{"id":147,"date":"2015-10-28T18:47:50","date_gmt":"2015-10-28T17:47:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=147"},"modified":"2015-10-28T18:47:50","modified_gmt":"2015-10-28T17:47:50","slug":"sobre-presencias-nocturnas-y-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2015\/10\/28\/sobre-presencias-nocturnas-y-ii\/","title":{"rendered":"Sobre presencias nocturnas (y II)"},"content":{"rendered":"<p>En alguna ocasi\u00f3n pas\u00e9 la noche en una casa considerada encantada, en el campo espa\u00f1ol. No revelar\u00e9 su localizaci\u00f3n por no perjudicar comercialmente a su propietario, o no servir de llamada a curiosos que puedan molestar a sus actuales arrendatarios. Era un edificio que conten\u00eda eso que se conoce como fantasma. Puede que ya no sea as\u00ed. Las condensaciones de emociones remanentes se agotan, las casas por fin se apagan.<\/p>\n<p>Tratar\u00e9 de relatar mi fragmentaria experiencia sin a\u00f1adir nada emocionante. De forma notarial y, si es posible, as\u00e9ptica. La mayor\u00eda de los lugares extra\u00f1os no tienen casi nada digno de menci\u00f3n. El casi es lo que los hace disuasorios. Cuando pernoct\u00e9 all\u00ed tuve la sensaci\u00f3n de que, aunque las ventanas estuviesen abiertas, el aire libre no se atrev\u00eda a entrar. Era lo primero que cualquier persona poco capacitada para lo invisible percib\u00eda. La atm\u00f3sfera del interior de la casa parec\u00eda tener diferente composici\u00f3n de elementos. Un peso que se sent\u00eda mayor del habitual. Peso sobre el alma. Peso sobre la vida en general.<\/p>\n<p>Mi amigo, por entonces el inquilino, me advirti\u00f3 del asunto s\u00f3lo cuando me encontraba ante la casa. Estaba en medio de un terreno de higueras y cultivos no especialmente atendidos que cuando se iban las luces vigilaban p\u00e1jaros nocturnos. \u201cBienvenido. Cuidado, no pises ah\u00ed. Mira, de esta viga de la entrada se ahorc\u00f3 la anterior inquilina\u201d. Hab\u00eda perdido cierta fortuna, iban a desahuciarla. Alg\u00fan mes despu\u00e9s del suceso, mi amigo entr\u00f3 all\u00ed a vivir. A partir de entonces, desde los caminos los paseantes cre\u00edan ver movimiento en la casa, aunque no sab\u00edan decir qu\u00e9 movimiento exactamente. Les parec\u00eda que mi amigo siempre hab\u00eda llegado de viaje, cuando en realidad pasaba la mayor parte del a\u00f1o a muchos miles de kil\u00f3metros de distancia. \u201c\u00bfC\u00f3mo que acabas de llegar? Yo estaba seguro de que no te hab\u00edas ido\u201d.<\/p>\n<p>Se produc\u00edan algunas molestias. Peque\u00f1as, algunas incluso rid\u00edculas. El edificio, que era uno de esos cubos de ladrillo edificados sin arquitecto y carentes de cualquier caracter\u00edstica notable, se encerraba a s\u00ed mismo por dentro, con las cancelas echadas, sin nadie material en su interior. Una ma\u00f1ana aparecieron cuatro lechuzas muertas colocadas en perfecta hilera en la terraza. Algo encontraba especial predilecci\u00f3n por jugar a colocar  sistem\u00e1ticamente el peine de mi amigo en un lugar herrumbroso e inalcanzable, desde donde lo deb\u00eda bajar a diario con una escalera. Todo cosas lo bastante veniales como para admitir la permanencia discontinua en esa casa de mi poco impresionable amigo, dado el baj\u00edsimo precio de arriendo. Incluso si tenemos en cuenta una noche concreta en que todas las puertas parecieron empezar a hablar (me telefone\u00f3 de madrugada para contarme en directo su desconcierto) y una diminuta perra de mi amigo muri\u00f3 de la impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Debo decir que, durante mis estancias en la casa, no me sent\u00ed muy alarmado. La \u00faltima noche que pas\u00e9 all\u00ed llev\u00e9 conmigo a una mujer. Ten\u00eda ciertas sensibilidades paranormales que llevaba por condena, y que yo desconoc\u00eda.  Mi amigo, el inquilino, hizo de buen anfitri\u00f3n y mostr\u00f3 todas las dependencias. Al llegar a la terraza, la mujer dijo que se ahogaba y que no pod\u00eda permanecer un minuto all\u00ed arriba. \u201cLa anterior inquilina no se ahorc\u00f3 en la entrada de la casa. Lo hizo ah\u00ed\u201d. Se\u00f1al\u00f3 a un altillo utilizado para colgar jamones en ganchos. La habitaci\u00f3n que compart\u00edamos ca\u00eda justamente bajo ese altillo. La mujer vel\u00f3 toda la noche. Yo, que padeciendo de sue\u00f1o o hambre no reparo en fantasmas, s\u00f3lo despert\u00e9 un momento de madrugada por un ruido seco que choc\u00f3 contra el techo, sin m\u00e1s incidentes. <\/p>\n<p>\u201cHay algo muy triste aqu\u00ed, pero no agresivo\u201d, manifest\u00f3 aquella mujer, que dej\u00f3 de frecuentarme. D\u00edas despu\u00e9s, mi amigo el inquilino, preguntando a los lugare\u00f1os, confirm\u00f3 el lugar preciso de la tragedia. \u201cFue donde dijo ella. Yo estaba equivocado\u201d. Sobre todo con los cambios de estaci\u00f3n, las manifestaciones y extra\u00f1os juegos de la casa consigo misma continuaron. Un d\u00eda, de pronto, nada. Y al siguiente, nada de nada.<\/p>\n<p>Los fen\u00f3menos extra\u00f1os cesan no porque se solucione lo que qued\u00f3 pendiente en vida de los que se fueron, como creen los rom\u00e1nticos. Simplemente, lo que fuera que hubiese en la casa se va diluyendo, como se pierde el viejo perfume de los aparadores cerrados. Pasa a estar fuera de los cortos sentidos humanos. Ya no es advertido m\u00e1s que por esos animales dom\u00e9sticos que tiemblan de miedo ante la trayectoria voladora de una mota de lo que parece polvo dentro del \u00faltimo resquicio de luz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En alguna ocasi\u00f3n pas\u00e9 la noche en una casa considerada encantada, en el campo espa\u00f1ol. No revelar\u00e9 su localizaci\u00f3n por no perjudicar comercialmente a su propietario, o no servir de llamada a curiosos que puedan molestar a sus actuales arrendatarios. Era un edificio que conten\u00eda eso que se conoce como fantasma. 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