{"id":541,"date":"2019-09-12T08:43:16","date_gmt":"2019-09-12T07:43:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=541"},"modified":"2019-09-12T08:43:16","modified_gmt":"2019-09-12T07:43:16","slug":"desmonta-el-balcon-que-viene-la-riada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2019\/09\/12\/desmonta-el-balcon-que-viene-la-riada\/","title":{"rendered":"\u00ab\u00a1Desmonta el balc\u00f3n que viene la riada!\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Palafitos huertanos. Esa fue la curiosa idea propuesta tras la tr\u00e1gica riada de Santa Teresa, aquella hist\u00f3rica avenida que arras\u00f3 la vega el 15 de octubre de 1879. Apenas dos meses m\u00e1s tarde, la Junta de Socorros de Madrid aprob\u00f3 el impulso a la construcci\u00f3n de 200 barracas en la huerta, con la particularidad de que se construir\u00edan sobre pilares para facilitar el paso de las aguas en caso de avenida. El autor del proyecto era el arquitecto municipal Jos\u00e9 Mar\u00edn Baldo. Y su idea no era tan descabellada.<\/p>\n<p>El diario &#8216;La Paz de Murcia&#8217;, en su portada del 16 de diciembre, anunciaba que ya se hab\u00eda redactado el pliego de condiciones \u00abpara sacar a subasta la construcci\u00f3n de 200 barracas [&#8230;] con arreglo al proyecto del se\u00f1or Mar\u00edn Baldo\u00bb. Por aquellos a\u00f1os, el arquitecto era conocido tras el \u00e9xito cosechado en la Exposici\u00f3n Universal de Filadelfia de 1876, donde recibi\u00f3 una Medalla de Oro por otro descomunal proyecto de un monumento a Col\u00f3n.<\/p>\n<p>La revista madrile\u00f1a &#8216;La Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana&#8217; destacaba el 31 de diciembre que Mar\u00edn Baldo, por ser murciano, ten\u00eda \u00abun perfecto conocimiento de aquella regi\u00f3n y de las necesidades de su poblaci\u00f3n agr\u00edcola\u00bb. El proyecto reun\u00eda las condiciones id\u00f3neas de solidez \u00aby distribuci\u00f3n bien entendida, sin excluir cierta elegancia en la forma\u00bb.<\/p>\n<p>El arquitecto tampoco descuid\u00f3 la necesaria higiene de cada barraca, respetando \u00ablas costumbres tradicionales del pueblo laborioso\u00bb que hab\u00eda de habitarlas, haci\u00e9ndolas incluso aptas para \u00abla cr\u00eda de gusanos de seda, industria cuya importancia en la huerta de Murcia es bien conocida\u00bb. Las barracas se alzaban sobre varios pilares de ladrillo, piedra o madera que, adem\u00e1s, permit\u00edan crear un espacio debajo de ellas, de 2,40 metros de altura, para dedicarlo a establo y que, seg\u00fan la misma revista, permitir\u00eda \u00abeconomizar un terreno de valor no insignificante en aquella regi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Cada una de las barracas se presupuest\u00f3 en 635,04 pesetas. El redactor se\u00f1alaba que su solidez les permitir\u00eda resistir \u00abvictoriosamente el \u00edmpetu de las corrientes en el desgraciado caso\u00bb de repetirse una riada similar a la de Santa Teresa. Pero incluso si eso suced\u00eda, Mar\u00edn Baldo incorpor\u00f3 al dise\u00f1o un detalle sorprendente: un balc\u00f3n que, llegado el caso, se convert\u00eda en balsa con capacidad suficiente para salvar a una familia.<\/p>\n<h3>Ocho metros cuadrados<\/h3>\n<p>El balc\u00f3n estaba ubicado en la parte posterior de la barraca, a la que se acced\u00eda mediante una empinada escalera. Junto a ella se alzaba, como no pod\u00eda ser de otra manera, la parra. Mar\u00edn Baldo daba m\u00e1s detalles en una carta publicada el 21 de diciembre de 1879 en &#8216;El Semanario Murciano&#8217;.