/</link>
		<comments>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/07/cataplasmas-de-mostaza-contra-los-virus/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 07 May 2020 09:20:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Botías</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en La Verdad]]></category>
		<post_tag><![CDATA[1918]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[1957]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[coqueluches]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[fallecidos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[fiebres]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[gripe]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[jarabe]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Liberal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Murcia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pandemía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[teletienda]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[virus]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/?p=609</guid>
		<description><![CDATA[Desde los antiguos jeroglíficos egipcios a los remedios griegos, o aquella mezcla de miel, tabaco y chile de los aztecas, la humanidad siempre ha intentado mitigar los efectos de la gripe, bien conocidos incluso antes de que se acordara darle ese nombre a la dolencia. En el año 1800, dos investigadores publican sendos libros donde [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde los antiguos jeroglíficos egipcios a los remedios griegos, o aquella mezcla de miel, tabaco y chile de los aztecas, la humanidad siempre ha intentado mitigar los efectos de la gripe, bien conocidos incluso antes de que se acordara darle ese nombre a la dolencia. En el año 1800, dos investigadores publican sendos libros donde advertían de que la causa de la enfermedad era tener los pies o la ropa mojados o ducharse con agua fría. Pero habría que esperar casi un siglo para determinar con exactitud cómo se produce y se propaga. El virus causante de la enfermedad fue descubierto en 1933. En el año 1944 fue posible la confección de una vacuna.</p>
<p>Una de las primeras referencias a la gripe que encontramos en los periódicos murcianos nos remonta al año 1958. El diario <em>La Paz </em>publicó un anuncio donde ensalzaba las propiedades curativas del jarabe Flon, indicado para combatir las irritaciones e inflamaciones de las vías respiratorias, así como “la estinción de voz, gripe y, sobre todo, las coqueluches”. Las coqueluches eran, como son, la llamada tos ferina.</p>
<div id="attachment_612" style="width: 818px" class="wp-caption alignnone"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo3.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-612" loading="lazy" class="size-full wp-image-612" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo3.jpg" alt="" width="808" height="565" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo3.jpg 808w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo3-300x210.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo3-768x537.jpg 768w" sizes="(max-width: 808px) 100vw, 808px" /></a><p id="caption-attachment-612" class="wp-caption-text">Anuncio publicado en el periódico La Paz de Murcia como reconstituyente.</p></div>
<p>Tan efectivo parecía el jarabe <em>Flon</em> que sus vendedores aseguraban que “en las sociedades de mayor tono” se sirve para beber agua, “como un jarabe de recreo”. Rivalizaba la marca aquellos años con otro remedio, también parisino como la mayoría: <em>Pate de George</em>, una pasta “de sabor agradable” y cuya principal ventaja sobre otros medicamentos residía en “no dar ardor alguno en la boca”. Ambas medicinas se despachaban en la botica de Manuel Martínez.</p>
<p>A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX otros productos atraerían el interés de los parroquianos. Aunque, igual que sus predecesores, presumirían de nombres exóticos e inquietantes. Es el caso de la <em>Revalenta Arábiga</em>, una especie de “harina de la salud” que igual curaba los estreñimientos y la pérdida de memoria que “las almorranas, el ruido en los oídos y la pobreza de la sangre”.</p>
<p>Para quienes crean que los testimonios de personas que ensalzan productos en las teletiendas son un invento de nuestra época, deben saber que hace siglo y medio ya formaban parte de los reclamos publicitarios. En el caso de la <em>Revalenta</em>, se publicaban cartas de consumidores agradecidos, como la que remitió la marquesa de Brehán, aquejada de “un mal de hígado” desde hacía siete años.</p>
