{"id":1194,"date":"2018-01-14T19:01:44","date_gmt":"2018-01-14T18:01:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/?p=1194"},"modified":"2018-01-15T20:51:01","modified_gmt":"2018-01-15T19:51:01","slug":"una-fiesta-para-los-oidos-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/2018\/01\/14\/una-fiesta-para-los-oidos-i\/","title":{"rendered":"Una fiesta para los o\u00eddos (I)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2018\/01\/Captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17.28.22.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1195\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2018\/01\/Captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17.28.22.png\" alt=\"captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17-28-22\" width=\"474\" height=\"474\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2018\/01\/Captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17.28.22.png 474w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2018\/01\/Captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17.28.22-150x150.png 150w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2018\/01\/Captura-de-pantalla-2018-01-14-a-las-17.28.22-300x300.png 300w\" sizes=\"(max-width: 474px) 100vw, 474px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Esa tarde de verano, Gustav lleg\u00f3 a Krumpendorf. Estaba cansado del largo viaje que hab\u00eda realizado desde Los Dolomitas y sent\u00eda un fuerte dolor de cabeza. Ya le quedaba poco para llegar a casa. S\u00f3lo deb\u00eda esperar al bote que lo llevar\u00eda hasta Maiernigg, al otro lado del lago W\u00f6rthersee. Decidi\u00f3 sentarse para tomar el aire. Enseguida llegar\u00eda el oto\u00f1o y con ello una carga de trabajo intensa para el director de la \u00d3pera de Viena. Cada estancia veraniega a orillas del lago le permit\u00eda componer con la tranquilidad necesaria, pero ese a\u00f1o hab\u00eda sido poco productivo. Durante el verano pasado termin\u00f3 los dos movimientos nocturnos de su S\u00e9ptima Sinfon\u00eda, una obra planificada\u00a0con una simetr\u00eda arquitect\u00f3nica. Entre los dos movimientos ya escritos de una forma un tanto libre, incluir\u00eda un demon\u00edaco y provocador <em>scherzo<\/em> y la obra empezar\u00eda\u00a0y finalizar\u00eda\u00a0con sendos\u00a0movimientos r\u00e1pidos. Desgraciadamente,\u00a0la inspiraci\u00f3n se hab\u00eda disipado.<\/p>\n<p>En junio de 1904 hab\u00eda sido padre por segunda vez. La peque\u00f1a Anna, llamada <em>Gucki<\/em> en la intimidad, crec\u00eda sana junto a su hermana Mar\u00eda. Mahler era un hombre envidiado por su talento, por su posici\u00f3n y por su matrimonio con la bella Alma, una atractiva mujer diecinueve a\u00f1os m\u00e1s joven que \u00e9l que renunci\u00f3 a su carrera musical para someterse a la voluntad y criterio de un marido que consideraba\u00a0que\u00a0con un compositor en casa ya era suficiente.\u00a0Para Gustav, lo importante era disponer de tiempo y tranquilidad para componer y Alma estaba dispuesta a crearle esa atm\u00f3sfera. Era el cuarto verano de casados y apenas se ve\u00edan durante el d\u00eda. Gustav pasaba casi todo el d\u00eda enfrascado en su trabajo. Adem\u00e1s, su\u00a0obsesi\u00f3n por no recibir visitas y\u00a0poder terminar su sinfon\u00eda junto al esmero\u00a0con el que Alma cuidaba\u00a0de\u00a0la casa y de las ni\u00f1as, distanciaba a dos seres a los que, desde el principio, sus propias familias les vaticinaban un pobre futuro como pareja.<\/p>\n<p>Alma no hab\u00eda ido a recoger a Gustav a Krumpendorf. Probablemente \u00e9l olvid\u00f3 avisarle de que llegar\u00eda esa tarde. A sus 44 a\u00f1os, en su mente rondaba la idea de crear\u00a0una gran obra puramente instrumental y poco autobiogr\u00e1fica. Estaba dispuesto a entrar en el desconocido mundo de las tinieblas para mostrar al resto de los humanos que con su forma de orquestar y de crear armon\u00edas podr\u00eda\u00a0expresar el dolor y la duda que genera nuestra condici\u00f3n de seres mortales. Hab\u00eda incluso previsto incluir\u00a0nuevos instrumentos como un tipo original de tuba, una mandolina y una guitarra, pero no encontraba la manera de lanzar\u00a0su sinfon\u00eda hacia el futuro.<\/p>\n<p>De repente, se levant\u00f3 y vio que su bote hab\u00eda llegado. Se dirigi\u00f3 a la orilla y salud\u00f3 con cierta antipat\u00eda al barquero. Volver a casa era una derrota. La obra\u00a0estaba tal y como la ten\u00eda\u00a0antes de partir\u00a0hacia\u00a0Italia y el tiempo de veraneo se agotaba. Sentado en el bote, contemplaba resignado como la impresionante naturaleza que lo rodeaba era incapaz de inspirarle.<\/p>\n<p>En el momento que el barquero comenz\u00f3 a remar con vigor, Gustav reaccion\u00f3 sobresaltado. Pod\u00eda sentir el ritmo con el que ese hombre\u00a0impulsaba el bote\u00a0y la fuerza con la que, ahora s\u00ed, rug\u00eda para \u00e9l la naturaleza. Ya sab\u00eda como comenzar la sinfon\u00eda. Estaba deseoso de\u00a0llegar a la otra orilla del lago. En su coraz\u00f3n palpitaba la marcha sombr\u00eda que en modo menor inundar\u00eda\u00a0el Allegro inicial de su s\u00e9ptima sinfon\u00eda.<\/p>\n<p><em>continuar\u00e1&#8230;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esa tarde de verano, Gustav lleg\u00f3 a Krumpendorf. Estaba cansado del largo viaje que hab\u00eda realizado desde Los Dolomitas y sent\u00eda un fuerte dolor de cabeza. Ya le quedaba poco para llegar a casa. S\u00f3lo deb\u00eda esperar al bote que lo llevar\u00eda hasta Maiernigg, al otro lado del lago W\u00f6rthersee. 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