{"id":25,"date":"2015-10-24T11:01:29","date_gmt":"2015-10-24T10:01:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=25"},"modified":"2015-10-24T11:01:29","modified_gmt":"2015-10-24T10:01:29","slug":"cuando-naranjito-mato-lagartijo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2015\/10\/24\/cuando-naranjito-mato-lagartijo\/","title":{"rendered":"Cuando Naranjito mat\u00f3 a Lagartijo"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img id=\"img_0\" class=\"imgizqda\" src=\"\/lamurciaquenovemos\/files\/torosescala.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Inc\u00f3modas donde las hubiere, all\u00e1 por el a\u00f1o 1887, a las \u00ablocalidades de longaniza\u00bb s\u00f3lo pod\u00edan acceder los aficionados de la antigua calle de Poco Trigo, as\u00ed llamada porque sus vecinos apenas ten\u00edan que llevarse a la boca. El coso de la Condomina abri\u00f3 sus puertas sin que las andanadas de sol estuvieran terminadas y, en su lugar, se colocaron largos maderos que los murcianos pronto bautizaron con aquel curioso nombre. Es s\u00f3lo una an\u00e9cdota que adorna la historia centenaria del coso murciano, que se situ\u00f3 en los antiguos terrenos del condominium, tierra compartida en dominio.<!--more--><\/p>\n<p>La idea de construir una nueva plaza surgi\u00f3 apenas dos a\u00f1os antes, cuando algunos empleados del Ayuntamiento de Murcia se organizaron como una cooperativa entre cuyos\u00a0fines figuraba la fundaci\u00f3n de comercios, industrias, sitios de recreo y hasta un Monte de Piedad.<\/p>\n<p>Para levantar la Condomina se emitieron 6.000 acciones, a 48 pesetas cada una, y se contrat\u00f3 al arquitecto Justo Mill\u00e1n, quien comenz\u00f3 las obras, como recuerda El Diario de Murcia, en octubre de 1886, acompa\u00f1ado por un pasacalles que anunci\u00f3 tan memorable fecha. Aquel d\u00eda, la multitud exultante incluso le ahorr\u00f3 trabajo a la cooperativa, porque \u00abmujeres, hombres y muchachos entraron a tala con los naranjos y dem\u00e1s \u00e1rboles de aquellos bancales\u00bb.<\/p>\n<p>Las corridas de toros ya ven\u00edan celebr\u00e1ndose en la ciudad desde antiguo. Hasta 1849, la que despu\u00e9s denominar\u00edan plaza de Camachos, se convert\u00eda en un improvisado coso por la feria. Los due\u00f1os de los edificios que lo rodeaban ced\u00edan sus balcones para el p\u00fablico y, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, tambi\u00e9n corr\u00edan con los gastos de la merienda.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, las corridas se trasladaron a la plaza de San Agust\u00edn, donde antes fue necesario derribar el remoto convento de los Agustinos. Por suerte, la iglesia se salv\u00f3 y en ella se venera hoy a San Andr\u00e9s. Curiosamente, las dos columnas que adornan su portada son romanas y fueron trasladadas all\u00ed desde un yacimiento en Monteagudo.<\/p>\n<p><strong class=\"strong\">El toro &#8216;Naranjito&#8217;<\/strong><br \/>\n<strong class=\"strong\"><br \/>\n<\/strong>La tarde de su inauguraci\u00f3n, era la Condomina un hervidero de murcianos. Mart\u00ednez Tornel escribir\u00e1 en El Diario que hab\u00eda unos 17.000 aficionados. hasta 2.000 m\u00e1s que el aforo actual. No en vano, se consideraba la primera plaza monumental de las construidas hasta la fecha. Los peri\u00f3dicos se centraron en la noticia, que se convirti\u00f3 en el acontecimiento del a\u00f1o. Pronto surgir\u00edan los anuncios publicitarios de gran formato, que suceder\u00edan a aquellos otros donde se anunciaban \u00abtoros de muerte\u00bb.<\/p>\n<p>El primer astado que piso el albero se llamaba Naranjito y fue estoqueado por el murciano Lagartijo. A\u00fan hoy se conserva su cabeza -la del toro- embalsamada en la ganader\u00eda de Carlos Urquijo. Los diestros, antes de comenzar sus faenas, rezaron ante una imagen de la Virgen de la Consolaci\u00f3n, a quien estaba dedicada la capilla cuyo altar hoy preside la Virgen de la Fuensanta. La enfermer\u00eda se estren\u00f3 el mismo d\u00eda de la inauguraci\u00f3n porque quiso la mala suerte que un toro dejara conmocionado al picador Juan de los Gallos.<\/p>\n<p>Aquella intervenci\u00f3n abr\u00eda la puerta a otras miles que, a lo largo del siglo XX, tendr\u00edan como protagonistas a los doctores Ram\u00f3n S\u00e1nchez-Parra y Garc\u00eda, y a su hijo Ram\u00f3n S\u00e1nchez-Parra Ja\u00e9n, tan popular y querido por los murcianos que hasta se le dedic\u00f3 una calle.<\/p>\n<p>En tan dilatada historia, por desgracia, cuatro tardes negras han ensombrecido la Fiesta nacional. Se trata de las cuatro cogidas mortales. En la primera de ellas, muri\u00f3 Lagartija II, en 1922. Entretanto, a\u00fan anteriores a la plaza nueva, que ya se antoja antigua, son las cr\u00edticas de los hoy llamados antitaurinos. Prueba de ello son varios art\u00edculos en El Correo Literario de Murcia, en 1794, cuyo autor detestaba las corridas porque en ella \u00abse familiarizan los ojos con la carnicer\u00eda y la matanza\u00bb. Y es que nada hay nuevo sobre el albero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Inc\u00f3modas donde las hubiere, all\u00e1 por el a\u00f1o 1887, a las \u00ablocalidades de longaniza\u00bb s\u00f3lo pod\u00edan acceder los aficionados de la antigua calle de Poco Trigo, as\u00ed llamada porque sus vecinos apenas ten\u00edan que llevarse a la boca. 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