{"id":447,"date":"2018-02-03T11:28:13","date_gmt":"2018-02-03T10:28:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=447"},"modified":"2018-02-03T11:28:34","modified_gmt":"2018-02-03T10:28:34","slug":"las-nevadas-de-la-fin-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2018\/02\/03\/las-nevadas-de-la-fin-del-mundo\/","title":{"rendered":"Las nevadas \u00abde la fin del mundo\u00bb"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_448\" style=\"width: 585px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/107872647.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-448\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-448\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/107872647.jpg\" alt=\"Instant\u00e1nea del fot\u00f3grafo L\u00f3pez que muestra a unos ni\u00f1os jugando en La Glorieta. Es de los a\u00f1os sesenta. \/ L\u00f3pez\" width=\"575\" height=\"343\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/107872647.jpg 575w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/107872647-300x179.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 575px) 100vw, 575px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-448\" class=\"wp-caption-text\">Instant\u00e1nea del fot\u00f3grafo L\u00f3pez que muestra a unos ni\u00f1os jugando en La Glorieta. Es de los a\u00f1os sesenta. \/ L\u00f3pez<\/p><\/div>\n<p>Creyeron que la fin del mundo, que en Murcia siempre se invoc\u00f3 en femenino, hab\u00eda llegado. Y no les faltaba raz\u00f3n. Sin electricidad ni agua potable, \u00e1rboles derrumbados sobre las calles, tejados hundidos y heridos, muchos heridos. Y todo porque una espesa capa de nieve, que en algunos lugares alcanz\u00f3 el metro de altura, hab\u00eda cubierto la ciudad. Sucedi\u00f3 en 1926 y a\u00fan hoy se considera la m\u00e1s terrible nevada que se recuerda. Y eso que se recuerdan otras muchas.<!--more--><\/p>\n<p>Para no ahondar demasiado en el pasado, las cr\u00f3nicas del siglo XVII ya consignaron la fecha del 27 de enero de 1681, cuando una tempestad de nieve arruin\u00f3 gran parte de la vega murciana. O aquella del 4 de junio de 1755, la m\u00e1s curiosa de toda la historia y que, casi en pleno verano, cubri\u00f3 Carrascoy con un blanco manto. Sin olvidar que otra nevada en 1802 caus\u00f3 el hundimiento de muchos tejados en la capital. En los pozos de nieve de Sierra Espu\u00f1a se recogieron hasta 2.000 toneladas, el suministro de dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>En otras ocasiones, porque el tiempo murciano es tan parad\u00f3jico como el resto de cosas que conforman nuestra idiosincrasia, lleg\u00f3 a nevar en abril. Eso sucedi\u00f3 en 1910. El genial periodista Mart\u00ednez Tornel, en su columna titulada &#8216;Diario de Murcia&#8217; en el peri\u00f3dico &#8216;El Liberal&#8217;, notici\u00f3 que \u00abayer [d\u00eda primero del mes] amanecieron nuestras pr\u00f3ximas sierras de coso blanco\u00bb, en recuerdo de la fiesta en que los murcianos ricos se vest\u00edan de ese color para dar vueltecitas en carrozas, m\u00e1s o menos.<\/p>\n<div id=\"roba_cintillo\"><\/div>\n<aside class=\"compSumario\"><b>Las ramas de los \u00e1rboles, junto a los tendidos el\u00e9ctricos, comenzaron a desplomarse en 1926<\/b><\/aside>\n<p>Tornel se sorprend\u00eda de que nevara \u00abcuando todos los frutales de nuestra huerta est\u00e1n en sus primeros y tiernos brotes, cuando el inmenso moreral est\u00e1 echando las m\u00e1s tiernas hojitas, que han de alimentar a los gusanos de la seda\u00bb. Y advert\u00eda de las consecuencias que el temporal pod\u00eda acarrear a la huerta. \u00abEl consuelo que nos queda es que en ocho d\u00edas har\u00e1 calor\u00bb, conclu\u00eda el recordado murciano. Paradojas, como leen.<\/p>\n<p>Otra espectacular nevada cay\u00f3 en la madrugada del 2 de enero de 1914 y se extendi\u00f3 hasta entrado el mediod\u00eda. A la nieve sucedi\u00f3 un brusco descenso de la temperatura que la convirti\u00f3 en hielo, provocando muy diversas calamidades, lo que constituy\u00f3 \u00abuno de los azotes m\u00e1s grandes que ha conocido\u00bb la huerta, como recordar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde &#8216;El Liberal&#8217;.<\/p>\n<p><b>Primer d\u00eda de Pascua<\/b><\/p>\n<div id=\"attachment_451\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/VF0DDBC1.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-451\" loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-451\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/VF0DDBC1-300x209.jpg\" alt=\"Un grupo de peque\u00f1os durante la nevada de 1951.