{"id":1141,"date":"2017-11-04T23:55:39","date_gmt":"2017-11-04T22:55:39","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/?p=1141"},"modified":"2017-11-04T23:55:39","modified_gmt":"2017-11-04T22:55:39","slug":"cuerdas-escondidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/2017\/11\/04\/cuerdas-escondidas\/","title":{"rendered":"Cuerdas escondidas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1142\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido.jpg\" alt=\"alegoriadel-oido\" width=\"1920\" height=\"1145\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido.jpg 1920w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido-300x179.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido-768x458.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2017\/11\/alegor\u00edadel-oido-1024x611.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ser un viejo la\u00fad me ha permitido haber vivido infinidad de aventuras con los muchos propietarios que tuve. Uno de mis due\u00f1os m\u00e1s interesantes fue Domingo Ferrer, un rico y culto terrateniente murciano con una especial pasi\u00f3n por el la\u00fad. De forma inexplicable y a pesar de que Domingo no era un hombre taca\u00f1o, el d\u00eda que me compr\u00f3 a un anticuario decidi\u00f3 no sustituir el viejo estuche donde me alojaba y esto a la larga me permiti\u00f3 ver mucho mundo a trav\u00e9s de los agujeros de la tela de mi funda.<br \/>\nCada vez que Ferrer y yo \u00edbamos de viaje a Madrid, visit\u00e1bamos el Museo del Prado con la premisa de ver cada vez s\u00f3lo seis pinturas. Una de ellas era de obligada contemplaci\u00f3n por ser la preferida de mi due\u00f1o. Las otras cinco eran cuidadosamente seleccionadas por \u00e9l en cada ocasi\u00f3n, con el fin de contemplarlas con absoluta tranquilidad. Domingo repet\u00eda esta pauta de manera sistem\u00e1tica, con independencia de si nos acompa\u00f1aba alguien o no. Para \u00e9l, \u00e9sta era la \u00fanica forma de admirar con detalle las obras de arte expuestas en el edificio Villanueva.<br \/>\nEl Museo Nacional del Prado hab\u00eda abierto al p\u00fablico cincuenta a\u00f1os antes de mi primera visita de la mano de Ferrer. Desde entonces sent\u00ed una progresiva admiraci\u00f3n por las pinturas que poco a poco me hizo descubrir mi cultivado due\u00f1o. Se dice que los perros acaban pareci\u00e9ndose a sus amos y, con el paso del tiempo, me sent\u00ed un la\u00fad afortunado por tener la oportunidad de pasear por las estancias de la pinacoteca y regresar a la sala de pintura flamenca donde estaba nuestro admirado cuadro.<br \/>\nNunca supe que significaba \u201cLa alegor\u00eda del o\u00eddo\u201d para Domingo Ferrer, pero gracias a \u00e9l me enamor\u00e9 perdidamente de esa obra de arte. Desde la primera impresi\u00f3n que tuve al contemplarlo, a\u00f1or\u00e9 ser ese la\u00fad que ta\u00f1\u00eda la ninfa que aparec\u00eda girada\u00a0hacia el espectador con esa gracia tan lograda por Rubens y Brueghel \u201cel Viejo\u201d, coautores del cuadro. La pintura representaba el deleite experimentado al\u00a0tocar m\u00fasica al tiempo que se cantaba. En el lienzo no faltaban campanillas de mano, relojes, trompas, trompetas, cascabeles, violas da gamba, violines, flautas, liras, chirim\u00edas y claves que rodeaban la desnudez de Venus que aparec\u00eda acompa\u00f1ada de un amorcillo. Ferrer se sobrecog\u00eda contemplando los tres laudes del cuadro: el de la ninfa, el m\u00e1s peque\u00f1o y de tesitura aguda con siete cuerdas que estaba situado en la parte inferior del cuadro y un tercero sobre la mesa del fondo donde unos personajes cantaban e interpretaban m\u00fasica.<br \/>\nEstas historias sobre El Prado son hoy d\u00eda motivo frecuente de conversaci\u00f3n con otros instrumentos de cuerda. Entre los que m\u00e1s coincido \u00faltimamente, est\u00e1n los cuatro que pertenecen a Gabriel Lauret, Enrique Vidal y los hermanos Diego y Pedro Sanz, miembros del Cuarteto Saravasti. Aunque estos amigos de tan buena madera suelen participar en conciertos profesionales de m\u00fasica de c\u00e1mara, con cierta frecuencia disfrutamos de momentos entra\u00f1ables en las schubertiadas privadas a las que nuestros due\u00f1os son regularmente invitados. En estas veladas musicales, una vez terminado el concierto dom\u00e9stico, los instrumentos solemos quedarnos aparcados en alguna estancia de la casa al tiempo que tiene lugar el animado y, si me lo permiten, ruidoso \u00e1gape que sigue a la m\u00fasica. Son precisamente estos ratos aislados de los humanos en los que normalmente los instrumentos aprovechamos para hablar de nuestras cosas e intercambiar cotilleos y vivencias.