{"id":677,"date":"2020-06-29T09:00:45","date_gmt":"2020-06-29T08:00:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/?p=677"},"modified":"2020-06-29T09:00:45","modified_gmt":"2020-06-29T08:00:45","slug":"una-segunda-oleada-de-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/lamurciaquenovemos\/2020\/06\/29\/una-segunda-oleada-de-muerte\/","title":{"rendered":"Una segunda oleada de muerte"},"content":{"rendered":"<p>Cines y teatros cerrados, clases escolares y entierros suspendidos, familias enteras confinadas. Eso padecieron los murcianos de hace un siglo durante el rebrote de aquella epidemia de 1918, hoy tan conocida pues nos recuerda la actual. Cuando creyeron que lo peor hab\u00eda pasado, tras el verano lleg\u00f3 la terrible segunda oleada. Y fue un infierno.<\/p>\n<p>El 16 de octubre de 1918 abr\u00eda su portada el diario &#8216;El Liberal&#8217; con un enorme titular donde advert\u00eda de que la epidemia aumentaba en la ciudad de Murcia. Sin embargo, de la setentena larga de m\u00e9dicos que operaban en el municipio apenas veinte hab\u00edan remitido los partes solicitados por la administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los datos, sin duda parciales, establec\u00edan aquella semana que los contagiados en la capital ascend\u00edan a 63 vecinos, a quienes se sumaban otros 143 en la huerta y solo una decena en el campo. Pero ya deb\u00edan de ser cientos. Las llamadas estufas de desinfecci\u00f3n se instalaron en algunos puntos, entre ellos los hogares de varios empleados de Tel\u00e9fonos que resultaron contagiados.<\/p>\n<div class=\"voc-detail-summary\">\n<p>Murcia, a diferencia de Cartagena, no someti\u00f3 a cuarentena a los viajeros del tren<\/p>\n<\/div>\n<p>Pese a todo, los murcianos a\u00fan no sab\u00edan a ciencia cierta la magnitud de la llamada \u00abenfermedad reinante\u00bb. De hecho, &#8216;El Liberal&#8217; denunciaba que \u00ablo ignoramos, pues que nos parecen enormemente optimistas las &#8216;notas oficiosas&#8217; que expiden los centros p\u00fablicos a la Prensa diaria\u00bb.<\/p>\n<p>Entre estos centros estaban, ni m\u00e1s ni menos, que los propios registros civiles de los juzgados. Entretanto, seg\u00fan el diario, no se obligaba a los hosteleros a desinfectar sus locales cada d\u00eda, segu\u00eda emple\u00e1ndose papel de peri\u00f3dico para envolver los alimentos y tranv\u00edas y trenes, incluso los carruajes mortuorios, se usaban sin una posterior limpieza.<\/p>\n<figure class=\"voc-inner-figure\">\n<div class=\"voc-height-auto\"><img src=\"https:\/\/static1.laverdad.es\/www\/multimedia\/202006\/28\/media\/cortadas\/151303091-k0cB--624x385@La%20Verdad.jpg\" alt=\"La mortandad de la segunda oleada fue brutal, seg\u00fan este gr\u00e1fico.\" \/><\/div><figcaption class=\"figure-caption\"><span class=\"voc-photo-caption\">La mortandad de la segunda oleada fue brutal, seg\u00fan este gr\u00e1fico.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>Quiz\u00e1 lo m\u00e1s grave fue que Murcia, a diferencia de otras capitales como Cartagena, no abri\u00f3 pabellones en su estaci\u00f3n de trenes para que los viajeros fueran \u00abreconocidos y fumigados\u00bb por los m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>\u00abAl pueblo hay que decirle toda la verdad, mostrando los hechos ciertos\u00bb, clamaba el redactor de &#8216;El Liberal&#8217;. Aunque el pueblo pod\u00eda imaginar qu\u00e9 suced\u00eda. As\u00ed, entre el 16 y el 17 de octubre fallecieron en la ciudad 31 personas.<\/p>\n<figure class=\"voc-inner-figure\">\n<div class=\"voc-height-auto\"><img src=\"https:\/\/static.laverdad.es\/www\/multimedia\/202006\/28\/media\/cortadas\/151303090-k0cB--624x385@La%20Verdad.jpg\" alt=\"Portada para la historia que marc\u00f3 en octubre de 1918 el inicio del repunte de casos.\" \/><\/div><figcaption class=\"figure-caption\"><span class=\"voc-photo-caption\">Portada para la historia que marc\u00f3 en octubre de 1918 el inicio del repunte de casos.