{"id":33,"date":"2015-04-18T20:03:24","date_gmt":"2015-04-18T18:03:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/?p=33"},"modified":"2015-04-18T20:03:24","modified_gmt":"2015-04-18T18:03:24","slug":"otono-prodigioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/martinez-abarca\/2015\/04\/18\/otono-prodigioso\/","title":{"rendered":"Oto\u00f1o prodigioso"},"content":{"rendered":"<p>Cada vez que veo y escucho una interpretaci\u00f3n de Orson Welles sus cenizas, aquellas que tiraron hace treinta a\u00f1os a un pozo en la finca ronde\u00f1a del torero Antonio Ord\u00f3\u00f1ez, vuelven a hacerse corpach\u00f3n. Qu\u00e9 vivo sigue Welles. Su voz contin\u00faa crepitante, como si asisti\u00e9ramos a un fuego inextinguible ante la chimenea. Est\u00e1 semiolvidada hoy una pel\u00edcula de Claude Chabrol con Anthony Perkins y Orson Welles &#8220;La d\u00e9cada prodigiosa&#8221;. Se ha quedado en exceso setentera, dentro de la admirable carrera como director de cine de este moralista franc\u00e9s. Mis conocidos artistas de Murcia dicen tener amistad con la hija de Chabrol. Yo qu\u00e9 s\u00e9. Lo \u00fanico que conozco de francesas de cine es que a principios de los a\u00f1os 90 la protagonista de &#8220;El diario de Lady M.&#8221; (un insoportable largometraje de Alain Tanner) se me acerc\u00f3 en la barra de un bar. A\u00fan tintineaba ante mi vista el &#8220;piercing&#8221; de cl\u00edtoris que la se\u00f1orita luc\u00eda en la pel\u00edcula y, como por entonces era un perfecto &#8220;nerd&#8221;, el \u00faltimo americano virgen, escap\u00e9 para no enterarme de las cosas de la vida.<\/p>\n<p>Lo prodigioso no es desde luego &#8220;La d\u00e9cada prodigiosa&#8221; de Chabrol, sino c\u00f3mo habla en ella Welles. Hubiese conmovido a un canto rodado cuando monologa durante una acartonada cena de esta pel\u00edcula, en la que hace de exc\u00e9ntrico millonario que quiere que todo le recuerde a cuando ten\u00eda quince a\u00f1os, cinco decenios despu\u00e9s: &#8220;El dinero sirve para elegir. Puedes elegir el lugar donde mejor vivir. Yo he elegido el lugar. Y m\u00e1s importante: la \u00e9poca. El oto\u00f1o de 1925.  Qu\u00e9 recuerdos tiene para m\u00ed, qu\u00e9 delicioso y divino aquel oto\u00f1o excepcional. Como poseo medios para ello paso el resto de mi existencia en aquella \u00e9poca que amo. 1925.&#8221; \u00bfCu\u00e1ntos hablaron del pasado con esa belleza? Ni siquiera fue tan bello el propio Welles acord\u00e1ndose del trineo de su infancia, de nombre &#8220;Rosebud&#8221;, mientras muere en &#8220;Ciudadano Kane&#8221;&#8230; <\/p>\n<p>S\u00ed. El supremo lujo ser\u00eda poder comprar una \u00e9poca. Cristalizar ese per\u00edodo inolvidable y meterse uno a vivir dentro de esa lente de aumento&#8230; Ver la cara de Dios debe ser eso, refugiarte en un d\u00eda o un mes en que fuiste feliz (un emperador oriental que no recuerdo dej\u00f3 una frase definitiva como epitafio: &#8220;soy el Emperador de China, y he sido feliz en mi vida durante 16 d\u00edas no consecutivos&#8221;). Un determinado oto\u00f1o del pasado repiti\u00e9ndose eternamente como una marmota equivocada de estaci\u00f3n. En ingl\u00e9s original las palabras utilizadas por Welles chisporrotean a\u00fan m\u00e1s sobrecogedoras que su traducci\u00f3n: &#8220;But the time&#8230; 1925. The fall of 1925. You can know how beautiful, exciting old taste of it, wonderful autumn was.  Yes, so I&#8230; I made my choice to live the rest of my days in that one marvellous moment in time. 1925.&#8221; But the time. Ah\u00ed est\u00e1 la clave. Sobre todo, la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Poder elegir, teniendo perras, un lugar de residencia, qu\u00e9 vulgaridad. Eso lo hace cualquier multimillonario aburrido que tiene casa en diez sitios porque est\u00e1 mal en los diez. El dinero deber\u00eda poder comprar -no puede-, lo \u00fanico importante: los d\u00edas pasados. Yo elegir\u00eda un mediod\u00eda de una barbacoa soleada en un jard\u00edn trasero de Liverpool, Inglaterra, en el verano de 1978. Cuando todos est\u00e1bamos vivos. &#8220;That one marvellous moment in time&#8221;. Por supuesto, el precio de abandonarse con excesivo detalle a esa nostalgia es volverse loco.  <\/p>\n<p><a href=\"\/martinez-abarca\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/04\/orson-welles-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" src=\"\/martinez-abarca\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/04\/orson-welles-2.jpg\" alt=\"\" title=\"orson welles (2)\" width=\"472\" height=\"301\" class=\"alignnone size-full wp-image-34\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/04\/orson-welles-2.jpg 472w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/04\/orson-welles-2-300x191.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 472px) 100vw, 472px\" \/><\/a>  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada vez que veo y escucho una interpretaci\u00f3n de Orson Welles sus cenizas, aquellas que tiraron hace treinta a\u00f1os a un pozo en la finca ronde\u00f1a del torero Antonio Ord\u00f3\u00f1ez, vuelven a hacerse corpach\u00f3n. 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