{"id":1759,"date":"2020-05-09T15:29:14","date_gmt":"2020-05-09T13:29:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/?p=1759"},"modified":"2020-05-09T15:29:14","modified_gmt":"2020-05-09T13:29:14","slug":"extremo-de-batuta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/2020\/05\/09\/extremo-de-batuta\/","title":{"rendered":"Extremo de batuta"},"content":{"rendered":"<p>El maestro ten\u00eda muy mala cara. Hab\u00eda pasado la noche inquieto por el vuelo internacional que tomar\u00eda de madrugada. En el aeropuerto se encontr\u00f3 con un retraso de casi cuatro horas para el despegue, todo debidamente atribuido a causas t\u00e9cnicas no especificadas. El aterrizaje s\u00f3lo tuvo un inconveniente. El piloto necesit\u00f3 de dos intentos de aproximaci\u00f3n a la pista por otro tipo de causas t\u00e9cnicas no especificadas. El gerente y el inspector de la orquesta lo recogieron en la terminal y sin apenas tiempo para acomodarse en el hotel, lo llevaron a comer a un c\u00e9lebre restaurante de la ciudad. El Jumilla con el que acompa\u00f1aron las viandas contribuy\u00f3 a que la sobremesa se prolongara hasta veinte minutos antes de la hora del ensayo.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>El maestro lleg\u00f3 a la sala muy contrariado. Era un hombre met\u00f3dico y ordenado que se tomaba su tiempo para preparar bien los ensayos. Los m\u00fasicos de la orquesta lo esperaban expectantes con los instrumentos perfectamente afinados, ante la visita de un invitado de mucho prestigio. Lo reconocieron f\u00e1cilmente porque su rostro, sensiblemente rejuvenecido, era habitual verlo en las car\u00e1tulas de discos compactos de m\u00fasica cl\u00e1sica. La ilusi\u00f3n que generaba un invitado tan especial era enorme ante una prometedora semana de ensayos.<\/p>\n<p>Eran las cinco de la tarde cuando el director elev\u00f3 su batuta y la m\u00fasica vibr\u00f3 en toda la sala. Los profesores de la orquesta hab\u00edan estudiado a fondo sus particellas con el plus de motivaci\u00f3n que tiene el trabajar un programa con un experto de renombre y el conocer su fama de malas pulgas ante m\u00fasicos que consideraba no comprometidos con el cometido.<\/p>\n<p>De pronto, el director detuvo la m\u00fasica golpeando el atril con un r\u00edtmico gesto de batuta y mir\u00f3 fijamente a los ojos del solista de corno ingl\u00e9s. La cara del maestro tornaba a un color verde oliva al tiempo que se enrojec\u00edan las orejas del m\u00fasico de viento. Tras unos segundos de interminable tensi\u00f3n, dijo con energ\u00eda y en un m\u00e1s que aceptable espa\u00f1ol: \u201cToque como si cantara a su abuela. Todos a C\u00e9sar\u201d. Los miembros de la orquesta suspiraron con alivio y retrocedieron \u00e1gilmente hasta la p\u00e1gina de la casilla \u201cC\u201d. La batuta se elev\u00f3 de nuevo sobre sus cabezas y continu\u00f3 el ensayo.<\/p>\n<p>De pronto, una se\u00f1al de alarma recorri\u00f3 toda la secci\u00f3n de los violines segundos, que fueron los primeros en apercibir que el solista de timbal se hab\u00eda dormido. La tarde era calurosa y en la sala, la tormenta postprandial se estaba cobrando su primera v\u00edctima. La sensaci\u00f3n de angustia se extendi\u00f3 al resto de la orquesta que no daban cr\u00e9dito a que uno de sus mejores m\u00fasicos cayera en los brazos de Morfeo justo ese d\u00eda y ante un director tan exigente. Conscientes de lo complicado que es ser el solista del timbal, cuando tienes un n\u00famero interminable de compases de espera antes de entrar en acci\u00f3n con el m\u00e1ximo protagonismo y precisi\u00f3n, los miembros de la orquesta palidec\u00edan al verse privados de su r\u00edtmico coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n fue especialmente tensa a falta de veinte compases para que el timbalero recibiera la entrada del maestro. En el extremo contrario de la sala, el gerente y el inspector de la orquesta, no daban cr\u00e9dito de lo que ocurr\u00eda sin que pudieran darle soluci\u00f3n. Todo el mundo tem\u00eda la violenta reacci\u00f3n del exigente maestro y un acaloramiento profuso y generalizado se hizo evidente en los atriles. S\u00f3lo quedaban tres compases para la entrada del solista de timbal y \u00e9ste permanec\u00eda con el cuello inerte y la cabeza inclinada. Definitivamente, no hab\u00eda tiempo para reaccionar cuando el maestro elev\u00f3 la mirada y alz\u00f3 con fuerza la mano izquierda. Sus dilatadas pupilas y sus expresivos ojos anticipaban la cat\u00e1strofe. La batuta se detuvo en el punto m\u00e1s alto alto y una descarga de adrenalina inund\u00f3 el podium de un l\u00edder que, con ostentosa satisfacci\u00f3n desplegaba los brazos y esperaba el impacto de la baqueta en la membrana del timbal. Nunca el sonido de este instrumento fue tan celebrado por calidez y oportunidad, al tiempo que el solista, gui\u00f1ando con complicidad, sonre\u00eda ante la at\u00f3nita cara de los presentes. El intenso calor de la sala, lejos de detener el reloj interno de la orquesta como presum\u00edan sus integrantes, se ali\u00f3 con el esp\u00edritu bromista del que maneja los latidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dedicado a <strong>Andr\u00e9s Vidal Mart\u00ednez<\/strong>, solista de timbal de la OSRM.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El maestro ten\u00eda muy mala cara. Hab\u00eda pasado la noche inquieto por el vuelo internacional que tomar\u00eda de madrugada. En el aeropuerto se encontr\u00f3 con un retraso de casi cuatro horas para el despegue, todo debidamente atribuido a causas t\u00e9cnicas no especificadas. El aterrizaje s\u00f3lo tuvo un inconveniente. 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