<p>La enfermedad producía a la buena señora un estado de agitación tan insoportable que “el ruido del tráfico y aún la misma voz de mi doncella me incomodaba”. Entonces probó la célebre harina y, como manifestaba en su carta, “me ha hecho revivir. Ya puedo hacer y recibir visitas”. Otros beneficiarios de la <em>Revalenta</em> fueron el coronel Watson, que padecía “gota, neuralgia y estreñimiento obstinado”, o el señor Baldwin, quien tenía “paralizados sus miembros a consecuencia de excesos de la juventud”. Por nadie pase.</p>
<p>Para recuperar fuerzas en aquellos tiempos podía tomarse otra invención que hizo furor. Era el “verdadero <em>Extracto de Carne Liebig</em>”, una especie de pastillas de caldo que equivalían a 45 libras de carne. Este concentrado se recomendaba para “niños raquíticos” y en sus anuncios se destacaba que era adquirido por “la mayor parte de los gobiernos, y recientemente por el gobierno inglés y el emperador de los franceses”.</p>
<h3>Epidemia devastadora</h3>
<p>Los investigadores aún discuten cuándo se produjo la primera gran epidemia de gripe. Hay quienes la sitúan en 1708, con origen en Italia. Otros atrasan la fecha hasta 1929 y señalan Rusia como el foco propagador.</p>
<p>La gripe desplegó sus efectos más mortíferos, cobrándose unas 3.000 víctimas en Murcia en apenas un mes, en octubre del año 1918. Se denominó gripe española, si bien ya se habían detectado las cepas en Estados Unidos, y costó la vida a alrededor de 50 millones de personas en todo el mundo.</p>
<p>La virulencia de la epidemia, cuyo origen se situó en los cerdos, obligó a suspender cualquier acto público, salvo las rogativas en la Catedral que, sin duda, permitieron un mayor contagio entre quienes a ellas acudían. Los cementerios se quedaron sin fosas disponibles.</p>
<p>Habría que esperar hasta 1957 para comprobar los efectos devastadores sobre la población mundial de otra epidemia, en esta ocasión denominada gripe asiática. Descubierta en Pekín y resultado de la combinación de un virus encontrado en los patos salvajes y la gripe humana, pronto se extendió por todo el planeta acabando con la vida de unos 34 millones de personas.</p>
<div id="attachment_610" style="width: 1034px" class="wp-caption alignnone"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-610" loading="lazy" class="size-large wp-image-610" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1-1024x388.jpg" alt="" width="1024" height="388" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1-1024x388.jpg 1024w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1-300x114.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1-768x291.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/05/FOTo2-1.jpg 1195w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><p id="caption-attachment-610" class="wp-caption-text"><em>Un gran titular ocupaba toda la portada de la edición de El Liberal del día 16 de octubre de 1918.</em></p></div>
<p>Durante siglos cada pueblo ha desarrollado remedios caseros y naturales para afrontar la gripe, aunque apenas logran mitigar sus efectos sobre el cuerpo. Los aportes de vitamina C en forma de limonadas con miel, las infusiones de tomillo, el ajo y la cebolla con sus propiedades antibacterianas y antivirales son algunas de las recetas que, de abuelos a nietos, se han transmitido hasta la actualidad. Y no faltaba quien recordara aquella vieja máxima que decía “el catarro con el jarro” y que se materializaba en la ingesta de aspirinas y copas de coñac.</p>
<p>Otros remedios habituales en la ciudad y su huerta pasaban por embadurnar yodo en el pecho y la espalda o aplicar aquellos remotos Parches Porosos Sor Virginia. Pero nada comparado como la más terrible medicina casera: Cataplasmas de linaza y mostaza, cuyas supuestas propiedades curativas aún están por descubrir, aunque el escozor que provocaban hacía que el enfermo olvidara, acaso por unos minutos, su resfriado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/05/07/cataplasmas-de-mostaza-contra-los-virus/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>609</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>¿Cuál es el origen real del canto de los Mayos?</title>
		<link>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/04/30/cual-es-el-origen-real-del-canto-de-los-mayos-2/</link>
