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	<title>La jaula de oro | Música inesperada - Blogs laverdad.es</title>
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	<description>por Carlos Escobar</description>
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		<title>La jaula de oro | Música inesperada - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Apr 2021 15:02:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Escobar</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div id="attachment_1971" style="width: 764px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1971" class=" wp-image-1971" src="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez.jpg" alt="" width="754" height="676" srcset="https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez.jpg 1340w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez-300x269.jpg 300w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez-768x689.jpg 768w, https://static-blogs.laverdad.es/wp-content/uploads/sites/23/2021/04/Silvia-Marquez-1024x919.jpg 1024w" sizes="(max-width: 754px) 100vw, 754px"></a><p id="caption-attachment-1971" class="wp-caption-text">Silvia Marquez. Foto: Joaquín Clares.</p></div>
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<p>Los años veinte marcaron el pulso artístico de la ciudad de la luz. Tras la Primera Guerra Mundial, en París se congregaron pintores, músicos, escritores, artistas e intelectuales que, liberados de ataduras morales, dieron rienda suelta a la creatividad. Uno de ellos fue el compositor <strong>Francis Poulenc</strong> (1899-1963), que a los veintiocho años conoció a la clavecinista Wanda Landowska, la que le abrió la mente hacia las posibilidades tímbricas, expresivas y de contrastes del clave.</p>
<p>El interés que despertó en <strong>Poulenc</strong> las obras para clave escritas durante los siglos XVII y XVIII quedó consolidado en los pentagramas de su <em><strong>Concierto campestre para clave y orquesta</strong></em>, una interesante composición neoclásica en la que hay continuos y repentinos cambios atmosféricos, como ocurre habitualmente en el cielo de la capital de Francia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Una de las personas que mejor conoce este <strong><em>Concierto campestre</em></strong> y los secretos del clave es <strong>Silvia Márquez Chulilla</strong>, catedrática de dicho instrumento en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y músico muy vinculada artísticamente a nuestra región, lo que compatibiliza con absoluta naturalidad con su intensa agenda internacional como docente, solista y directora de música antigua y contemporánea.</p>
<p>Precisamente, aprovecho las múltiples facetas artísticas de <strong>Silvia</strong> para plantearle una triple pregunta y saber cómo vendería el <em><strong>Concierto campestre para clave y orquesta</strong></em> de <strong>Poulenc</strong> a un programador de auditorio, a un estudiante avanzado y a un murciano que ha comprado una entrada para el programa del próximo miércoles 28 de abril.</p>
<p>Al responsable de la programación de conciertos de un auditorio, <strong>Silvia</strong> le destacaría dos aspectos: <em>“Por un lado, su peculiaridad. Este concierto es de los escasos casos en el que el clave juega literalmente con una orquesta sinfónica de amplias dimensiones en un constante diálogo y baile entre ambos: canta uno y responde la otra, baila una y se suma el otro, de forma que se buscan, se persiguen y se sorprenden sin cesar. Por otro lado, insistiría en que es una obra única en el repertorio clavecinístico a lo largo de la historia de la música que, partiendo del Barroco nos lleva a un mundo sonoro vanguardista y deslumbrante. Este concierto apenas se programa y su brillantez y colorido inusitados, nos transportan a la riquísima vida sociocultural del París de los años 20”.</em></p>
<p>Al alumno que va a interpretarlo como obra de fin de carrera, nuestra invitada de hoy, le aconsejaría tanto en el aspecto técnico como en el musical: <em>“Técnicamente, es un concierto que le va a exigir posiciones y extensiones de las manos que en otros repertorios no se trabajan, además de un control absoluto del ritmo (son constantes y rápidos los cambios de compás) y de la articulación tan exquisitamente marcada por Poulenc.”</em> En el plano musical, <strong>Silvia Márquez</strong> considera que nunca en otro concierto disfrutará tanto de la interacción que existe entre el clave y la orquesta, especialmente <em>“si consigue reconocer los pequeños guiños de cada instrumento orquestal que imitan o continúan los motivos del clave y viceversa. El cantabile, la fuerza rítmica de los momentos más primitivos y la variedad de esta música, le va a exigir tener claridad de ideas en cuanto a los tempi y poder construir un todo a partir de tantos pequeños fragmentos”.</em></p>
<p>Y en cuanto a los abonados: <em>“¡Que no pierdan la entrada!”</em></p>
<p><strong>Silvia</strong> considera que el <strong><em>Concierto campestre para clave y orquesta</em></strong> de <strong>Poulenc</strong>, escrito en 1928, es la la banda sonora del París de la creatividad y la tolerancia: <em>“Les hará sentir a lo largo de veinticinco minutos tal cúmulo de estados de ánimo y emociones que no lo creerán. Difícilmente van a volver a escuchar este tipo de música para clave delante de una orquesta, así que, los que no conozcan el concierto, que se dejen sorprender y no esperen oír la música que habitualmente se asocia a este instrumento.”</em></p>
<p>Esta experta del clave, siempre compara esta obra con la música de la película <strong><i>Fantasía</i></strong> de <strong>Walt Disney</strong>: <em>“En ella, ratones, elefantes, dinosaurios, hadas y flores danzan al compás de las músicas de Stravinsky, Beethoven, Dukas, Tchaikovsky o Bach, influencias que podemos encontrar en Poulenc. De hecho, Walt Disney y Francis Poulenc se llevaban sólo dos años y estoy segura de que si el Concierto campestre hubiera llegado a manos de Walt Disney lo hubiera incluido en la banda sonora de una de sus películas”.</em></p>
<p>En estos tiempos de pandemia, estoy seguro de que sienten curiosidad por cómo es un día en Madrid para una catedrática de conservatorio. Sonriente, <strong>Silvia</strong> equipara la institución académica a una jaula de oro: <em>“En el aula estoy de forma individual con el alumno y al terminar las clases me recojo rápidamente. No están los tiempos para hacer mucho más, como es el organizar encuentros orquestales y otras actividades presenciales, lo cual es una pena. Pero para mí es una jaula de oro porque esta pandemia no ha podido con el talento y el interés de los jóvenes estudiantes de clave que dedican tanto tiempo y esfuerzo a los estudios superiores de música. Todos trabajan tan intensamente que sigo aprendiendo, planteándome continuamente cuestiones en las clases y sorprendiéndome de que no hay dos personas, dos alumnos o dos músicos iguales. ¡Hay personalidades tan diferentes! Supongo que es lo mejor que le puede pasar a la música o a cualquier disciplina artística”.</em></p>
<p><strong>Silvia Marquez</strong> opina que la <em><strong>Sinfonía nº 1</strong></em> de <strong>Stravinski</strong> que completa el programa del próximo miércoles en el Auditorio Víctor Villegas es la media naranja del <em><strong>Concierto campestre</strong></em> de <strong>Poulenc</strong>. Lo que sí les garantizo es que esta fantástica clavecinista y <strong>Virginia Martínez</strong>, directora artística de la <em><strong>OSRM</strong></em>, aúnan talento, dedicación y complicidad suficientes para que todos bailemos felices como un día visualizó el compositor parisino sentado en su mesa de trabajo.</p>
</body></html>
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