{"id":441,"date":"2013-03-17T09:46:45","date_gmt":"2013-03-17T08:46:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/?p=441"},"modified":"2013-03-17T09:46:45","modified_gmt":"2013-03-17T08:46:45","slug":"presente-continuo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/2013\/03\/17\/presente-continuo\/","title":{"rendered":"Presente continuo"},"content":{"rendered":"<p>Durante todo el siglo XX, la humanidad estuvo obsesionada con el futuro. Los avances tecnol\u00f3gicos se suced\u00edan vertiginosamente y los conocimientos acumulados se duplicaban cada diez a\u00f1os. En &#8216;El shock del futuro&#8217;, Alvin Toffler teoriz\u00f3 en 1970 que los cambios se estaban produciendo tan r\u00e1pidamente y en tan corto plazo que millones de personas no estar\u00edan preparadas para ese mundo que se avecinaba. El futuro llegar\u00eda precipitadamente y habr\u00eda un fuerte choque adaptativo. Ese tiempo ya habr\u00eda llegado y estar\u00eda produciendo una transformaci\u00f3n sustancial en nuestras vidas: ahora solo nos preocupa el presente. Esa es la tesis del libro &#8216;El shock del presente&#8217;, que acaba de publicar el norteamericano Douglas Rushkoff. Vivimos el mundo del ahora, asevera este experto en cultura y comunicaci\u00f3n. No hay tiempo para mirar atr\u00e1s ni para anticipar lo venidero. Con las tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n, adem\u00e1s del espacio, se ha comprimido el tiempo. En la pr\u00e1ctica, lo que nos ocupa es aquello que acontece en cada instante. Lo dem\u00e1s se orilla porque nuestra preocupaci\u00f3n primaria es gestionar la avalancha de informaci\u00f3n de \u00faltima hora y urgente que llega por el m\u00f3vil, el correo electr\u00f3nico, la televisi\u00f3n y las redes sociales. Pero que nos enteremos de los hechos de inmediato no significa que los entendamos mejor. Los medios de comunicaci\u00f3n masivos, como la CNN, solemnizaron la informaci\u00f3n en tiempo real, pero luego la transformaron en un espect\u00e1culo donde la veracidad es casi un elemento secundario. La alternativa de las redes sociales, como Twitter, favorece la conversaci\u00f3n y la participaci\u00f3n, pero no la comprensi\u00f3n de la realidad. Al contrario, acent\u00faan la prevalencia de lo fugaz, con una estructura narrativa donde la informaci\u00f3n fluye a r\u00e1fagas de forma descontextualizada. En la pol\u00edtica, el cortoplacismo siempre fue la t\u00f3nica, pero ahora m\u00e1s que nunca priman el presente continuo y el viaje con luces cortas. El debate pierde enjundia porque se traslada de los crepusculares hemiciclos a las bulliciosas redes sociales, donde descolla el refuerzo ideol\u00f3gico entre afines y el regate corto con 140 caracteres. Agobiados por las cuitas del presente, apenas se inquiere a esos pol\u00edticos por sus proyectos de futuro. Ellos, como todos los dem\u00e1s, est\u00e1n volcados en lo urgente. Regiones como la de Murcia, pero tambi\u00e9n otras muchas, siguen estancadas en la indefinici\u00f3n estrat\u00e9gica, a la espera de que un cambio de ciclo las catapulte de nuevo hacia arriba. Mientras, el esfuerzo se centra en gestionar la escasez para cumplir objetivos a un a\u00f1o vista, no m\u00e1s. El \u00e9xito es superar el d\u00eda a d\u00eda, aunque no haya nadie tomando distancia para averiguar hacia d\u00f3nde conviene ir y de qu\u00e9 manera. Pero si para acelerar el despegue hay que bregar colectivamente, lo inteligente ser\u00eda definir primero cu\u00e1l es el mejor destino y cu\u00e1l es la hoja de ruta. Siempre ser\u00e1 mejor intentar construir el futuro que esperar a que venga y no estemos preparados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante todo el siglo XX, la humanidad estuvo obsesionada con el futuro. 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