{"id":455,"date":"2014-09-02T23:06:23","date_gmt":"2014-09-02T21:06:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/?p=455"},"modified":"2014-09-02T23:06:23","modified_gmt":"2014-09-02T21:06:23","slug":"sonata-de-juventud-y-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/musicainesperada\/2014\/09\/02\/sonata-de-juventud-y-v\/","title":{"rendered":"Sonata de juventud (y V)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/musicainesperada\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/09\/pista-andar.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter  wp-image-456\" title=\"pista andar\" src=\"\/musicainesperada\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/09\/pista-andar.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/09\/pista-andar.jpg 429w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/23\/2014\/09\/pista-andar-300x178.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">La calma reinante en esa noche tan apacible contrastaba con la incertidumbre del relato de Ernst Vogt. El inter\u00e9s profesional del Doctor Maier se transformaba por momentos en verdadera curiosidad personal ante las confesiones de este hombre tan afligido por los recuerdos del pasado. El semblante de Vogt delataba que su mente estaba lejos del despacho de Maier y por este motivo se mostraba ensimismado y ajeno a su interlocutor. Cuando continu\u00f3 con la narraci\u00f3n, su voz parec\u00eda provenir de una vieja grabaci\u00f3n: \u201cCuando los miembros del Servicio de Seguridad me dejaron en lo que denominaron campo de trabajo, sent\u00ed un profundo estremecimiento ante el aspecto tan fr\u00edo y desolado del edificio principal. Esta g\u00e9lida impresi\u00f3n no dur\u00f3 mucho, ya que al entrar en la oficina me encontr\u00e9 a un compa\u00f1ero de la Escuela de M\u00fasica que estaba destinado all\u00ed. Se trataba de August von Rohr, al que llam\u00e1bamos el condesito por su noble origen. Cuando le cont\u00e9 c\u00f3mo perd\u00ed el contacto con V\u00edctor Schulz, se mostr\u00f3 muy afectado, ya que compartieron muy buenas experiencias tocando en un cuarteto de cuerda. August me explic\u00f3 que era probable que V\u00edctor y su padre estuviesen recluidos en el campo de concentraci\u00f3n, pero que no ten\u00edamos forma de comprobarlo porque, en aquel ins\u00f3lito lugar, cuando llegaba alguien, inmediatamente se le asignaba un n\u00famero para perder su nombre para siempre. Tambi\u00e9n me coment\u00f3 que hab\u00eda o\u00eddo que la mayor\u00eda de las personas que estaban all\u00ed eran homosexuales, comunistas, gitanos y disidentes pol\u00edticos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Aunque la labor administrativa de August y Ernst los ten\u00eda ocupados con asuntos relacionados con la log\u00edstica del campo, no tardaron en localizar el mueble donde se custodiaban los documentos archivados tras la recepci\u00f3n de los reclusos. Gracias a una planificada maniobra, consiguieron distraer la atenci\u00f3n del personal de esa oficina, que proteg\u00edan con celo su feudo laboral. S\u00f3lo necesitaron unos minutos para corroborar las sospechas de August, que fue el que abri\u00f3 el libro de registro: \u201cCuando vimos que los Schulz estaban all\u00ed, nos miramos aterrados sabedores de la gravedad de la situaci\u00f3n. Casi caigo al suelo por el temblor de piernas que no pod\u00eda controlar. August, con un habla entrecortada, me informaba de que los Schulz, desde hac\u00eda cuatro meses, era obligados a probar el calzado procedente de la f\u00e1brica de botas colindante al campo de concentraci\u00f3n. Los reclusos se pon\u00edan botas militares y ten\u00edan que marchar durante todo el d\u00eda, bajo todo tipo de condiciones clim\u00e1ticas y sobre superficies muy irregulares. Tanto August como yo sab\u00edamos que las posibilidades de sobrevivir a esas penalidades eran \u00ednfimas\u201d. