{"id":201,"date":"2016-07-21T12:11:34","date_gmt":"2016-07-21T10:11:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=201"},"modified":"2016-07-21T12:11:34","modified_gmt":"2016-07-21T10:11:34","slug":"los-viejos-del-saco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2016\/07\/21\/los-viejos-del-saco\/","title":{"rendered":"Los viejos del saco"},"content":{"rendered":"<p>Siempre me gust\u00f3 la cercan\u00eda de los ancianos, y no por ning\u00fan sentimiento de piedad (en el fondo, la piedad rebaja a la otra persona), sino por verdadero inter\u00e9s. De ni\u00f1o quise que me transmitieran, mientras a\u00fan estaban a tiempo, algo del mundo que hab\u00edan vivido y que cargaban como un pesado bulto. Con frecuencia ese bulto era literal: antes la mayor\u00eda de los viejos siempre andaban doblados por un misterioso saco de arpillera al hombro, que nunca me atrev\u00ed a preguntar qu\u00e9 conten\u00eda. Un fardo que dejaban a un lado cuando ven\u00edan de visita, se paraban a descansar en la cocina familiar y se les preguntaba: \u201c\u00bfha almorzado usted?\u201d<\/p>\n<p>Antes, en las casas, no hab\u00eda d\u00eda sin su viejo o vieja de visita, pero por alguna raz\u00f3n nunca coincid\u00edan dos o m\u00e1s ancianos al mismo tiempo, como si se hubiesen puesto de acuerdo. Los visitantes que se pasaban a saludar una vez al a\u00f1o parec\u00edan formar parte del ciclo natural, de modo que si, por ejemplo, era el tiempo de las brevas, se esperaba la llegada inminente del viejo Fulano, y no la de Mengano.<\/p>\n<p>Yo era ese peque\u00f1o personaje sentado en la cocina con las piernas colgando de la silla, escuchando todo cuanto los ancianos ten\u00edan que decir. Era mucho mejor que irse a jugar. Ya nunca me interes\u00f3 gran cosa la compa\u00f1\u00eda de los de mi generaci\u00f3n. Encontraba que no ten\u00edan nada relevante que aportarme, excepto camarader\u00eda. En los viejos encontraba la aut\u00e9ntica vida, que me la pasaban como un regalo mientras a ellos se les escapaba aleteando. Cuando se levantaban para irse iban dejando un reguero invisible de vida hasta el ascensor. Tal vez ya no volv\u00edan jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Estamos hablando de un tiempo en que las costumbres del campo a\u00fan estaban muy recientes y los pisos de las ciudades eran jornadas de puertas abiertas, con el permiso del portero, que era capit\u00e1n general y decid\u00eda incluso imponi\u00e9ndose sobre los intereses de los inquilinos (fue una importaci\u00f3n francesa, copiada de las temibles porteras parisinas). Una vez pasado el fielato de la porter\u00eda, llegaban los viejos sin avisar. Alguna vez incluso despu\u00e9s de transcurridos treinta a\u00f1os -aquello siempre ten\u00eda algo de milagroso reencuentro con gente que se cre\u00eda desaparecida en una cat\u00e1strofe planetaria-. Antes los viejos daban con todo el mundo aunque no supiesen el paradero, preguntando aqu\u00ed y all\u00e1, como los carteros, o como la mafia. <\/p>\n<p>De ni\u00f1o no ten\u00eda m\u00e1s que esperar en la mesa cubierta de hule de la cocina, sentado en una silla con las piernas colgando, para que fuesen pasando de visita ma\u00f1anera todos aquellos ancianos cargando sus sacos. Conforme mis piernas fueron llegando al suelo dejaron poco a poco de pasar. Cuando ahora me quedo solo en una cocina, que ya son espacios as\u00e9pticos sin ninguna vida org\u00e1nica, me doy cuenta que en una sociedad tan envejecida como la espa\u00f1ola ya no llaman a la puerta aquellos seres desdentados y sonrientes, alegres de poder transmitir la experiencia a quienes no ten\u00edan ninguna, y que anualmente ven\u00edan a hacer su ronda hasta que un d\u00eda llegaba la noticia de que no la har\u00edan m\u00e1s.<\/p>\n<p>Habiendo m\u00e1s viejos hoy que nunca, se hacen notar mucho menos. Saben que ya no son aceptados en las casas ajenas, y que incluso se considera de mal tono aparecer por las ma\u00f1anas. Las casas ya no est\u00e1n abiertas de par en par. Pasan escondidos por la calle, como los gatos. S\u00f3lo aspiran a disiparse sin molestar, y que los bomberos los encuentren semanas despu\u00e9s a causa del olor que se filtra por el patio de luces. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre me gust\u00f3 la cercan\u00eda de los ancianos, y no por ning\u00fan sentimiento de piedad (en el fondo, la piedad rebaja a la otra persona), sino por verdadero inter\u00e9s. De ni\u00f1o quise que me transmitieran, mientras a\u00fan estaban a tiempo, algo del mundo que hab\u00edan vivido y que cargaban como un pesado bulto. 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