{"id":650,"date":"2020-05-12T12:24:50","date_gmt":"2020-05-12T11:24:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=650"},"modified":"2020-05-12T16:39:53","modified_gmt":"2020-05-12T15:39:53","slug":"la-enfermera-rojaque-vino-de-harlem","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2020\/05\/12\/la-enfermera-rojaque-vino-de-harlem\/","title":{"rendered":"La enfermera &#8216;roja&#8217;que vino de Harlem"},"content":{"rendered":"<p>Hab\u00eda que salvar a un soldado malherido; pero aquello no era, ciertamente, una novedad. Como tampoco a nadie sorprend\u00eda que ya no quedaran vendas o que el ca\u00f1o del agua ni goteara. Las linternas parpadeaban. Uno de los cirujanos le pidi\u00f3 a Salaria Kea, con la prudencia que requer\u00eda conocer el car\u00e1cter reaccionario de la enfermera, que llenara unas bolsas de agua caliente. Ella corri\u00f3 por los pasillos sin luces, oscuros como su piel. Al comprobar que no hab\u00eda suministro y lo \u00fanico caliente que quedaba en todo el hospital era una sopa sobre el fog\u00f3n, no dud\u00f3 en meterla en las bolsas. El soldado sobrevivi\u00f3. Y lo m\u00e1s sorprendente es que acaso sus nietos est\u00e9n leyendo hoy esta historia sin conocer qui\u00e9n fue Salaria Kea.<a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-653\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw-300x217.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"217\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw-300x217.png 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/1_BVt39gXrkRGiuXBgyUEYrw.png 587w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Una mujer comprometida<\/strong><\/p>\n<p>Salaria naci\u00f3 en Georgia, conocido como el estado del melocot\u00f3n, al norte de Florida, en el a\u00f1o 1917. Su padre era un asistente de un hospital psiqui\u00e1trico, donde fue apu\u00f1alado cuando ella apenas era una ni\u00f1a. Junto a sus tres hermanos y su madre, la familia emigr\u00f3 a Ohio. All\u00ed se convertir\u00eda en enfermera. Logr\u00f3 un empleo en la Escuela de Enfermer\u00eda del hospital de Harlem.<\/p>\n<p>Pronto comprendi\u00f3 que eran los negros quienes deb\u00edan luchar por hacer valer sus derechos y adquiri\u00f3 cierta popularidad al encabezar una campa\u00f1a contra la segregaci\u00f3n racial. La joven enfermera tambi\u00e9n encabez\u00f3, en 1935, otra campa\u00f1a para organizar la asistencia m\u00e9dica en Etiopia, tras ser invadida por Italia.<\/p>\n<p>En 1936, Salaria Kea estaba convencida de que la igualdad se gana d\u00eda a d\u00eda, segundo a segundo. Pese a ello, quiz\u00e1 le cost\u00f3 digerir el desprecio que sinti\u00f3 al solicitar ser voluntaria de Cruz Roja. Las inundaciones hab\u00edan devastado Ohio y la joven, ya experimentada enfermera, se dispuso a ayudar a los damnificados en cuanto pudiera. Sin embargo, fue rechazada. Como revelar\u00eda muchos a\u00f1os despu\u00e9s, \u00abla \u00fanica raz\u00f3n, seg\u00fan se me dijo, es que mi piel causar\u00eda m\u00e1s problemas que lo que podr\u00eda ayudar\u00bb. Indignada regres\u00f3 a Harlem, donde conoci\u00f3 a trav\u00e9s de la prensa \u00abla forma en que Alemania estaba tratando a los jud\u00edos&#8230; era como el Ku Klux Klan\u00bb y se enfureci\u00f3 \u00abcon las noticias de los bombardeos de Hitler contra los civiles espa\u00f1oles\u00bb.<\/p>\n<p><strong>El batall\u00f3n Abraham Lincoln<\/strong><\/p>\n<p>En 1937, Salaria se enrol\u00f3 en el Batall\u00f3n Abraham Lincoln. Este batall\u00f3n fue una organizaci\u00f3n de voluntarios estadounidenses, integrado por unidades de las Brigadas Internacionales que apoyaron la Segunda Rep\u00fablica Espa\u00f1ola en la Guerra Civil.<\/p>\n<p>Los componentes del batall\u00f3n, que por extensi\u00f3n cedi\u00f3 su nombre a cuantos efectivos llegaban desde Estados Unidos, eran en su mayor\u00eda afiliados al Partido Comunista de los Estados Unidos o a otras organizaciones obreras socialistas. Los primeros voluntarios partieron de Nueva York el 25 de diciembre de 1936 y su destino fue Albacete.