{"id":212,"date":"2016-11-21T12:10:12","date_gmt":"2016-11-21T11:10:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=212"},"modified":"2016-11-21T12:10:12","modified_gmt":"2016-11-21T11:10:12","slug":"los-restos-de-ti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2016\/11\/21\/los-restos-de-ti\/","title":{"rendered":"Los restos de ti"},"content":{"rendered":"<p>Cuando hablo con personas m\u00e1s o menos j\u00f3venes \u2013cosa que sucede con molesta asiduidad, ya que llega un d\u00eda concreto a partir del cual siempre eres el mayor de toda la concurrencia cuando entras a cualquier sitio- suele llegarme un pensamiento que me desanima mucho y me da ganas de salir corriendo.<\/p>\n<p>Es el inquietante pensamiento de que, como j\u00f3venes que son, me valoran por la imagen que proyecto en ese instante, normalmente poco afortunada. Me valoran por qui\u00e9n soy en esa hora concreta en que estoy frente a ellos. Que no son capaces de abstraerse y considerar que yo tuve una vez la mente m\u00e1s potente, la memoria m\u00e1s clara, el esp\u00edritu m\u00e1s tenso. No piensan que lo que tienen ante ellos son los restos sobre los que la elegancia aconseja correr un tupido velo, que hay que contemplar la vida del interlocutor en su conjunto para valorarlo. Dan ganas de decirles: \u201cperdonad por los m\u00e9ritos que no pod\u00e9is ver ya en m\u00ed, pero os aseguro que\u2026\u201d<\/p>\n<p>Una de las trampas o espejismos que tiende el tener pocos a\u00f1os es creer que la gente va desarrollando capacidades y va acumulando conocimientos y siendo \u201cm\u00e1s completo\u201d y \u201cenriquecido\u201d sin m\u00e1s l\u00edmite que la ca\u00edda del tel\u00f3n de la muerte. Es el sentido \u201clineal\u201d de la existencia. Una equivocada idea adolescente del que por cierto los progres y los norteamericanos siguen convencidos por viejos que se hagan y por rid\u00edculas batallas contra los hechos que libren. Es la mentalidad del joven, del que piensa a\u00fan que la vida es una sucesi\u00f3n de \u201cmasters\u201d y conquistas intelectuales, e incluso f\u00edsicas, de subidas a cumbres cada vez m\u00e1s altas, de que ma\u00f1ana, si nos esforzamos, ser\u00e1 mejor que hoy.<\/p>\n<p>Sin embargo, luego no es as\u00ed en absoluto. Te das cuenta que la vida te tima, en esto como en otras cosas. Recuerdo, a este respecto, el t\u00edtulo de la secci\u00f3n de prensa que durante sus \u00faltimos a\u00f1os hizo Haro Tecglen en \u201cEl Pa\u00eds\u201d: \u201cQu\u00e9 estafa\u201d. Llega un momento en que vas al caj\u00f3n donde cre\u00edas que guardabas todas tus virtudes, todos tus conocimientos, todos tus matices, lo que has podido ganar en la vida que no sea dinero, y lo encuentras asaltado, vac\u00edo. Qu\u00e9 estafa, piensas entonces, sistem\u00e1ticamente. Envejecer es pensar &#8220;qu\u00e9 estafa&#8221;.<\/p>\n<p>Nadie acumula conocimientos y es cada vez m\u00e1s completo como persona hasta el instante en que cae el tel\u00f3n. Uno tiende a ser menos de lo que era \u2013a veces casi nada de lo que era- muchos a\u00f1os antes de que se acabe todo. A veces muchos decenios antes. Ser plenamente consciente de lo que se va perdiendo es una tortura indigna. Es injusto sopesar a nadie por qui\u00e9n es durante su largu\u00edsima decadencia. Tendr\u00edamos que tener en la mente qui\u00e9nes fueron alg\u00fan d\u00eda, en su esplendor, en su gran noche.<\/p>\n<p>Sin embargo, casi nadie es capaz de representar en su cabeza lo grandes que fueron algunos si delante no tienen m\u00e1s que esa vaga humedad que queda tras pasar una sombra. Es muy dif\u00edcil represent\u00e1rselo incluso si se ha frecuentado a esas personas que un d\u00eda fueron brillantes y tuvieron aura, y han seguido de cerca su apag\u00f3n. Explicarle a un joven que muchas veces las personas no son lo que tienes delante sino lo que han sido es desalentador: por un lado lo comprende perfectamente, con su r\u00e1pido intelecto, pero por otro no lo \u201cve\u201d. Su mente temprana se rebela ante esa fr\u00eda lecci\u00f3n de la vida de que no existe un mejoramiento continuo por mucho que a lo largo del tiempo intentes ser mejor. No lo interioriza.<\/p>\n<p>Por ejemplo, conoc\u00ed al escritor y pintor (por ese orden) Ram\u00f3n Gaya cuando \u00e9l era poco m\u00e1s que un ni\u00f1o enrabietado ya muy al final de su larga vida. Poco o nada quedaba del fino intelectual que ha creado una escuela nacional especialmente militante -y virulenta-de \u201cgayistas\u201d. Hasta para m\u00ed, que ya hab\u00eda vivido lo bastante como para tener en cuenta las oscilaciones a las que nos someten los a\u00f1os, era dif\u00edcil hacer el ejercicio mental de contemplar un gran creador con mundo propio en aquella peque\u00f1a figurilla de piel manchada por el sol y en plena pataleta de jard\u00edn de infancia.<\/p>\n<p>Me ocurri\u00f3 tambi\u00e9n con el legendario intelectual franc\u00e9s Jean-Fran\u00e7ois Revel, aquel tipo al que conoc\u00ed lleno de apabullante energ\u00eda mental y f\u00edsica \u2013casi hasta el final mantuvo un sorprendente parecido con el rapado maestro de lucha libre que sale en \u201cAtraco perfecto\u201d, de Kubrick-, vi\u00e9ndolo, al final de sus d\u00edas, librar una batalla sobrehumana para andar treinta metros y llegar a un taxi. Me preguntaba si quien lo conociese entonces, en su apagamiento, sabr\u00eda ver en \u00e9l los restos del en\u00e9rgico tit\u00e1n que fue durante su apasionante vida. La respuesta, evidentemente, es no&#8230;<\/p>\n<p>No. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando hablo con personas m\u00e1s o menos j\u00f3venes \u2013cosa que sucede con molesta asiduidad, ya que llega un d\u00eda concreto a partir del cual siempre eres el mayor de toda la concurrencia cuando entras a cualquier sitio- suele llegarme un pensamiento que me desanima mucho y me da ganas de salir corriendo. 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