		<comments>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/04/30/cual-es-el-origen-real-del-canto-de-los-mayos-2/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2020 08:59:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Botías</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Artículos en La Verdad]]></category>
		<post_tag><![CDATA[30 de abril]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[folclore]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Garrigós]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[huerta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[mayo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[mayos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[música]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tradición]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/?p=604</guid>
		<description><![CDATA[Murcia, sin lugar a duda alguna, existió mucho antes de que el escultor Antonio Garrigós la recuperara, por fortuna, en 1957. Prueba de ello son las referencias en la prensa de diferentes épocas y su publicación, con el nombre de “Los Mayos”, en alguna recopilación publicada a comienzos del siglo XX. Otra cosa es determinar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Murcia, sin lugar a duda alguna, existió mucho antes de que el escultor Antonio Garrigós la recuperara, por fortuna, en 1957. Prueba de ello son las referencias en la prensa de diferentes épocas y su publicación, con el nombre de “Los Mayos”, en alguna recopilación publicada a comienzos del siglo XX. Otra cosa es determinar si los cantos actuales, los que se entonan el 30 de abril, corresponden con aquellos que cantaban los abuelos de nuestros abuelos. Vaya por delante que no lo son. Ni su poesía, ni su ritmo, ni el canto. Pero esto tampoco es nada nuevo.</p>
<div id="attachment_606" style="width: 601px" class="wp-caption alignnone"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/04/1241165137058.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-606" loading="lazy" class="size-full wp-image-606" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/04/1241165137058.jpg" alt="" width="591" height="394" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/04/1241165137058.jpg 591w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/5/2020/04/1241165137058-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 591px) 100vw, 591px" /></a><p id="caption-attachment-606" class="wp-caption-text">Cruz de Mayo en la plaza de San Pedro.</p></div>
<p>La aparición en 1921 del “Cancionero Popular Murciano”, de Alberto Sevilla, quien no incluyó los Mayos, destapó la caja de los truenos. Y lo hizo el poeta y periodista Pedro Jara Carrillo en el diario que dirigía, “El Liberal”. En su portada y bajo el seudónimo de Plácido Roger de Larra, ensalzó el libro de Sevilla, aunque le reprochó que no hubiera incluido “ese canto tan intensamente melancólico”: “esa canción de “Los Mayos””.</p>
<p>El periódico inició una investigación “hasta conseguir que la canción de “Los Mayos” se restituya”. Así, encargó al músico Emilio Ramírez, quien por cierto puso música al Himno de Murcia, que arrojara luz sobre la cuestión. Días más tarde, en plena portada, “El Liberal” sorprendía a sus lectores publicando la partitura de “La Canción de los Mayos”. Junto a ella, Ramírez aportó información sobre el carácter de los antiguos Mayos murcianos que, en su opinión, fueron “más solemnes” que en otros lugares de España. El 30 de abril, a las doce de la noche, “reuníanse en la puerta de la Catedral los encargados de cantar los Mayos sin otro preciso aviso que el férreo mandato de la tradición”.</p>
<p>Aún no extinguido el eco de la última campanada, las voces se elevaban: “Estamos a treinta, del Abril florido, alegrarse damas, que Mayo ha venido”. “Ha venido Mayo, bien venido sea, para las hermosas, y para las feas…”, recordaba Ramírez.<br />
El músico advertía de que la tradición se había perdido “hace muchos años”. Así que “no extrañe, pues, al amigo Sevilla, no haberla podido oír”. Sobre la melodía, Ramírez la imbricaba en la más pura tradición árabe. “Y eso es la canción de “Los Mayos”: línea melódica que sin perder su sentimentalidad oriental surge serena, risueña, optimista”. Ramírez tomó como base, aparte de la tradición que existiera en Beniaján, la obra “Colección de Cánticos Populares de Murcia”, publicada por José Verdú en 1906. En ella se consideraban los Mayos un canto de labor “muy popular en toda la huerta”.</p>
