{"id":444,"date":"2014-08-22T18:35:06","date_gmt":"2014-08-22T18:35:06","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/?p=444"},"modified":"2014-08-22T18:35:06","modified_gmt":"2014-08-22T18:35:06","slug":"sonata-de-juventud-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/2014\/08\/22\/sonata-de-juventud-ii\/","title":{"rendered":"Sonata de juventud (II)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/musicainesperada\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/08\/images.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-448\" title=\"images\" src=\"\/musicainesperada\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/08\/images.jpg\" alt=\"\" width=\"299\" height=\"169\" \/><\/a><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Ernst Vogt fij\u00f3 de nuevo su mirada en el retrato del otro V\u00edctor Schulz. La sonrisa del joven violinista irradiaba gran seguridad e inundaba el resto de la estancia. El doctor Maier, que prestaba especial atenci\u00f3n a cada gesto o movimiento de su paciente, estaba muy intrigado por aquello desconocido que tanto atormentaba a su interlocutor. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">&#8220;Yo fui un ni\u00f1o con una pasi\u00f3n desmesurada por la m\u00fasica&#8221; -dijo Vogt-. &#8220;Pasi\u00f3n que descubr\u00ed y cultiv\u00e9 en casa de mis vecinos, los Schulz. Su hijo V\u00edctor y yo \u00e9ramos compa\u00f1eros de colegio y por las tardes escuch\u00e1bamos c\u00f3mo sus padres tocaban el piano a cuatro manos.<\/span>&#8221;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">El Doctor Maier estaba tan interesado en la historia de Vogt, que hab\u00eda olvidado por completo que era el d\u00eda de su partida de cartas. Realmente, la confesi\u00f3n de la que era testigo lo ten\u00eda inmerso en una burbuja que lo aislaba de su entorno vital. Repentinamente, la expresi\u00f3n de Ernst Vogt cambi\u00f3 y \u00e9ste adquiri\u00f3 el aspecto de una persona mucho m\u00e1s joven y con m\u00e1s energ\u00eda. Sin levantarse de su sill\u00f3n, se inclin\u00f3 ligeramente hacia su m\u00e9dico, apoy\u00f3 sus antebrazos en la mesa del despacho y prosigui\u00f3 con su viaje al pasado:<\/span><span style=\"font-size: large;\"> &#8220;V\u00edctor y yo disfrut\u00e1bamos boquiabiertos con cada uno de los arreglos musicales para piano a cuatro manos con los que nos deleitaban sus padres, una pareja muy compenetrada y feliz. Un d\u00eda, al terminar el concierto vespertino, nos preguntaron si nos gustar\u00eda estudiar m\u00fasica y llegar a tocar juntos alguna vez. Los dos nos miramos emocionados con una complicidad que marc\u00f3 nuestros a\u00f1os de juventud&#8221;.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Ernst Vogt relat\u00f3 al Doctor Maier c\u00f3mo los Schulz los matricularon en la academia de m\u00fasica y los alentaron diariamente hasta que completaron sus estudios. V\u00edctor puso toda su alma en descubrir los secretos del viol\u00edn y el propio Ernst los del piano. En la familia Vogt no exist\u00eda la tradici\u00f3n musical reinante en el hogar de sus vecinos y los limitados recursos econ\u00f3micos se destinaban exclusivamente a la formaci\u00f3n universitaria de Ernst, que como V\u00edctor, era el hijo \u00fanico de la casa. Los Schulz estaban encantados con el talento y la dedicaci\u00f3n del joven Ernst y no pusieron ning\u00fan reparo en costear la carrera musical del prometedor m\u00fasico y en ofrecerle el piano familiar para que estudiase a diario, incluso a costa de reducir el tiempo disponible para tocar en pareja.<\/span><\/p>\n<p><em><span style=\"font-size: large;\">\u00a0<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-size: large;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 continuar\u00e1<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Ernst Vogt fij\u00f3 de nuevo su mirada en el retrato del otro V\u00edctor Schulz. 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