{"id":625,"date":"2015-01-11T08:15:27","date_gmt":"2015-01-11T07:15:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/?p=625"},"modified":"2015-01-11T08:15:27","modified_gmt":"2015-01-11T07:15:27","slug":"625","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/primeraplana\/2015\/01\/11\/625\/","title":{"rendered":"Lobo-hombre en Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p>Mis padres vivieron durante quince a\u00f1os en pa\u00edses \u00e1rabes. Tengo dos hermanos que nacieron en T\u00fanez y tres en Siria. A los 14 a\u00f1os, yo era el \u00fanico alumno extranjero en un colegio jordano, donde aprend\u00eda franc\u00e9s junto a mis compa\u00f1eros con el libro \u2018Le Loup-garou\u2019 (El lobo-hombre) de Boris Vian. Cuando viv\u00ed en Amman asist\u00ed, a diario, a la compleja coexistencia de culturas dispares. En los a\u00f1os 70 no hab\u00eda ni internet ni globalizaci\u00f3n, pero solo con cambiar de canal en el televisor los adolescentes, en aquella \u00e9poca y en aquel lugar, pod\u00edamos ver el occidentalizado f\u00fatbol israel\u00ed, series norteamericanas como &#8216;Kojak&#8217; en versi\u00f3n original en la televisi\u00f3n jordana o las retransmisiones de ejecuciones por ahorcamiento en la cadena oficial siria. Han pasado cuarenta a\u00f1os y a\u00fan recuerdo muchas palabras en \u00e1rabe que aprend\u00ed de mis compa\u00f1eros de clase y juegos, de los que conservo un recuerdo imborrable. Sensaciones similares las experiment\u00e9 a\u00f1os despu\u00e9s en el multicultural barrio de Lavapi\u00e9s, donde alquil\u00e9 piso al conseguir mi primer trabajo. Mi respeto por la cultura \u00e1rabe sigue siendo tan grande como mi convicci\u00f3n de que civilizaciones muy diferentes pueden cohabitar y enriquecerse mutuamente. Son numerosas las evidencias a lo largo de la historia de que la convivencia puede ser posible. Me aterran las consecuencias de la islamofobia porque no es ni la religi\u00f3n, ni la raza ni la lengua lo que realmente nos separa, sino nuestra dispar cultura democr\u00e1tica. Los irrenunciables principios de libertad e igualdad sobre los que se asienta la vida en Occidente, con todas sus imperfecciones, son una de las mayores conquistas de la humanidad y deben ser protegidos de toda amenaza totalitaria. Si algo distingue a los europeos es que somos producto de nuestra descarnada capacidad de autocr\u00edtica, lo que solo puede sustentarse en un ordenamiento jur\u00eddico que protege las libertades de pensamiento y expresi\u00f3n como valores supremos. Pienso, y puedo decirlo porque mi derecho a opinar est\u00e1 garantizado constitucionalmente, que no debe haber lugar para las posiciones relativistas con la barbarie terrorista o el fanatismo religioso, del signo que sea. No cabe la equidistancia entre verdugos y v\u00edctimas. La solidaridad tras la execrable masacre de &#8216;Charlie Hebdo&#8217; puede expresarse con una vi\u00f1eta o una bella frase en las redes sociales, pero para defender nuestra libertad es necesario actuar con todos los resortes del Estado de Derecho. Como en el relato de Boris Vian, algunos inocentes lobos se han transformado en hombres col\u00e9ricos con sed de venganza, por la picadura del fundamentalismo islamista que encuentra su v\u00eda de expansi\u00f3n en la Red. La radicalizaci\u00f3n de muchos j\u00f3venes musulmanes en la UE es un hecho innegable y plantea un reto may\u00fasculo al que habr\u00e1 que enfrentarse, sin histerismos y desde profundas convicciones democr\u00e1ticas, para defender los valores c\u00edvicos por los que muchos arriesgaron y perdieron sus vidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mis padres vivieron durante quince a\u00f1os en pa\u00edses \u00e1rabes. 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