{"id":297,"date":"2017-05-25T16:55:05","date_gmt":"2017-05-25T15:55:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=297"},"modified":"2017-05-25T16:55:05","modified_gmt":"2017-05-25T15:55:05","slug":"el-obispo-vino-de-cartagena-sin-bula","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2017\/05\/25\/el-obispo-vino-de-cartagena-sin-bula\/","title":{"rendered":"El obispo vino de Cartagena&#8230; sin bula"},"content":{"rendered":"<p>No existe la bula. En esta frase podr\u00edan resumirse siglos de desavenencias entre las ciudades de Cartagena y Murcia, primero por el traslado ilegal del obispo desde la ciudad portuaria al interior y, m\u00e1s tarde y a causa de aquello, en otras muchas cuestiones. Porque, mientras no aparezca la cacareada bula, se puede concluir que ning\u00fan Papa, bajo cuya competencia<a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/93322735.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-298 alignright\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/93322735-300x212.jpg\" alt=\"DOCU_VERDAD\" width=\"300\" height=\"212\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/93322735-300x212.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2017\/05\/93322735.jpg 575w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a> quedaba la cuesti\u00f3n, autoriz\u00f3 el cambio de sede.<\/p>\n<p>La firma del llamado Pacto de Alcaraz en 1243 someti\u00f3 sobre el papel el reino musulm\u00e1n de Murcia a la autoridad de la Corona de Castilla, aunque algunas poblaciones se resistieron, mientras pudieron, a acatar el acuerdo y la obediencia a sus nuevos se\u00f1ores. Entre aquellas ciudades figuraban Mula, Lorca y Cartagena. As\u00ed estuvieron las cosas hasta que el infante Alfonso, a quien despu\u00e9s conocer\u00edamos como el Rey Sabio, logr\u00f3 ocupar todo el territorio en 1246.<!--more--><\/p>\n<p>Apenas cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Papa Inocencio IV decretaba la restauraci\u00f3n de la remota Di\u00f3cesis de Cartagena, mediante la bula &#8216;Spiritus Exultante&#8217;, fechada en Roma el 31 de julio de 1250 y tras encargar un estudio que certificara la antig\u00fcedad de la misma. De esta forma se comprob\u00f3 que la presencia cristiana en la zona estaba documentada, cuando menos, desde principios del siglo IV. De hecho, en las actas del Concilio de Elvira, entre el a\u00f1o 300 y 313, se cita la asistencia de un obispo de Lorca.<\/p>\n<div class=\"teads-inread sm-screen\">\n<div class=\"teads-ui-components-label\">Mediante otra bula firmada apenas unos d\u00edas m\u00e1s tarde, la llamada &#8216;Corde Vigili&#8217;, el Papa tambi\u00e9n nombraba obispo de Cartagena al franciscano Pedro Gallego, gallego tambi\u00e9n de nacencia y confesor del joven infante. El Papa, sentimental que era, decidi\u00f3 con acierto mantener la denominaci\u00f3n de carthaginense para esta iglesia local.<\/div>\n<\/div>\n<p>Aunque desde otras di\u00f3cesis reclamaron la tutela de la murciana, el Pont\u00edfice la declar\u00f3 exenta y la acogi\u00f3 bajo su supervisi\u00f3n personal al considerarla como Madre de la iglesia en Espa\u00f1a. No en vano la tradici\u00f3n manten\u00eda -y mantiene- que fue el ap\u00f3stol Santiago quien extendi\u00f3 el evangelio desde Cartagena al resto de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1266, el nuevo obispo, acompa\u00f1ado por el arzobispo de Barcelona, por San Pedro Nolasco, fundador de la Orden de la Merced, y por Jaime I el Conquistador, entre otras personalidades, consagr\u00f3 la mezquita de Murcia como catedral de Santa Mar\u00eda. El Conquistador acababa de aplastar, como as\u00ed se lo hab\u00eda solicitado su yerno Alfonso, una revuelta mud\u00e9jar.