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>Pero igual fueron m\u00e1s. &#8216;El Liberal&#8217; recordaba que, a partir del d\u00eda 17, solo se contabilizar\u00edan aquellas muertes que estuvieran firmadas por m\u00e9dicos. El 20 de octubre se traslad\u00f3 a la Patrona, la Virgen de la Fuensanta, desde su santuario a la Catedral.<\/p>\n<h3>Se acabaron las misas<\/h3>\n<p>Lo hicieron en el autom\u00f3vil del senador Isidoro de la Cierva. Aunque la trajeron de inc\u00f3gnito, la noticia pronto se extendi\u00f3 y con ella la afluencia de fieles al templo, que colmaron hasta la bandera, y espolearon no pocos contagios.<\/p>\n<p>El aumento en el n\u00famero de fallecidos no fren\u00f3 los cultos religiosos. Todas las parroquias celebraban el mes del rosario con misas cada tarde. El obispo animaba en una circular a acudir a las rogativas p\u00fablicas que se celebraban en la Catedral.<\/p>\n<p>El Ayuntamiento extrem\u00f3 entonces las prohibiciones. Los f\u00e9retros de los fallecidos no pod\u00edan entrar a las iglesias. Apenas pod\u00edan detenerse unos segundos en sus atrios para recibir la bendici\u00f3n y seguir al cementerio. Las campanas no sonaban porque \u00abponen en alarma al vecindario\u00bb. De igual forma, se redujeron todos los cultos.<\/p>\n<p>Los caf\u00e9s y restaurantes comenzaron a desinfectarse dos veces al d\u00eda, so pena de graves multas; los vecinos ten\u00edan que barrer sus puertas y en los lavaderos se instalaron calderas de vapor para la ropa sucia. Sin embargo, el Consistorio se neg\u00f3 a suspender los mercados semanales. La gente ten\u00eda que comer.<\/p>\n<p>Para empeorar la situaci\u00f3n solo falt\u00f3 que lloviera, lo que produjo un apag\u00f3n general en la capital, aunque el r\u00edo Segura no se desbord\u00f3. La falta de electricidad supuso un grave incordio para &#8216;El Liberal&#8217;, cuyas m\u00e1quinas no pod\u00edan \u00abmoverse a brazo\u00bb. As\u00ed que solo pudieron imprimir una hoja en su edici\u00f3n del 23 de octubre.<\/p>\n<p>Los mercados de la ciudad, en principio, no se vieron desabastecidos. Los puestos ofrec\u00edan una nutrida variedad de patatas y bajocas, cuando todav\u00eda as\u00ed se llamaba a las jud\u00edas, pimientos, cebollas, coles o berenjenas. Sin olvidar los melones del tiempo.<\/p>\n<p>En la pescader\u00eda local, el 18 de octubre, pod\u00edan adquirirse doradas, meros, salmonetes, emperador, sardinas o m\u00fajoles, entre otros pescados. Entretanto, en el Ayuntamiento, con el alcalde enfermo, se debat\u00eda el futuro del nombre de la calle Plater\u00eda.<\/p>\n<p>Alg\u00fan concejal propuso el 9 de noviembre, solo dos d\u00edas antes de que acabara la Primera Guerra Mundial, que tan se\u00f1era v\u00eda fuera renombrada Triunfo de los Aliados. Y casi lo consigue, pues la votaci\u00f3n se sald\u00f3 con un empate y la moci\u00f3n se aplaz\u00f3 a otro Pleno.<\/p>\n<p>Las peticiones a la Junta de Socorros se multiplicaban desde las pedan\u00edas, donde reclaman ayuda para los enfermos m\u00e1s pobres. Nadie sabe cu\u00e1ntos murcianos murieron.<\/p>\n<p>A partir de la primera semana de noviembre decreci\u00f3 la epidemia. Aunque en Cartagena todav\u00eda quedaban 950 infectados y el d\u00eda 8 de aquel mes fallecieron \u00abcatorce atacados de la enfermedad reinante\u00bb, hubo 91 \u00abnuevas invasiones y se dieron de alta por curaci\u00f3n 118\u00bb.<\/p>\n<p>En la ciudad de Murcia apenas quedaban unos pocos casos aislados el d\u00eda 15 \u00aby las defunciones por gripe son ya muy contadas\u00bb. En la huerta la incidencia era menor, pero a\u00fan colear\u00eda un largo a\u00f1o aquella epidemia que muchos confundieron con la fin del mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cines y teatros cerrados, clases escolares y entierros suspendidos, familias enteras confinadas. Eso padecieron los murcianos de hace un siglo durante el rebrote de aquella epidemia de 1918, hoy tan conocida pues nos recuerda la actual. 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