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Las tres semanas que pas\u00f3 Vogt en la oficina del campo de concentraci\u00f3n fueron terribles y sin duda\u00a0 condicionaron la inestabilidad ps\u00edquica que, a partir de entonces, le impidi\u00f3 llevar una existencia normal. Desde la ventana del edificio principal del campo pod\u00eda ver parte de la pista por donde los Schulz vagaban en grupo dej\u00e1ndose el alma. A Ernst le era imposible reconocer entre esas sombras endebles y encorvadas a su amigo del alma, especialmente si el tiempo empeoraba, ya que la cortina de lluvia pr\u00e1cticamente ocultaba al macabro desfile humano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Mientras relataba esto, Vogt rompi\u00f3 a llorar de una forma tan desgarradora que el Doctor Maier solo dej\u00f3 que\u00a0 el paso de los minutos mitigara el dolor de su paciente. Cuando Ernst levant\u00f3 la cabeza, agradeci\u00f3 con una sonrisa la presencia del doctor y comenz\u00f3 a golpear la mesa del despacho de una manera d\u00e9bil y regular, a la vez que comentaba con resignaci\u00f3n: \u201cDoctor, si supiese la de veces que V\u00edctor y yo discut\u00edamos sobre el ritmo en los ensayos. Yo, en mi condici\u00f3n de pianista, era bastante estricto con la medida del comp\u00e1s cuando tocabamos juntos. Pero en el fondo, le envidiaba por el esp\u00edritu tan libre con el que se expresaba. V\u00edctor pod\u00eda acelerar y detener la melod\u00eda sin perder el ritmo y dotar a cada nota de una personalidad particular y \u00fanica. \u00a1Lo que debi\u00f3 de sufrir mi pobre amigo marcando cada uno de los pasos que recorri\u00f3 en esa maldita pista! Yo era su amigo, estaba a escasos metros de \u00e9l y sin embargo, permanec\u00ed c\u00f3modamente instalado junto a sus verdugos sin mover un dedo por salvarlo. Nunca me atrev\u00ed a cont\u00e1rselo a mis padres, aunque ellos se extra\u00f1aban de que me mostrara cada vez m\u00e1s esquivo cuando se hablaba de los Schulz\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Maier intent\u00f3 en vano imaginar c\u00f3mo Vogt pudo soportar durante tantos a\u00f1os el cont\u00ednuo martilleo psicol\u00f3gico\u00a0 tal y como \u00e9ste reproduc\u00eda con los golpes en la mesa. Parec\u00eda incre\u00edble que un hombre con tan escasa fuerza an\u00edmica sobreviviese a la posterior contienda b\u00e9lica que tanto desvast\u00f3 la ciudad y a la exigente reconstrucci\u00f3n que tuvo lugar en la postguerra. La p\u00e9rdida de sus padres lleg\u00f3 en un momento en el que se sent\u00eda tan vac\u00edo emocionalmente, que su reacci\u00f3n no fue la esperable en un ser humano. Vagando entre los escombros de la ciudad, Ernst encontr\u00f3 a su futura esposa, Hanna, una estudiante de Dramaturgia que le salv\u00f3 la vida. El h\u00e1bil maquillaje que se aplic\u00f3 a s\u00ed misma tras hacerlo en el cuerpo de Vogt, los alej\u00f3 de los soldados rusos, muy temerosos de contagiarse con indigentes de apariencia enfermiza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">El Doctor Maier no encontr\u00f3 ninguna palabra adecuada para consolar a Vogt antes de que \u00e9ste se marchara cabizbajo de la cl\u00ednica. Cuando el galeno se sent\u00f3 en su despacho y contempl\u00f3 el retrato de su ahijado, sinti\u00f3 una repentina curiosidad por lo que fue de la sonata de Vogt. Esa partitura simbolizaba la feliz infancia y adolescencia de Ernst y de V\u00edctor, unos j\u00f3venes que imaginaron el futuro a partir de la complicidad con la m\u00fasica. Todo ese mundo que un d\u00eda vislumbraron los dos, hab\u00eda sido destruido por la barbarie humana. Maier se sinti\u00f3 satisfecho por haber escuchado a alguien que necesitaba desahogarse y, sobre todo, se sinti\u00f3 afortunado por vivir en tiempos de paz. Imagin\u00f3 el piano de los Schulz y la partitura de la sonata de Vogt abierta sobre \u00e9l. Ojal\u00e1 nunca olvidemos el mensaje que simbolizaba esa m\u00fasica, pens\u00f3 Maier mientras se dirig\u00eda a casa.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-size: xx-large;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 FIN<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La calma reinante en esa noche tan apacible contrastaba con la incertidumbre del relato de Ernst Vogt. El inter\u00e9s profesional del Doctor Maier se transformaba por momentos en verdadera curiosidad personal ante las confesiones de este hombre tan afligido por los recuerdos del pasado. 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