<br \/>\nLos Saravasti, que es como llamo a mis cuatro hermanos de cuerda, fueron precisamente los primeros instrumentos que han participado en un concierto dentro del Museo del Prado, concretamente en la sala XII dedicada a Vel\u00e1zquez. Esto sucedi\u00f3 el lunes veinte de noviembre de 2006 con motivo de la celebraci\u00f3n del 250 aniversario del nacimiento de Mozart. Imaginen ustedes lo que se debe de sentir al crear m\u00fasica frente a Las Meninas y que \u00e9sta difunda a las salas contiguas y alcance los o\u00eddos de Baco, Apolo, Vulcano o del mismo Cristo Crucificado. Seg\u00fan me contaron los Saravasti, la iniciativa de organizar un concierto abierto al p\u00fablico surgi\u00f3 de la Asociaci\u00f3n de Amigos del Museo del Prado. El destino quiso que en tan se\u00f1alado a\u00f1o Mozart, el sal\u00f3n de actos del museo estuviese en obras, por lo que el acto solo pod\u00eda celebrarse dentro del propio edificio Villanueva.<br \/>\nAquella ma\u00f1ana de oto\u00f1o, sin p\u00fablico y bajo estrictas medidas de seguridad, mis cuatro amigos y sus due\u00f1os m\u00fasicos ensayaron los cuartetos del genio de Salzburgo que luego tocar\u00edan en el programa. Me encanta o\u00edrles expresar la emoci\u00f3n que sintieron emitiendo sonidos musicales con tanta intimidad en la emblem\u00e1tica sala de Las Meninas. Horas m\u00e1s tarde, durante la actuaci\u00f3n, los cuatro estar\u00edan rodeados del p\u00fablico que aguard\u00f3 expectante durante horas en la Puerta de Vel\u00e1zquez. Esa noche, la pinacoteca registr\u00f3 un lleno absoluto y fueron muchas las personas que no pudieron entrar al concierto.<br \/>\nLa velada musical fue un \u00e9xito por la calidad de los int\u00e9rpretes y de los instrumentos, as\u00ed como por las circunstancias de excepci\u00f3n que se dieron en torno al mismo. Los periodistas acreditados no tardaron en transmitir con justicia la excelente interpretaci\u00f3n del Cuarteto Saravasti, cuyos miembros volvieron al hotel completamente satisfechos de haber vivido una experiencia tan seductora. Aquella inolvidable noche, el sue\u00f1o de los m\u00fasicos se vio fragmentado por la emoci\u00f3n, los recuerdos de la hist\u00f3rica jornada y los comentarios llenos de agradecimiento del selecto p\u00fablico.<br \/>\nCuando Gabriel Lauret despert\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente, sinti\u00f3 la necesidad de acariciar su viol\u00edn para agradecerle su excelente comportamiento en el concierto. Al abrir el estuche, se sobresalt\u00f3 al ver que el viol\u00edn no estaba en su sitio y, preso de una terrible angustia y el consiguiente bloqueo mental, fue incapaz de recordar en qu\u00e9 momento lo guard\u00f3 en su estuche tras el concierto o si se hab\u00eda separado un instante de \u00e9l. De lo que s\u00ed estaba seguro es que, al llegar a la habitaci\u00f3n, cerr\u00f3 la puerta con llave y que nadie hab\u00eda podido entrar en ella. La \u00fanica explicaci\u00f3n de la desaparici\u00f3n del viol\u00edn era que alguien lo hubiese cogido dentro del museo aprovechando un peque\u00f1o descuido despu\u00e9s del recital.<br \/>\nDos horas m\u00e1s tarde, se recibi\u00f3 en el hotel una llamada del museo. El viol\u00edn hab\u00eda aparecido. Hab\u00edan registrado como locos sin ningun \u00e9xito una la sala de Las Meninas y las estancias anexas. El personal de seguridad aseguraba que con el protocolo aplicado antes, durante y despu\u00e9s del concierto era imposible que alguien, aparte\u00a0de los propios m\u00fasicos, hubiese sacado ning\u00fan instrumento del edificio. Por fortuna, a un empleado del museo se le ocurri\u00f3 buscar el viol\u00edn en la sala XIV de pintura flamenca, justo delante del cuadro \u201cLa Alegor\u00eda del o\u00eddo\u201d de Rubens y Brueghel \u201cel Viejo\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este relato es un modesto homenaje al XX Aniversario del Cuarteto Saravasti y a la noche que interpretaron m\u00fasica de c\u00e1mara en la sala de Las Meninas del Museo del Prado<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser un viejo la\u00fad me ha permitido haber vivido infinidad de aventuras con los muchos propietarios que tuve. Uno de mis due\u00f1os m\u00e1s interesantes fue Domingo Ferrer, un rico y culto terrateniente murciano con una especial pasi\u00f3n por el la\u00fad. 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