{"id":158,"date":"2015-11-27T14:26:38","date_gmt":"2015-11-27T13:26:38","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=158"},"modified":"2015-11-27T14:26:38","modified_gmt":"2015-11-27T13:26:38","slug":"sobre-los-presentimientos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2015\/11\/27\/sobre-los-presentimientos\/","title":{"rendered":"Los presentimientos"},"content":{"rendered":"<p>Los presentimientos son &#8220;ondas&#8221; de lo que est\u00e1 ocurriendo en otra parte (o en el futuro) que cruzan la atm\u00f3sfera, de una manera a\u00fan inexplicada. Casi siempre estamos, por decirlo as\u00ed, \u201csin cobertura\u201d y no percibimos esas ondas. Una persona puede tener un d\u00eda la extra\u00f1a premonici\u00f3n de que a un ser querido le suceder\u00e1 alg\u00fan acontecimiento tr\u00e1gico. Pero suele ocurrir que esa misma persona no sienta ning\u00fan aviso de su propia inminente tragedia. Que no le lleguen las ondas. Porque tener un presentimiento depende del azar.<\/p>\n<p>Miremos esos retratos de gente, muy abundantes en la historia de la fotograf\u00eda, que se han tomado pocos instantes antes de que algo inesperado y terrible les suceda. Me obsesiona descubrir en ellas algo que no encuentro casi nunca. Normalmente, en esas im\u00e1genes nada delata que nadie tenga una intuici\u00f3n de lo que va a ocurrir. No hay vaga inquietud en los rostros. Sus ojos no contemplan lo que espera tras la colina&#8230; Por ejemplo, la noche londinense en que muri\u00f3 el bater\u00eda del grupo de rock The Who, Keith Moon. Tras ver un estreno de cine, hab\u00eda cenado con el \u201cbeatle\u201d Paul McCartney. Las fotos de esa velada anuncian que ser\u00e1 una alegre noche m\u00e1s. Todas son la pen\u00faltima, excepto que aquella era la \u00faltima. Pero no hay ni una sombra anticipatoria en esas fotos. Raramente la hay. <\/p>\n<p>S\u00f3lo pocas veces alguien es capaz de pronosticar de un modo inexplicable su desaparici\u00f3n. Incluso acierta en la fecha precisa, a veces con antelaci\u00f3n de a\u00f1os. En tales ocasiones esas personas sienten peso en el alma, un \u201caviso\u201d de que algo suceder\u00e1. Pero en otras muchas ocasiones no se nota nada en absoluto. Ni siquiera el ser m\u00e1s perceptivo lo hace. Las ondas que nos \u201cavisan\u201d del destino son entrecortadas y s\u00f3lo por casualidad nos alcanzan. Como cuando, en medio de un campo incomunicado, nos colocamos en alguna elevaci\u00f3n donde se recibe, malamente, una brizna de se\u00f1al telef\u00f3nica.<\/p>\n<p>A mi abuela materna se le aparec\u00edan, en sue\u00f1os, aquellos seres queridos que iban a morir de forma inminente, llam\u00e1ndola por su nombre con impaciencia. La noche en que ella misma se fue se sinti\u00f3 un poco indispuesta tras ver un concurso en la tele y cenar una pescadilla hervida. Comunic\u00f3 que nadie molestara al m\u00e9dico, pues dijo saber que era el \u00faltimo concurso que hab\u00eda visto en su vida y la \u00faltima pescadilla hervida que hab\u00eda cenado. Dict\u00f3 dos o tres recomendaciones a pie de estribo y su cabeza cay\u00f3 a un lado. Sin m\u00e1s. Las ondas de lo que iba a ocurrir le hab\u00edan llegado. Si la hubiese fotografiado durante su cena, en sus ojos se habr\u00eda reflejado que ella ve\u00eda perfectamente lo que esperaba tras la colina\u2026 Sucede pocas veces.<\/p>\n<p>El tel\u00f3n suele caer sin que ese d\u00eda sintamos ninguna corazonada. Si algo nos trata de \u201calertar\u201d para que pongamos nuestros asuntos en orden, lo hace de forma demasiado d\u00e9bil. Como los gritos ininteligibles desde la cima de una monta\u00f1a alejada mientras sopla un ventarr\u00f3n del norte\u2026     <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los presentimientos son &#8220;ondas&#8221; de lo que est\u00e1 ocurriendo en otra parte (o en el futuro) que cruzan la atm\u00f3sfera, de una manera a\u00fan inexplicada. Casi siempre estamos, por decirlo as\u00ed, \u201csin cobertura\u201d y no percibimos esas ondas. 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