{"id":61,"date":"2013-01-16T11:48:25","date_gmt":"2013-01-16T11:48:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/menudapolitica\/?p=61"},"modified":"2013-01-16T11:48:25","modified_gmt":"2013-01-16T11:48:25","slug":"los-dos-mundos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/menudapolitica\/2013\/01\/16\/los-dos-mundos\/","title":{"rendered":"Los dos mundos"},"content":{"rendered":"<p>El estreno de &#8216;El despertar de la primavera&#8217; encandil\u00f3 a los cr\u00edticos de Broadway. Lo juzgaron fresco, divertido, transgresor, inmortal. Todav\u00eda se representa por ah\u00ed el musical, basado en la obra hom\u00f3nima de Frank Wedekind, un suizo atormentado y dramaturgo inconformista a cuyo entierro asisti\u00f3 Bertolt Brecht y sobre cuyo ata\u00fad cuentan que se lanz\u00f3 su mejor amigo, guitarra en mano, para regalar a Wedekind el epitafio m\u00e1s extravagante que nadie pudiera imaginar. Quien lo haya visto compartir\u00e1 seguramente el entusiasmo de la cr\u00edtica por un musical que combina sexo, adolescencia, rebeli\u00f3n y amor, a base de ofrecer un poco de &#8216;Jesucristo Superstar&#8217;, una pizca de &#8216;Hoy no me puedo levantar&#8217;, y otra de &#8216;Los mundos de Yupi&#8217;.<br \/>\nPero &#8216;El despertar de la primavera&#8217;, en su versi\u00f3n original, es otra cosa. Perturbador, irreverente, desgarrador, el texto de Frank Wedekind muestra el tr\u00e1nsito a la madurez de unos adolescentes que se rebelan contra un entorno asfixiante, contra el modelo paternofilial, contra el colegio, contra la moral, contra sus destinos vitales. Y lo hacen a trav\u00e9s del sexo colectivo, la masturbaci\u00f3n, la provocaci\u00f3n social y, finalmente, el suicidio. Todo ello, en la Alemania de 1891.<br \/>\nEl tan celebrado musical de Broadway\u00a0 apenas recoge nada de este dramatismo arrebatador de Frank Wedekind. En el proceso de adaptaci\u00f3n, lo colorea, tapa lo m\u00e1s descarnado de la historia, despoja el lenguaje de irreverencias, y acaba ofreciendo una visi\u00f3n de la pubertad en la que sus protagonistas originales apenas se reconocer\u00edan. Algo as\u00ed observo que est\u00e1 pasando con las redes sociales, capaces de transformar el mundo, s\u00ed (ah\u00ed est\u00e1 el 15M, como paradigma de su potencialidad), pero propensas en la misma medida a distorsionarlo gratuitamente y, en muchos casos, dispuestas incluso a inventarse un mundo paralelo, m\u00e1s que a retratarlo. Estoy en Twitter, miro cada ma\u00f1ana mi cuenta a la espera de nuevos &#8216;followers&#8217;, participo en debates, procuro responder educadamente cuando se me interpela (lo que a veces me obliga a contenerme), doy noticias y reboto opiniones que me parecen merecedoras de ser aireadas, me entero de tendencias, y descubro a gente interesante, aunque solo sea para saber que le gusta el helado de vainilla. Pero tambi\u00e9n aparto mucha basura, me ruboriza comprobar que la consigna pol\u00edtica y algunos idiotas han colonizado ya el ciberespacio y, al final del d\u00eda, suelo llegar a la conclusi\u00f3n de que Twitter dibuja un mundo aparentemente m\u00e1s fresco, como si fuera un musical de Broadway, pero que es en realidad una mala adaptaci\u00f3n de la vida de verdad, un universo excitante del que deber\u00edan salirse cuanto antes los eg\u00f3latras que lo contaminan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El estreno de &#8216;El despertar de la primavera&#8217; encandil\u00f3 a los cr\u00edticos de Broadway. Lo juzgaron fresco, divertido, transgresor, inmortal. 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