{"id":185,"date":"2016-06-02T09:05:42","date_gmt":"2016-06-02T08:05:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=185"},"modified":"2016-06-02T09:05:42","modified_gmt":"2016-06-02T08:05:42","slug":"muere-un-trozo-de-murcia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2016\/06\/02\/muere-un-trozo-de-murcia-2\/","title":{"rendered":"Obituario al pastelico de carne"},"content":{"rendered":"<p>Amanece junio en Murcia con esa claridad de luz que el poeta Jorge Guill\u00e9n respirara, mientras se alarga la sombra fresca de las moreras, el sonido de las fuentes anuncia el est\u00edo y las moscas, esas \u00abraudas moscas divertidas\u00bb de Machado, a\u00fan no buscan desesperadas una ventana abierta para escapar del sestero. Todo parece normal en este nuevo junio que estrena Murcia: los vendedores de ciegos pugnando por las mejores esquinas, las geranios rojos y las diminutas clavellinas que adornan balcones remotos, el trasiego de parroquianos en los bodegones de Las Flores, el obligado verm\u00fa de Luis de la Rosario, cabe El Perd\u00f3n de San Antol\u00edn, la algarab\u00eda en esa huerta condensada que es Ver\u00f3nicas, los primeros turistas boquiabiertos ante la fachada de la Catedral&#8230;<!--more--><\/p>\n<div id=\"attachment_188\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2016\/06\/pastel.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-188\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-188\" title=\"pastel\" src=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2016\/06\/pastel.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2016\/06\/pastel.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2016\/06\/pastel-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2016\/06\/pastel-768x576.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-188\" class=\"wp-caption-text\">@Fernando Pinar<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La rutina, que es el pr\u00f3logo del olvido, aplaca un acontecimiento singular: un trozo de Murcia, de aquella ciudad castiza que se desangra en grandes superficies comerciales y tiendas de todo a un euro, acaba de morir. Y el velatorio ayer se celebr\u00f3, si es que celebrarse pod\u00eda, en la calle Riquelme esquina Jim\u00e9nez Baeza, cerca de la revuelta hacia San Nicol\u00e1s, donde a los Salzillos, por las estrecheces del lugar, les hace falta Dios (que es el que est\u00e1 en  Jes\u00fas) y ayuda para enfilar camino de Las Agustinas. All\u00ed, hasta que ayer cerraron a mediod\u00eda, estaba la pasteler\u00eda Zaher, conocida como Barba, donde se despachaban quiz\u00e1 los mejores pasteles de carne del mundo.<\/p>\n<p>En aquel local, de grandes puertas abiertas hacia la hist\u00f3rica calle, generaciones de murcianos aprobamos con nota, escrita sobre los papeles donde se part\u00eda cada pastel a golpe de enorme cuchillo, el ex\u00e1men de huertana murcian\u00eda, que viene a ser disfrutar de la Semana Santa o del Entierro, amar la huerta sobre todos los planes urban\u00edsticos, y no alabar a ning\u00fan convecino hasta que se muera (sea dicho aqu\u00ed entre nosotros).<\/p>\n<p>Zaher ya no abrir\u00e1 nunca su bar de la calle Riquelme, aquella donde los pintores Garay, Clemente y Flores establecieron un estudio en com\u00fan. No andaba entonces, como ahora, la econom\u00eda para desahogos. Y como ahora, era el pastel de carne, seg\u00fan lo defini\u00f3 el periodista Mart\u00ednez Tornel, \u00abcapricho del rico y apa\u00f1o para el pobre\u00bb. Para el pobre huertano cuyo \u00fanico homenaje, tras su semana de siete d\u00edas laborales, desde el alba a la madrugada, cuando los auroros preparaban sus despiertas, era acercarse a la ciudad y regresar con un papel\u00f3n de pasteles que aplacaba el hambre de sus hijos, que sol\u00edan ser muchos.<\/p>\n<p>Un trozo de Murcia ha muerto. Y eso, por desgracia, incluye esa forma murciana de atender a la clientela, entre la amistad y la sorna, entre la guasa y el respeto, como lo hac\u00eda mi amigo Jos\u00e9 Gil, el Bicho, que ya me contar\u00e1 a qu\u00e9 obrador lo sigo. O igual me lo cuenta Jaime, aquel inolvidable camarero, desde los obradores de la Gloria por donde anda.\u00a0Porque esto, se\u00f1ores que am\u00e1is Murcia sobre todas las cosas menos mi Se\u00f1or de los Azotes, se acab\u00f3. Se acabaron los dos golpes c\u00e9lebres del enorme cuchillo que quebraba en cuatro humeantes trozos los pasteles contra el mostrador de aluminio. Se acabaron los papeles como improvisados manteles diminutos sobre la barra. Se acabaron las olivas \u2018part\u00edas\u2019 de Cieza, indispensable acompa\u00f1amiento junto a la cerveza, que casi volaba de un lado a otro de la pasteler\u00eda. Se acabaron aquellos gritos de \u00ab\u00a1Dos calieeeentes y dos especiaaaales, marchando!\u00bb.<\/p>\n<p>Tuve el privilegio de llevarme a casa los dos \u00faltimos pasteles que salieron de Barba, antes de que la persiana sentenciara el cierre. Uno de ellos, como el espl\u00e9ndido presente que era, se lo brind\u00e9 a mis hijas. El otro lo disfrut\u00e9 con mi padre, quien, en tantas tardes, me acerc\u00f3 a aquella barra m\u00edtica cuando a\u00fan ten\u00eda que auparme para alcanzar el taburete.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amanece junio en Murcia con esa claridad de luz que el poeta Jorge Guill\u00e9n respirara, mientras se alarga la sombra fresca de las moreras, el sonido de las fuentes anuncia el est\u00edo y las moscas, esas \u00abraudas moscas divertidas\u00bb de Machado, a\u00fan no buscan desesperadas una ventana abierta para escapar del sestero. 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