<\/p>\n<p>Se celebra tambi\u00e9n este a\u00f1o, por tanto, el 750\u00ba aniversario desde aquella fecha hist\u00f3rica que viene recordando desde hace unos meses el escritor, historiador y acad\u00e9mico Antonio Mart\u00ednez Cerezo, quien ha propuesto ya a las autoridades, con escasa respuesta, la convocatoria de alg\u00fan acto que recuerde aquella entrada triunfal. Es m\u00e1s, informada la Casa Real de la efem\u00e9rides, en una cari\u00f1osa carta ha agradecido al acad\u00e9mico su propuesta de nombrar al Rey Felipe VI como presidente de los actos conmemorativos.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n reside, volviendo al traslado de la di\u00f3cesis, en que la calma que reinaba en el interior del antiguo reino faltaba en sus costas, azotadas de continuo por invasiones berberiscas y desembarcos de piratas que sembraban el terror y asolaban los sembrados o cuanto tuvieran a su alcance.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, el entonces obispo, Diego Mart\u00ednez Magaz, solicit\u00f3 al Papa Nicol\u00e1s III, all\u00e1 por el a\u00f1o 1289, el permiso para trasladar la sede de la di\u00f3cesis a Murcia, de forma que pudiera garantizar su seguridad. De hecho, como ha destacado en alguna ocasi\u00f3n el profesor Garc\u00eda del Toro, es muy probable que los obispos anteriores ya residieran en Murcia. A Mart\u00ednez Magaz no le hicieron ni caso. Pero \u00e9l dej\u00f3 pasar el tiempo. La petici\u00f3n fue reiterada al Papa Nicol\u00e1s IV. Roma, para conocer las razones del traslado, pidi\u00f3 un informe al abad de Benifaz\u00e1 (Castell\u00f3n) y al prior del convento valenciano de Porta Colei. Sin embargo, aparte de una carta confidencial sobre el asunto, no existe o no se ha encontrado nunca bula alguna que autorizase el traslado. Ni en los archivos castellanos ni en los romanos.<\/p>\n<p><b>La teor\u00eda alternativa<\/b><\/p>\n<p>Es por esta raz\u00f3n que existe otra versi\u00f3n de la historia defendida por muchos historiadores. La tesis mantiene que el obispo Mart\u00ednez Magaz decidi\u00f3 en 1291, sin que mediara bula papal alguna, trasladarse definitivamente a unas posesiones que manten\u00eda en Murcia, dejando a su suerte la catedral cartagenera, que comenzar\u00eda a degradarse, y despreciando la tradici\u00f3n y el recuerdo de los innumerables m\u00e1rtires que en ella se veneraban. S\u00ed est\u00e1 fuera de toda duda el traslado efectivo a la capital. Prueba de ello es una carta del rey Sancho IV &#8216;el Bravo&#8217; que atesora el Archivo de la Catedral de Murcia, en la que el monarca confirma la nueva situaci\u00f3n y que est\u00e1 fechada en Burgos el 27 de mayo de 1291. Incluso existe una copia posterior de la misiva.<\/p>\n<p>En la carta, en cambio, no se cita bula alguna. Adem\u00e1s, el rey, con la ley en la mano, realmente no pod\u00eda autorizar el cambio de la sede. Primero, porque la di\u00f3cesis estaba a cargo del Papa. Y segundo, porque Sancho IV hab\u00eda sido excomulgado y acusado de bigamia.<\/p>\n<p>Los cartageneros no aceptaron de buen grado el traslado y, en muy diversas ocasiones, exigieron sin \u00e9xito que se restableciera la sede en la ciudad portuaria. Garc\u00eda del Toro apunta que la primera noticia de la restituci\u00f3n de la silla episcopal se encuentra en las Actas Capitulares del ayuntamiento cartagenero, en acuerdo fechado el 4 de junio de 1555. En buena l\u00f3gica, los regidores recordaban que, una vez eliminado el problema de las invasiones berberiscas, deb\u00eda retornar el obispo y su cabildo a la ciudad.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 no fue esta la primera vez y, desde luego, no ser\u00eda la \u00faltima. Todas en vano. Pero en uno de los intentos, all\u00e1 por 1807, preguntada Roma por la existencia de la dichosa bula del traslado, desde el Vaticano respondieron: \u00abPuedo certificar que no se encuentra en ning\u00fan lugar documento alguno que trate de la traslaci\u00f3n efectuada con autoridad Pontificia de la Silla Episcopal de Cartagena a Murcia\u00bb. Claro como el agua.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No existe la bula. 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