<\/p>\n<p>En su quinta p\u00e1gina, aclaraba que el balc\u00f3n ten\u00eda cuatro metros de longitud por dos de ancho y que pod\u00eda servir \u00abpara tender ropas y semillas a secar\u00bb, como espacio donde los ni\u00f1os pod\u00edan jugar sin peligro \u00aby para colocar los gusanos al sol, con m\u00e1s seguridad que a la puerta, como tienen de costumbre\u00bb.<\/p>\n<p>Llegado el caso, seg\u00fan el arquitecto, esa parte de la estructura \u00abse desprender\u00eda como una balsa que podr\u00eda servir de salvamento a la familia, los enseres principales dom\u00e9sticos y acaso tambi\u00e9n los animales de corral y labor\u00bb.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n de estas modernas barracas, en cualquier caso, no fue tan r\u00e1pida como se esperaba. Casi un a\u00f1o despu\u00e9s, el 16 de noviembre de 1879, durante una reuni\u00f3n de la Junta de Socorros de Murcia, que fue publicada en el Bolet\u00edn Oficial de la Provincia del 10 de diciembre de aquel a\u00f1o, result\u00f3 evidente el retraso en el proyecto y las dudas acerca de cu\u00e1ntas casas se iban a levantar.<\/p>\n<p>Uno de los vocales de la Junta manifest\u00f3 que, \u00abdesconoci\u00e9ndose, como se desconoce, el n\u00famero de viviendas que la Junta Central de Socorros de Madrid se propone construir\u00bb, era necesario articular unas bases para que el reparto fuera justo y equitativo entre todos los necesitados.<\/p>\n<h3>Sala, alcoba y &#8216;trespol&#8217;<\/h3>\n<p>El profesor Isidoro Reverte defini\u00f3 en su d\u00eda la barraca, sin atisbo alguno de poes\u00eda, como \u00abla vivienda elemental en la que vive una familia de modestos agricultores intensivos, cavadores y no labradores, jardineros m\u00e1s que agricultores, que apenas tienen productos para guardar\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque a mediados del siglo XVIII era la vivienda m\u00e1s abundante en la huerta, con unas 4.249, fueron desapareciendo hasta perderse ya entrado el siglo XX. Realizadas con adobes y paja, su techumbre de dos aguas empinadas se confeccionaba con ca\u00f1as sujetas por cuerdas de esparto que se cubr\u00edan de paja y albard\u00edn, una especie tambi\u00e9n similar al esparto.<\/p>\n<p>El profesor Francisco Calvo, en su obra &#8216;Continuidad y cambio en la huerta de Murcia&#8217;, describ\u00eda las dos partes de que sol\u00eda constar cada barraca. La primera y mayor \u00abera pieza de m\u00faltiples usos: comedor, cocina, habitaci\u00f3n de estar, despensa&#8230;\u00bb. A ella se sumaba la alcoba, al fondo de la barraca y muy reducida, formada por \u00abunos cuantos colchones de paja de ma\u00edz sobre tablas\u00bb.<\/p>\n<p>En las barracas m\u00e1s grandes, se ubicaba encima de este cuarto un entrepiso o c\u00e1mara denominada &#8216;trespor&#8217; o &#8216;trespol&#8217; en algunas zonas de la huerta. Afuera, el horno, el fog\u00f3n y el emparrado. Y la llamada &#8216;barraqueta&#8217;, que Francisca Soldevila describi\u00f3 en un art\u00edculo titulado &#8216;La barraca murciana&#8217; como \u00abgallinero y cuadra en una pieza\u00bb. Y sin olvidar la inevitable b\u00fasqueda de la protecci\u00f3n del cielo, tan bien resumida en el antiguo refr\u00e1n: \u00abCasa bien puesta, la cruz en la puerta\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Palafitos huertanos. Esa fue la curiosa idea propuesta tras la tr\u00e1gica riada de Santa Teresa, aquella hist\u00f3rica avenida que arras\u00f3 la vega el 15 de octubre de 1879. 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