{"id":383,"date":"2012-11-04T09:33:12","date_gmt":"2012-11-04T08:33:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/?p=383"},"modified":"2012-11-04T09:33:12","modified_gmt":"2012-11-04T08:33:12","slug":"madrid-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/2012\/11\/04\/madrid-arena\/","title":{"rendered":"&#039;Madrid Arena&#039;"},"content":{"rendered":"<p>Eran las 4 de la madrugada del 17 de diciembre de 1983 cuando aquel portero de discoteca me mir\u00f3 impert\u00e9rrito desde sus casi dos metros de altura y con un simple movimiento de cabeza me dej\u00f3 claro que ni yo ni mi acompa\u00f1ante entrar\u00edamos aquella noche en &#8216;Alcal\u00e1 20&#8217;, un local entonces de moda en Madrid donde aquella noche y a esa hora ya no cab\u00eda ni un alfiler. A la ma\u00f1ana siguiente, un amigo de mi familia llam\u00f3 a casa para interesarse por m\u00ed. Acababa de o\u00edr en la radio que al menos 78 personas, la mayor\u00eda j\u00f3venes, hab\u00edan muerto en un incendio declarado a las 4.45 de la madrugada en ese nuevo templo de la &#8216;movida&#8217; madrile\u00f1a. Las llamas se declararon en el cortinaje del escenario a causa de un cortocircuito y r\u00e1pidamente se extendieron por las paredes cubiertas de terciopelo rojo de ese local subterr\u00e1neo, al que se entraba por la larga escalera del antiguo teatro Alc\u00e1zar. No hab\u00eda accesos directos a la calle, ni salida de humos, ni puertas reglamentarias. Dos a\u00f1os de prisi\u00f3n fue la condena impuesta a los cuatro propietarios de &#8216;Alcal\u00e1 20&#8217;. El suceso cambi\u00f3 las normas de seguridad de ese tipo de recintos y acab\u00f3 para siempre con la sensaci\u00f3n de invulnerabilidad de toda una generaci\u00f3n de j\u00f3venes que, treinta a\u00f1os despu\u00e9s de aquella tragedia, son padres y tienen hijos que acuden habitualmente a eventos similares al celebrado el mi\u00e9rcoles en el &#8216;Madrid Arena&#8217;. Los j\u00f3venes de ahora no tienen un ocio nocturno muy diferente al de sus padres, que cambiaron el guateque y la pandilla por los bares, las discotecas y las salas de concierto. La diferencia es que donde antes se reun\u00edan quinientos ahora pueden ser m\u00e1s de diez mil, apretujados en recintos alquilados y acondicionados para la ocasi\u00f3n. Si siempre ha existido el riesgo de que alguien cometa una insensatez en un local nocturno donde se consume alcohol, las probabilidades se multiplican aterradoramente cuando se concentran miles de personas. Permitir que entren menores, bengalas y alcohol, y superar con creces el aforo permitido, como indican los primeros datos de la investigaci\u00f3n del caso &#8216;Madrid Arena&#8217;, es a\u00f1adir un plus de temeridad a una fiesta dif\u00edcilmente controlable por su desmedida envergadura. Habr\u00e1 que extremar mucho m\u00e1s las medidas de seguridad y controlar m\u00e1s de cerca el macronegocio de la noche para proteger a nuestros hijos, porque ellos no dejar\u00e1n de salir y siempre habr\u00e1 alguien capaz de iniciar un tumulto en un lugar cerrado por un comportamiento inadecuado. Es dif\u00edcil de sobrellevar estos miedos cuando vivimos en un pa\u00eds donde hay quien conduce a 230km\/h por una autov\u00eda, quema los montes por puro placer o deslumbra a los pilotos de los aviones comerciales con punteros l\u00e1ser en sus maniobras de aterrizaje. Pero nos equivocar\u00edamos si pensamos que la muerte de Katia, Cristina, Roc\u00edo y Bel\u00e9n fue fruto de un accidente casual o de la mala suerte. Pudo pasarle a cualquiera de los miles de j\u00f3venes que entraron  en el &#8216;Madrid Arena&#8217; porque en su interior se dieron condiciones propicias para la tragedia. Y lo peor es que el relato de lo sucedido (aforo excesivo  y deficiente organizaci\u00f3n interna) coincide con lo que sucede en numerosos eventos de ocio masivo cada fin de semana en muchos puntos de Espa\u00f1a. La prohibici\u00f3n no es el camino, pero tampoco la permisividad total o la negligente vigilancia. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran las 4 de la madrugada del 17 de diciembre de 1983 cuando aquel portero de discoteca me mir\u00f3 impert\u00e9rrito desde sus casi dos metros de altura y con un simple movimiento de cabeza me dej\u00f3 claro que ni yo ni mi acompa\u00f1ante entrar\u00edamos aquella noche en &#8216;Alcal\u00e1 20&#8217;, un local entonces de moda en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":11,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[36],"tags":[99,100,101,102,103,104],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/383"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=383"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/383\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=383"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=383"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=383"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}