{"id":266,"date":"2017-03-05T17:31:35","date_gmt":"2017-03-05T16:31:35","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=266"},"modified":"2017-03-05T17:31:35","modified_gmt":"2017-03-05T16:31:35","slug":"los-ultimos-de-filipinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2017\/03\/05\/los-ultimos-de-filipinas\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos de Filipinas"},"content":{"rendered":"<table width=\"96%\" border=\"0\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td rowspan=\"2\" colspan=\"2\" height=\"40\"><a href=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-267\" title=\"DOCU_GRUPO -heroes.jpg de Redaccion ABC-\" src=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"228\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81.jpg 1890w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81-300x229.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81-768x585.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/GF0C5O81-1024x780.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><em>Hace casi 20 a\u00f1os publiqu\u00e9 en esta misma casa, cuando muchos no sab\u00edan ni d\u00f3nde quedaba Filipinas (ni falta que les hac\u00eda), la fant\u00e1stica historia de los llamados h\u00e9roes de Baler. Por eso, estos d\u00edas en que su memoria se honra me agrada recuperar aquellas l\u00edneas de la hemeroteca. As\u00ed dec\u00edan, amigos:<\/em><em><\/em>Con mucha dificultad Luis Cervantes Dato, uno de los diecinueve supervivientes del Sitio de Baler, alcanz\u00f3 el dintel de la casa de sus padres en Mula. Las escarpadas y estrechas callejuelas parec\u00edan imponerle el \u00faltimo de los sufrimientos. No obstante, aquellas coloridas fachadas, de enormes rejas de hierro forjado, eran un agradable alivio para una persona que estuvo incomunicada en una iglesia durante 337 d\u00edas.<\/p>\n<p>Su hijo Francisco Cervantes explica con orgullo e irritaci\u00f3n que son muy pocos los murcianos que recuerdan la figura de su padre, mientras se\u00f1ala en una vieja foto el \u00faltimo retrato realizado en Filipinas: \u00abMi padre es el diecis\u00e9is por la izquierda. Regres\u00f3 en julio de 1899 con una pensi\u00f3n vitalicia de setenta pesetas; lo \u00fanico que recibi\u00f3 de su pa\u00eds en el resto de su vida.<\/p>\n<p>A los dos a\u00f1os de volver se cas\u00f3 y gracias a esa renta mensual pudo disfrutar de una vida holgada, si no fuera por lo del h\u00edgado, claro\u00bb. Todos los supervivientes vieron c\u00f3mo su salud iba quebr\u00e1ndose a medida que transcurr\u00eda el asedio. Las provisiones diezmaban y ni siquiera la improvisada huerta satisfac\u00eda la hambruna de los soldados. Al regreso, el h\u00edgado de Luis Cervantes a\u00fan soport\u00f3 muchas copas de an\u00eds que aceleraron su deterioro, \u00abporque despu\u00e9s de pasar tantas penalidades se merec\u00eda disfrutar de la vida, y lo hizo. Siempre vest\u00eda traje cuando la mayor\u00eda s\u00f3lo ten\u00eda una blusa vieja y a nadie que estuviera a su lado le neg\u00f3 nunca nada\u00bb.<\/p>\n<p>Luis Cervantes Dato abandon\u00f3 el pueblo para realizar el servicio militar en Tarragona, primer viaje allende las tierras murcianas. Luis era un joven del campo, y a \u00e9ste dedicaba sus ocupaciones en los dieciocho a\u00f1os que llevaba respirando.<\/p>\n<p>A veces, durante las largas faenas de siembra, ciertas batallas entre tormos resecos donde deb\u00eda empujar el arado siempre, \u00aby en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n el arado y la mula que lo preced\u00eda\u00bb indica Francisco, pensaba que la sierra de Moratalla era una espesura infranqueable. Luego, en Filipinas, conoci\u00f3 la verdadera magnitud de la naturaleza y a\u00f1or\u00f3 su Mula natal. Francisco reconoce el amor de su padre por el Noroeste: \u00abNo abandon\u00f3 jam\u00e1s el pueblo. Tras pasar una temporada de cartero en El Pilar de la Horadada y en Molina de Segura vendi\u00f3 la plaza a otro y regres\u00f3 a Mula. Fue aceptado como guardia civil y la misma noche que le dieron el uniforme se embriag\u00f3 y quem\u00f3 el traje&#8230; Tampoco quiso mantener un empleo estable porque no lo necesitaba\u00bb.<\/p>\n<p>Francisco, mientras enciende el primer cigarrillo de la ma\u00f1ana -\u00aby esto sin desayunar\u00bb- confiesa que su padre no tuvo suerte: \u00abEl propio Mart\u00edn Cerezo, responsable de aquella compa\u00f1\u00eda, lo recibi\u00f3 en Madrid varias veces. Siempre le dec\u00eda que se olvidara de trabajar, que eso era para los burros. Mi padre fue enga\u00f1ado en cuanto regres\u00f3 al pueblo desde Filipinas\u00bb.<a href=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/ultimos-de-filipinas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-268\" title=\"ultimos de filipinas\" src=\"\/lamurciaquenovemos\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/ultimos-de-filipinas.jpg\" alt=\"\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/ultimos-de-filipinas.jpg 283w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/03\/ultimos-de-filipinas-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Carmen, la madre de Francisco, s\u00f3lo pensaba en una cosa cuando viajaba hacia Murcia. Mientras, Luis Cervantes charlaba con su primo, El cuesario, \u00abuno de aquellos transportistas que realizaban con un carro de mulas portes desde Mula a la capital de la provincia\u00bb. Los tres iban alegres a cobrar la pensi\u00f3n de Luis como h\u00e9roe de guerra. Carmen coment\u00f3 que le gustar\u00eda probar los famosos panecillos de Viena aunque regres\u00f3 sin olerlos siquiera, se lamenta Francisco. El cuesario se qued\u00f3 con el primer sueldo que le dieron a mi padre y nadie recuerda por qu\u00e9. Era demasiado inocente\u00bb.