<p>Pero la transcripción de Verdú y la que aportara Ramírez, como éste último reconoció más tarde, diferían “en el tono, en el compás, en el ritmo, en los valores y en el matiz”. El historiador y miembro de la Real Academia de la Historia Antonio Puig Campillo terció en la cuestión aportando incluso las estrofas que componían los mayos.<br />
Al día siguiente, Alberto Sevilla replicaba en el diario para insistir en sus dudas sobre el canto y apuntaba un argumento: “Ni Díaz Cassou, ni Martínez Tornel ni Pío Tejera, que tan alto pusieron su nombre en nuestra Región” hicieron nunca referencia a los Mayos.</p>
<p>Otros sí lo hicieron. Muchos años antes, el 13 de agosto de 1880, “El Diario de Murcia” publicaba la carta de un lector donde explicaba que en el Cabezo Gordo, en Torre Pacheco, existía una cruz que los labradores adornaban cada 3 de mayo y “suben alegremente de estos alrededores, vestidos con las más ricas galas, y en esta meseta se cantan y bailan los Mayos”. En 1888, el diario “El Globo” publicó otro artículo, replicado en Murcia por la revista “La Enciclopedia”, donde se recordaba a “aquel pueblo murciano, que cantaba, no ha mucho, ante la cruz de Mayo, para que los malos espíritus respetaran las cosechas”.</p>
<p><strong>Un artista comprometido</strong><br />
Tal como hoy los conocemos, los Mayos fueron recuperados por el escultor Antonio Garrigós, defensor a ultranza de las costumbres murcianas y, de forma muy especial, de los auroros. Y no hace falta elucubrar cómo lo hizo porque él mismo lo escribió para el diario “La Verdad” el 6 de abril de 1958 en una aportación hasta ahora inédita.<br />
Relataba el escultor que conoció los Mayos “porque una mujer, madre de un gran amigo mío, Agustín Robles, nos contaba los tiempos de su mocedad y decía que su primer marido, Agustín Robles, se los iba a cantar durante su noviazgo, en la última noche de abril”.</p>
<p>Intrigados los jóvenes por el relato de aquella mujer, le pidieron que los cantara. La canción que Garrigós escuchó era “dulce y agradable”. Tiempo después, el escultor, estando en Albacete, escuchó a “una muchacha un día en mi estudio” y al oírle “”Estamos a 30 del abril cumplido””, me vinieron a la memoria los Mayos de la tía Juana de Espinardo. Y le pregunté dónde había oído aquella canción, y me dijo que su padre era el que organizaba los mayos en Valdeganga (Albacete). […] Noté que ambas tenían parentesco en la melodía y en la letra, aunque variaban mucho los giros y los matices”.</p>
<p>Similar versión recogió en su día, entre otros, el musicólogo Norberto López en el artículo de la revista “Murgetana” “Antonio Garrigós y los Auroros murcianos: un recorrido histórico a través de la prensa local entre 1932 y 1988”. ¿Y cuándo se estrenaron en Murcia aquellos Mayos “renovados”? En la conmemoración del cincuentenario de otra iniciativa del artista: la despierta en honor al poeta Ricardo Gil.</p>
<p>Garrigós, quien ya entonces velaba por propagar el conocimiento de los auroros, organizó en 1907 una despierta en su memoria y en la que participaron “la campana de La Arboleja y Albatalía”. Esta despierta se siguió celebrando el primer domingo de marzo, “hasta el año pasado, que se cumplieron los cincuenta años de ella y se celebró el primer domingo de mayo, porque quise que reaparecieran “los Mayos”, que ya estaban postergados durante 70 u 80 años”.</p>
<p>Luego podemos concluir que fue el 1 de mayo de 1957 cuando volvieron a entonar el tradicional canto. ¿Quiénes? La campana de Auroros de Rincón de Seca. “Línea” publicó ese año la visita a Murcia del catedrático del Conservatorio de Madrid Manuel García Matos, quien llegó acompañado “del técnico en grabaciones de Radio Nacional, don Victoriano Suárez”. Ambos recorrieron “los poblados de la huerta donde se cantan las canciones de “los Mayos” y otras a cargo de las “campanas” de “auroros””. La única campana que cita el texto es la del Rincón.</p>
<p>La popularidad de los Mayos fue casi inmediata. En 1959 se anuncia en “La Hoja del Lunes” que los auroros del Rincón cantarían los Mayos junto a la Cruz al pie de la torre de la Catedral. “Una simpática audición, tan arraigada en el costumbrismo del terruño en otras épocas”, los describieron. A comienzos de 1961 ya se incluyeron en un gran festival que acogió el Teatro Romea y en el que, como anunció “Línea”, volvieron a escucharse “los “Mayos” del Rincón de Seca”. Así comenzó una nueva tradición.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.laverdad.es/lamurciaquenovemos/2020/04/30/cual-es-el-origen-real-del-canto-de-los-mayos-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>604</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
