{"id":14,"date":"2015-03-25T13:47:38","date_gmt":"2015-03-25T12:47:38","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=14"},"modified":"2015-03-25T13:47:38","modified_gmt":"2015-03-25T12:47:38","slug":"cuidado-con-ilusionarse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2015\/03\/25\/cuidado-con-ilusionarse\/","title":{"rendered":"Cuidado con ilusionarse"},"content":{"rendered":"<p>Tras a\u00f1os tent\u00e1ndome en la cabeza, me atrevo a volver sobre \u201cTierras de penumbra\u201d (1993), lo mejor del cineasta sir Richard Attenborough y con la que, en su d\u00eda, nos secamos las inevitables l\u00e1grimas en la pechera del acomodador. No tengo bastante presencia de \u00e1nimo para reincidir con, por ejemplo, \u201cLos puentes de Madison\u201d de Clint Eastwood. Porque hasta para revolcarse en una llorera hay que mantener una cierta circunspecci\u00f3n. Llega un momento en la vida en que la mitad de tu filmoteca te queda terminantemente vetada: si tiras de cualquier pel\u00edcula pasa como con un racimo de cerezas, que sin querer salen enganchados recuerdos del pudridero emocional, vinculados a la noche en que las vimos.<\/p>\n<p>Yo recordaba \u201cTierras de penumbra\u201d menos Attenborough, es decir, menos gris\u00e1cea pero m\u00e1s sombr\u00eda. M\u00e1s como el atormentado libro cristiano original, \u201cUna pena en observaci\u00f3n\u201d, de C.S. Lewis, aunque sin tanto apostolado sobre los beneficios de sufrir en esta vida. Claro que cuando fui a su estreno yo era jovencito y propenso a todo entusiasmo. Compruebo sin embargo que los peque\u00f1os y grandes desastres personales experimentados desde aquel estreno no me han ense\u00f1ado nada nuevo sobre lo que intu\u00eda entonces sobre el dolor. Es inquietante que, tan temprano, supiese todo lo que hay que saber sobre el sufrimiento, sin apenas haberlo experimentado. \u201cS\u00f3lo aprendemos lo que recordamos\u201d, dijo alguien. Es m\u00e1s perturbador que eso. De muy j\u00f3venes, siendo p\u00e1ginas apenas en blanco, ya sabemos de alguna extra\u00f1a forma la cantidad de dolor futuro que nos corresponde, como si se nos concediese un per\u00edodo de carencia antes de pasarnos la factura. Por eso hay tantos veintea\u00f1eros que lucen abrumados.<\/p>\n<p>Se ha quedado un poco vieja la pel\u00edcula, s\u00ed, pero el gui\u00f3n sigue alimentando. Va sobre que Dios, siendo bueno, quiere que conozcamos el dolor para que nos hagamos mejores. El protagonista, el escritor (real) C. S. Lewis, hoy conocido por las \u201cCr\u00f3nicas de Narnia\u201d, es un profesor libresco que trata de explicar lo inexplicable en una Oxford de inhibidos solterones v\u00edrgenes que fuman en pipa, como \u00e9l mismo. Aparece lo nunca visto: una mujer casi joven. Todos quedan justamente escandalizados. La mujer insufla vida al muerto, o sea, al escritor. Ella lo obliga a visitar por vez primera el paisaje que \u00e9l ve\u00eda de ni\u00f1o en un cuadro de su cuarto, \u201cel valle dorado\u201d, existente a pocas millas de donde el profesor ha pasado toda la vida y sospechosamente parecido a esos cromos religiosos donde caen rayos de luz de entre las nubes. No hay duda que Lewis es el t\u00edpico hombre de letras: tiene miedo a que algo le haga ilusi\u00f3n. Visitar el paisaje de su infancia, dar un simple beso en la frente, no sea que recuerde al sexo&#8230; Ella desaparece (un c\u00e1ncer). Entonces el escritor regresa a la mortandad infinita de donde fue rescatado, brevemente, por la mujer. Y el muerto en vida Lewis dice al final: \u201cEl dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces. Este es el trato\u201d. \u00bfHicimos ese trato con Dios?<\/p>\n<p>O sea, que cualquier felicidad nos ser\u00e1 cobrada luego en dolor. As\u00ed que cuidado con lo que deseamos, porque se nos concede. Pedid y se os dar\u00e1. \u201cYa lo pagaremos\u201d, dec\u00eda la sabia madre del gran guionista espa\u00f1ol Rafael Azcona cuando a la familia le pasaba algo bueno&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras a\u00f1os tent\u00e1ndome en la cabeza, me atrevo a volver sobre \u201cTierras de penumbra\u201d (1993), lo mejor del cineasta sir Richard Attenborough y con la que, en su d\u00eda, nos secamos las inevitables l\u00e1grimas en la pechera del acomodador. 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