<br \/>\nLuis Cervantes no invirti\u00f3 dinero en grandes negocios. Cada marzo se marchaba a Madrid a trabajar de alba\u00f1il y volv\u00eda en septiembre, para las fiestas de Mula. El que fue h\u00e9roe de Baler tuvo once hijos y muri\u00f3 en mayo de 1927. El \u00fanico terreno que le pertenec\u00eda del pa\u00eds que defendi\u00f3 en Filipinas fue la fosa del cementerio donde nunca fue enterrado.<\/p>\n<p>Francisco Real Yuste acompa\u00f1\u00f3 a Luis Cervantes en aquellas noches de insomnio y hambruna. Al regresar se cas\u00f3 y tuvo tres hijos que ya han fallecido. Durante toda su vida fue guardia de la huerta ciezana. Su nieto, Antonio Real, como la mayor\u00eda de sus hermanos, se dedica al negocio de la hosteler\u00eda en Cieza. \u00abMi abuelo -recuerda Antonio- jam\u00e1s percibi\u00f3 su pensi\u00f3n. Un funcionario de los juzgados le hizo firmar unos papeles que le autorizaban a cobrar en su nombre. Lo mantuvo enga\u00f1ado durante toda su vida. Despu\u00e9s de muertos \u00e9l y mi abuela, lo descubrimos todo. Era un hombre sencillo que s\u00f3lo se permit\u00eda el lujo de alguna copa de vino\u00bb.<br \/>\nEn cierto momento, durante una procesi\u00f3n, Francisco intent\u00f3 desfilar con las autoridades civiles y religiosas. Lo sacaron a empujones del cortejo. \u00abEntonces -prosigue Antonio-, corri\u00f3 a su casa y se coloc\u00f3 en el pecho la condecoraci\u00f3n de h\u00e9roe en Filipinas. Cuando regres\u00f3 al desfile no s\u00f3lo realiz\u00f3 la carrera, sino que lo escoltaron dos guardias civiles\u00bb. Francisco Real lleg\u00f3 a vivir casi setenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ni los sitiadores filipinos al mando del rebelde Aguinaldo ni las vencidas autoridades espa\u00f1olas lograban convencer a la compa\u00f1\u00eda atrincherada de que la guerra hab\u00eda finalizado. Como \u00faltimo recurso llevaron a la iglesia de Baler peri\u00f3dicos y revistas de algunas de las ciudades de donde proced\u00edan los espa\u00f1oles sitiados. De Cieza, un ejemplar de la revista La Voz de Cieza. \u00abDe aquel n\u00famero -aclara Antonio Real- a mi abuelo le leyeron que una riada hab\u00eda destruido el Puente de los Alambres. \u00a1Co\u00f1o -exclam\u00f3-, como todos los a\u00f1os!\u00bb. En ese momento se dio cuenta que todo estaba perdido. \u00abY ellos all\u00ed, defendiendo una plaza que ya no pertenec\u00eda a Espa\u00f1a y aliment\u00e1ndose de hojas de calabaza\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Primer centenario<\/strong><\/p>\n<p>El d\u00eda 30 de junio de 1998 se cumplieron cien a\u00f1os del comienzo del asedio. Cuatro d\u00edas antes se celebraron en Madrid unas jornadas sobre el Centenario del Comienzo del Sitio de Baler a las que fueron invitados los descendientes de Luis Cervantes y Francisco Real. El primero no asisti\u00f3: \u00abEstoy harto de que el Ayuntamiento de Mula no reconozca la labor de mi padre. Ni siquiera le han dedicado una calle\u00bb. \u00abY lo mismo ocurre en Cieza\u00bb, sentencia Antonio Real. El alcalde de Baler, en cambio, ha manifestado su inter\u00e9s por hermanar los pueblos de origen de los 32 supervivientes que estuvieron en ese pueblo.<\/p>\n<p>Los dos hijos mayores de los \u00faltimos murcianos en Filipinas nunca se identificaron con el lema Dios y Patria. Marcos Real fue condenado a cadena perpetua tras la Guerra Civil por sus ideas republicanas. El mismo a\u00f1o, la \u00faltima voluntad del hijo de Luis Cervantes fue que lo enterraran sin pisar la iglesia. Hoy, los descendientes de los h\u00e9roes de Baler denuncian el abandono en el que las autoridades han arrinconado a sus padres y abuelos. Para colmo, las jornadas previstas en Madrid fueron promovidas por la embajada filipina. Ya nos preven\u00eda Ram\u00f3n y Cajal cuando afirmaba que &#8216;la gloria no es otra cosa que un olvido aplazado&#8217;\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td valign=\"top\"><\/td>\n<td colspan=\"2\" align=\"right\" height=\"20\"><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<table width=\"97%\" border=\"0\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td valign=\"top\"><strong>\u00a0Datos Catalogaci\u00f3n:<\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"100%\" height=\"20\">\n<table width=\"100%\" border=\"0\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"2\">\n<tbody>\n<tr>\n<td height=\"20\"><strong>Lugar:<\/strong><\/td>\n<td><\/td>\n<td><strong>Modo:<\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace casi 20 a\u00f1os publiqu\u00e9 en esta misma casa, cuando muchos no sab\u00edan ni d\u00f3nde quedaba Filipinas (ni falta que les hac\u00eda), la fant\u00e1stica historia de los llamados h\u00e9roes de Baler. 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