<\/p>\n<p>El 27 de marzo de 1937, Salaria naveg\u00f3 en el SS Paris, acompa\u00f1ada por otras 12 enfermeras y un grupo de m\u00e9dicos dirigido por el cirujano Edward K. Barsky. Durante el trayecto, ninguno de ellos sospech\u00f3 el trabajo que les aguardaba al llegar a Espa\u00f1a. Su primer destino fue Villa Paz, un hospital de campa\u00f1a a las afueras de Madrid. Pronto descubri\u00f3 las graves carencias hospitalarias de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda suministros tan elementales como agua caliente y vendajes. Hasta el extremo de que tuvieron que improvisar complicadas operaciones de cabeza o de pecho, \u00abs\u00f3lo iluminados por la luz de las linternas\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Ni rastro de su paso<\/strong><\/p>\n<p>Cuando Salaria Kea abandon\u00f3 Espa\u00f1a, despu\u00e9s de ser capturada por el Ej\u00e9rcito Nacional y escapar, su memoria qued\u00f3 sepultada por cuarenta a\u00f1os de Dictadura. Nadie nunca se atrevi\u00f3 a escribir una l\u00ednea de alabanza a la tarea que realiz\u00f3, al menos dentro de nuestras fronteras. El recuerdo de esta hero\u00edna, como el de tantos otros, se convirti\u00f3 en anatema.<\/p>\n<p>Uno de los lugares donde Salaria pudo prestar sus servicios fue el colegio marista de La Merced. En 1935, se adquiri\u00f3 por compra este centro a los Hermanos Maristas, cre\u00e1ndose all\u00ed la Facultad de Filosof\u00eda y Letras y la Universidad de Murcia en general. Sin embargo, al inicio de la Guerra Civil, la facultad fue reconvertida en hospital de las Brigadas Internacionales. As\u00ed permaneci\u00f3 hasta 1939, cuando regres\u00f3 la actividad acad\u00e9mica, con apenas unos cuantos profesores y alrededor de 300 alumnos.<\/p>\n<div id=\"attachment_627\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/colegio-maristas-guerra-civil.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-627\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-627\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/colegio-maristas-guerra-civil-209x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"430\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/colegio-maristas-guerra-civil-209x300.jpg 209w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2020\/05\/colegio-maristas-guerra-civil.jpg 619w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-627\" class=\"wp-caption-text\">El colegio &#8216;La Merced&#8217;, convertido en hospital durante la Guerra Civil.<\/p><\/div>\n<p>Muy pronto se hizo necesario ampliar las instalaciones y las Brigadas Internacionales habilitaron el Santuario de la Fuensanta. Entretanto, en Archena se manten\u00eda otro centro m\u00e9dico, en este caso mixto: era gestionado por el Ej\u00e9rcito Popular y las Brigadas.<\/p>\n<p>Salaria describi\u00f3 despu\u00e9s que las camas de los hospitales donde trabaj\u00f3 se llenaban de \u00absoldados de casi todas las razas: checos de Praga y de pueblos bohemios, h\u00fangaros, franceses y finlandeses, alemanes e italianos, exiliados o escapados de campos de concentraci\u00f3n; et\u00edopes de Djibouti, que intentaban recuperar la libertad de Etiop\u00eda estrangulando las fuerzas de Mussolini en Espa\u00f1a [&#8230;], negros de los estados del Sur de Estados Unidos. Estas diferencias de razas, color, nacionalidad y religi\u00f3n se superaron para hacer de Espa\u00f1a la tumba del fascismo\u00bb.<\/p>\n<p>La enfermera que el poeta americano Langston Hughes describi\u00f3 entonces como \u00abuna delgada muchacha color chocolate\u00bb supo emplear cuanto la rodeaba para salvar vidas. Poco le importaba el intenso debate que divid\u00eda a muchos americanos. Salaria Kea fue capturada por el ej\u00e9rcito de Franco y, durante algunas semanas, fue testigo de innumerables fusilamientos. Por suerte, logr\u00f3 escapar y huir a su pa\u00eds, desde donde sigui\u00f3 impulsando la causa de la Rep\u00fablica. Durante la Segunda Guerra Mundial regres\u00f3 a Europa, conoci\u00f3 a un irland\u00e9s y se cas\u00f3.<\/p>\n<p>La pareja vivi\u00f3 muchos a\u00f1os en una casa de Nueva York, para regresar m\u00e1s tarde a su ciudad natal. All\u00ed falleci\u00f3 en mayo de 1990. Y ahora, justo 17 a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, mientras la exposici\u00f3n neoyorquina la devuelve a la actualidad, acaso como un homenaje aplazado, se publica el rostro de aquella delgada muchacha color chocolate que se jug\u00f3 la vida por salvar la vida de tantos murcianos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda que salvar a un soldado malherido; pero aquello no era, ciertamente, una novedad. Como tampoco a nadie sorprend\u00eda que ya no quedaran vendas o que el ca\u00f1o del agua ni goteara. Las linternas parpadeaban. 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