{"id":126,"date":"2015-09-10T13:51:20","date_gmt":"2015-09-10T11:51:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=126"},"modified":"2015-09-10T13:51:20","modified_gmt":"2015-09-10T11:51:20","slug":"cuatro-ultimas-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2015\/09\/10\/cuatro-ultimas-palabras\/","title":{"rendered":"Cuatro \u00faltimas palabras"},"content":{"rendered":"<p>En la Universidad de Murcia, un trabajador se quit\u00f3 la vida este verano. Por ese miedo tan espa\u00f1ol a que la informaci\u00f3n sea mal ejemplo para la sociedad, trat\u00f3 de evitarse que el suceso trascendiera. El trabajador sali\u00f3 de su despacho y se meti\u00f3 en otro del mismo pasillo (que dispon\u00eda de escalera con barandilla) para alcanzar su prop\u00f3sito. Pero en la puerta de su despacho, al salir, el suicida peg\u00f3 un \u201cpost-it\u201d con sus \u00faltimas palabras escritas, como aviso a las visitas que pudiesen llegar en su ausencia: \u201cvuelvo en veinte minutos\u201d. <\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiso decir con eso de &#8220;vuelvo en veinte minutos&#8221;? Nadie se atrevi\u00f3 a quitar ese \u201cpost-it\u201d, tras que el forense levantara el cad\u00e1ver. El mensaje ha permanecido meses colgando de la puerta del fallecido. Es la superstici\u00f3n hacia las \u00faltimas palabras manuscritas de alguien. De alguna forma, se piensa que poseen un poder oscuro contagioso por el simple contacto. Nadie, por si acaso, roz\u00f3 el cartelito. Como si fuese aquella tira de pergamino con una maldici\u00f3n (\u201cse le conceden tres d\u00edas\u201d) que el mago ocultista doctor Karswell pasaba a las manos del esc\u00e9ptico psic\u00f3logo Holden en el inolvidable cuento de M.R. James \u201cEl maleficio de las runas\u201d&#8230; <\/p>\n<p>\u201cVuelvo en veinte minutos\u201d. No paro de pensar en esas palabras. Por estar desprovistas de sensibler\u00eda p\u00f3stuma y, tal vez, incluso desprovistas de sarcasmo o doble lectura, resultan conmovedoras. La frase de alquien que se disculpa un momento porque se va del despacho arrojando sombra en las paredes y vuelve poco despu\u00e9s en forma de corriente de aire fr\u00edo. Alguien que avisa que regresar\u00e1 pronto, pero ya incorp\u00f3reo. Como aquel psicoterapeuta neoyorkino que, en una comedia de Woody Allen, vend\u00eda a sus pacientes el t\u00edpico rollo de que hay que tener actitud positiva ante la vida. Un d\u00eda, el psicoterap\u00e9uta deja un \u00faltimo mensaje misterioso, como el de &#8220;vuelvo en veinte minutos&#8221;, antes de tirarse al vac\u00edo: \u201che salido por la ventana\u201d.<\/p>\n<p>Resulta improbable dejar una \u00faltima buena frase para la posteridad. Muchos de los grandes hombres de la Historia se fueron diciendo cosas sin relieve. Nunca dejaron unas \u00faltimas palabras inquietantes e imborrables como las del modesto trabajador de la Universidad murciana. A la mayor\u00eda les ocurri\u00f3 lo del poeta Walt Whitman, uno de los padres literarios de Norteam\u00e9rica. Whitman, sintiendo que le quedaban s\u00f3lo unos minutos en este mundo, busc\u00f3 in\u00fatilmente una bella sentencia merecedora de m\u00e1rmol, a la altura de su prestigio. S\u00f3lo acert\u00f3 a exclamar: \u201cmierda\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Universidad de Murcia, un trabajador se quit\u00f3 la vida este verano. Por ese miedo tan espa\u00f1ol a que la informaci\u00f3n sea mal ejemplo para la sociedad, trat\u00f3 de evitarse que el suceso trascendiera. 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