{"id":455,"date":"2018-02-09T11:59:37","date_gmt":"2018-02-09T10:59:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=455"},"modified":"2018-02-09T11:59:37","modified_gmt":"2018-02-09T10:59:37","slug":"los-disfraces-ilegales-del-carnaval-sucio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2018\/02\/09\/los-disfraces-ilegales-del-carnaval-sucio\/","title":{"rendered":"Los disfraces ilegales del &#8216;carnaval sucio&#8217;"},"content":{"rendered":"<div class=\"p\">\n<div id=\"attachment_458\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/Mujeres-ok.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-458\" loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-458\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/02\/Mujeres-ok-300x242.jpg\" alt=\"J\u00f3venes murcianas en el Casino. 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Por tanto, los murcianos pod\u00edan elegir el disfraz que quisieran, siempre que no fuera de cura u obispo, monja, alcalde, guardia civil, cartero, gobernador y, si me apuran, ordenanza. Pero no eran las \u00fanicas prohibiciones que se establec\u00edan. Eso s\u00ed, burlar a la autoridad acaso fuera el principal aliciente de la festividad.<\/p><\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\">La celebraci\u00f3n del Carnaval en Murcia supon\u00eda una fiesta casi espont\u00e1nea, que brotaba en distintos lugares seg\u00fan la alcurnia de quien la protagonizara. As\u00ed, junto al Malec\u00f3n se congregaba un gent\u00edo de m\u00e1scaras, a menudo ataviadas con trajes burdos y desali\u00f1ados, confeccionados con almohadones o s\u00e1banas y harapos, que portaban jaulas con ratas o cucarachas para asustar al personal. Era el llamado Carnaval Sucio, tan diferente de las espl\u00e9ndidas fiestas que organizara el Casino de Murcia. De esc\u00e1ndalo -aunque comedido, claro- fue la velada del Carnaval de 1887, cuando los murcianos contemplaron la presentaci\u00f3n de las nuevas l\u00e1mparas que engalanan desde entonces el espl\u00e9ndido sal\u00f3n Luis XV.<\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\">Muy cerca del Malec\u00f3n, desde donde brotaba la algarab\u00eda ensordecedora del Carnaval m\u00e1s popular, con su griter\u00edo y el ruido de cacerolas, ca\u00f1as y postizas, se organizaba otra concentraci\u00f3n de comparsas, en esta ocasi\u00f3n m\u00e1s recatada y elegante. Era en el antiguo parque Ruiz Hidalgo, renombrado despu\u00e9s con poco acierto Jard\u00edn Chino, y cuyo nombre recuperar\u00e1 despu\u00e9s de la actual rehabilitaci\u00f3n gracias a la propuesta del Plan Murcia que se fue.<\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\">Los carnavales murcianos, en seg\u00fan qu\u00e9 \u00e9pocas, supon\u00edan un quebradero de cabeza para la autoridad municipal. Los desmanes propios del jolgorio, a menudo, adem\u00e1s de indignar a los m\u00e1s beatos, lograban incomodar a los vecinos del com\u00fan. La situaci\u00f3n lleg\u00f3 a tal extremo que, en sucesivos a\u00f1os, fue necesaria la regulaci\u00f3n de la fiesta a trav\u00e9s de un bando del Ayuntamiento de Murcia. El an\u00e1lisis de estos bandos, aparte de sabroso, evidencia el control que el gobernante desplegaba sobre sus ciudadanos. Y la primera era en la frente. As\u00ed, el art\u00edculo primero establec\u00eda que el uso de las m\u00e1scaras quedaba restringido entre las dos de la tarde \u00abhasta las primeras oraciones\u00bb. Despu\u00e9s, era obligado descubrirse.<\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\"><strong class=\"strong\">Ojo con el decoro<\/strong><\/div>\n<div class=\"p\">El bando del Carnaval prohib\u00eda tambi\u00e9n los disfraces \u00abpropios de autoridades, as\u00ed civiles como militares o eclesi\u00e1sticas, ni tampoco ostentar condecoraciones o distintivos oficiales\u00bb. Por supuesto, estaba penado cualquier vestido \u00abindecoroso o deshonesto\u00bb y los taberneros deb\u00edan obligar a sus parroquianos a quitarse las m\u00e1scaras antes de entrar al establecimiento. M\u00e1s l\u00f3gica parece la prohibici\u00f3n de arrojar objetos \u00abque puedan incomodar al transe\u00fante\u00bb; pero sorprende que el Ayuntamiento se viera en la necesidad de prohibir \u00abtoda clase de armas\u00bb. Ya entonces -y escribimos de la d\u00e9cada de 1870- la colocaci\u00f3n de sillas para contemplar las comparsas estaba bien regulada. S\u00f3lo se permit\u00eda una l\u00ednea de sillas a cada lado de las calles, si ello no perjudicaba la circulaci\u00f3n de carros y carretas. Y si los due\u00f1os de los edificios daban su benepl\u00e1cito. Entretanto, tampoco se pod\u00eda cobrar a los usuarios m\u00e1s de \u00ab10 c\u00e9ntimos de pesetas por cada asiento\u00bb.<\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\">Durante los tres d\u00edas de Carnaval, las comparsas \u00abque acostumbran a distraer al p\u00fablico con m\u00fasicas, canciones o peroratas\u00bb ten\u00edan prohibido detenerse en las calles, aunque s\u00ed pod\u00eda hacerlo en las plazas, sitios m\u00e1s amplios donde era m\u00e1s dif\u00edcil molestar a la circulaci\u00f3n. Curiosamente, el propio Consistorio tambi\u00e9n ordenaba el tr\u00e1nsito de todo tipo de carruajes en las calles Salcillo, Plater\u00eda, Pascual, Frener\u00eda y Arenal \u00abdesde las dos hasta el oscurecer\u00bb.<\/div>\n<div class=\"p\"><\/div>\n<div class=\"p\">Seg\u00fan el Bando de Carnaval de 1887, firmado por \u00abel alcalde accidental Carlos Garc\u00eda Clemenc\u00edn\u00bb, aquellos ciudadanos que no observaran estas reglas de comportamiento deb\u00edan ser conducidos \u00aba la c\u00e1rcel correccional\u00bb. Los encargados de denunciar las faltas eran \u00ablos tenientes de alcalde, los alcaldes de barrio\u00bb y hasta los \u00abdependientes de esta alcald\u00eda\u00bb, bajo cuyo criterio quedaba el cumplimiento de \u00abla fiel observancia de los preceptuado\u00bb. A\u00fan as\u00ed, a\u00f1o tras a\u00f1o, era necesario volver a decretar un bando al que nadie sol\u00eda prestar demasiada atenci\u00f3n.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los participantes del Carnaval en la Murcia de finales del siglo XIX pod\u00edan acabar entre rejas. Y no porque fueran disfrazados de presos. M\u00e1s bien, por vestirse \u00abcon trages propios de autoridades, as\u00ed civiles como militares o eclesi\u00e1sticas\u00bb. 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