\" width=\"300\" height=\"209\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/VF0DDBC1-300x209.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/VF0DDBC1-768x534.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/VF0DDBC1-1024x713.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-451\" class=\"wp-caption-text\">Un grupo de peque\u00f1os durante la nevada de 1951.<\/p><\/div>\n<p>Si alguna nevada merece el adjetivo de hist\u00f3rica, sin duda y porque la del 18 de enero de 2017 nos queda a\u00fan cerca, fue la ca\u00edda sobre Murcia en la Navidad de 1926. La nieve apareci\u00f3 a las 23.30 horas del d\u00eda 25. Muchos se apresuraron a celebrar el fen\u00f3meno, creyendo que era pasajero. Sin embargo, el amanecer revel\u00f3 un panorama incre\u00edble.<\/p>\n<p>Todas las calles ten\u00edan una capa de nieve que alcanzaba los 30 cent\u00edmetros de espesor, los mismos que presionaban los tejados de numerosas viviendas. Pero al tratarse del primer d\u00eda de Pascua, los afectados no encontraban obreros que les ayudaran a descargar tanto peso. Algunos, incluso, acudieron al ayuntamiento para que les \u00abfacilitaran nombres, cuyos jornales ser\u00edan pagados por ellos; m\u00e1s todo fue en vano. En la Casa del Pueblo no hab\u00eda m\u00e1s que dos guardias de servicio\u00bb, denunciaron los peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n empeor\u00f3 el domingo: la nieve aguantaba el deshielo. Las ramas de los \u00e1rboles y los tendidos el\u00e9ctricos comenzaron a derrumbarse sobre calles impracticables. El alumbrado p\u00fablico y el de los hogares, el tel\u00e9fono y el tel\u00e9grafo dejaron de funcionar. Tambi\u00e9n se interrumpi\u00f3 el suministro de agua. El ficus de Santo Domingo, aunque apuntalado, dej\u00f3 caer algunas ramas. Un desbarajuste.<\/p>\n<p>Ya entrada la noche volvi\u00f3 a nevar, \u00abhaciendo que la nieve, tanto en las calles como en las terrazas, alcanzara una altura de gran consideraci\u00f3n\u00bb, como se\u00f1alaba &#8216;El Liberal&#8217;. En algunos lugares incluso el metro. \u00abLa ciudad qued\u00f3 convertida en un cementerio desde las \u00faltimas horas de la tarde\u00bb. Las cosechas de naranjas y hortalizas se perdieron. Los da\u00f1os a la agricultura se cifraron en 150 millones de pesetas. El tranv\u00eda, como el resto de carruajes, suspendi\u00f3 sus servicios.<\/p>\n<p><b>Hasta el pan escaseaba<\/b><\/p>\n<p>Al llegar el lunes, no se instalaron los puestos en la plaza de abastos y hasta el pan escaseaba porque algunas panader\u00edas funcionaban con hornos el\u00e9ctricos. Un desastre, vamos. A\u00fan hoy, ninguna nevada ha sido tan intensa como aquella.<\/p>\n<p>A comienzos del mes de febrero de 1942 retorn\u00f3 la nieve a cubrir la ciudad. Y vino a hacerlo un domingo, lo que anim\u00f3 a muchos a salir a las calles, abundando las ca\u00eddas casi tanto como las subidas a la torre de la Catedral \u00abpara gozar de la belleza del panorama\u00bb, como destac\u00f3 el rotativo &#8216;L\u00ednea&#8217;. Jardines y calles nevadas donde apenas se registraron incidentes, como un par de \u00e1rboles que se desplomaron en Ronda de Garay. Aquel temporal tambi\u00e9n caus\u00f3 problemas en el suministro de hortalizas y verduras a los mercados murcianos.<\/p>\n<p>En febrero de 1956 se produjo una sucesi\u00f3n de invasiones de aire polar y \u00e1rtico siberiano que en Murcia hicieron descender los term\u00f3metros hasta -3,4 grados. Este episodio tambi\u00e9n est\u00e1 considerado como uno de los hist\u00f3ricos fr\u00edos en la serie cronol\u00f3gica. La nieve no se hizo esperar muchos a\u00f1os. El 18 de enero de 1957 volv\u00eda a repetirse el prodigio en la ciudad, que se cubri\u00f3 de un manto blanco, aunque la lluvia pronto lo hizo diluirse.<\/p>\n<p>La temperatura m\u00ednima registrada aquel d\u00eda fue de -1,4 grados a las nueve de la ma\u00f1ana. A las cuatro de la tarde, la m\u00e1xima no super\u00f3 los 3,4 grados. Los diarios llegaron a titular que el mercurio hab\u00eda ca\u00eddo hasta los cinco grados bajo cero. Aunque la nieve no volver\u00eda a caer con gracia en la ciudad hasta marzo de 1971. Y luego, por todo lo alto, el 13 de febrero de 1983.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Creyeron que la fin del mundo, que en Murcia siempre se invoc\u00f3 en femenino, hab\u00eda llegado. Y no les faltaba raz\u00f3n. Sin electricidad ni agua potable, \u00e1rboles derrumbados sobre las calles, tejados hundidos y heridos, muchos heridos. 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