{"id":782,"date":"2018-07-02T10:47:48","date_gmt":"2018-07-02T08:47:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/?p=782"},"modified":"2018-07-02T10:49:16","modified_gmt":"2018-07-02T08:49:16","slug":"amancio-ding-ding-ding-ding","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/2018\/07\/02\/amancio-ding-ding-ding-ding\/","title":{"rendered":"Amancio ding ding ding ding"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_783\" style=\"width: 595px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/Amancio-ding-ding-ding.png\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-783\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-783\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/Amancio-ding-ding-ding.png\" alt=\"Instant\u00e1nea tomada -sin intervenci\u00f3n- de un maniqu\u00ed a primera hora de las rebajas de verano, el pasado viernes, en un comercio Inditex.\" width=\"585\" height=\"784\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/Amancio-ding-ding-ding.png 585w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/Amancio-ding-ding-ding-224x300.png 224w\" sizes=\"(max-width: 585px) 100vw, 585px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-783\" class=\"wp-caption-text\">Instant\u00e1nea tomada -sin intervenci\u00f3n- de un maniqu\u00ed a primera hora de las rebajas de verano, el pasado viernes, en un comercio Inditex.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La ciudad se despereza en kil\u00f3metros de asfalto y exhala bostezos de di\u00f3xido. Parece desconocer la guerra que est\u00e1 fragu\u00e1ndose en el coraz\u00f3n del callejero. <strong>La nueva Milla de Oro, ahora propiedad de Inditex<\/strong>, re\u00fane batallones especializados que doblan, colocan, etiquetan y se preparan para la avalancha de mercenarios en busca y captura de las codiciadas pegatinas rojas.<\/p>\n<p>Adhesivo tras adhesivo sobre el precio original se enardece el fervor hasta alcanzar un cl\u00edmax insoportable, los dependientes de Inditex lo saben. Ya han padecido antes los efectos de este narc\u00f3tico sobre las gentes: el mantra adrenal\u00ednico de la m\u00fasica machacante, los colores vivos de las prendas, el dinero contante y sonante que arde en el bolso. <strong>Al pueblo se le rotan los ojos en las cuencas, no ve nada porque quiere verlo todo<\/strong>, y esa visi\u00f3n perif\u00e9rica excluye a otros seres humanos.<\/p>\n<p>En la barra de un bar, una encargada del conglomerado Inditex se lamenta con antelaci\u00f3n por lo que le espera y me cita a primera hora de ese viernes negro. <strong>Acudo puntual, pero<\/strong> <strong>nunca llego a verla; la han encerrado en el almac\u00e9n. Secuestrada.<\/strong> Aprovecho para pasear como un bicho raro, libreta en mano, como quien va a estudiar al zool\u00f3gico; y encuentro un maniqu\u00ed que me manda a <em>fuck off<\/em> con un gesto de manos. La guerra est\u00e1 a punto de desatarse.<\/p>\n<p>Empieza a llegar, en goteo, el arsenal invitado. De origen y edad variopintos, confluyen en \u00e1reas semejantes de las tiendas \u2013normalmente, aquellas que resaltan en rojo sangre-. <strong>En cuanto el volumen y la afluencia suben, abandonan los valores c\u00edvicos.<\/strong> Dejan de recoger una camiseta que han tirado sin querer. La tiran directamente. Rondan a un adversario que mariposea alrededor del top ansiado. Lo abordan sin miramientos. Meten la mano en diagonal, plantan cadera, <strong>hacen placajes dignos de la Roja en sus buenos tiempos<\/strong>. Las t\u00e1cticas de defensa y ataque ya las habr\u00eda deseado para s\u00ed Hierro ayer.<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que la Marca Espa\u00f1a era el jam\u00f3n y Almod\u00f3var, la selecci\u00f3n de f\u00fatbol y las sevillanas, m\u00e1s o menos. <strong>El jam\u00f3n puede pudrirse, Pedro jubilarse, la selecci\u00f3n puede ser humillada por unos rusos flojitos, las sevillanas pueden dejar de bailarse en todo el pa\u00eds; pero Inditex seguir\u00e1 representando.<\/strong> Todos, todas, confiamos en esta verdad universal. Ahorramos durante meses para poder acceder al mundo que Amancio nos propone, porque ah\u00ed una camiseta no es solo una camiseta, un traje no es solo un traje: en el mundo de Amancio podemos ser personas completas, mejores, m\u00e1s sofisticadas, que acudan a eventos importantes, que susciten la admiraci\u00f3n ajena. Est\u00e1 al alcance de unos cuantos euros, unos pocos.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la droga ondulante del sector textil. Cada cual se automatiza bajo su particular \u00abahora es el momento\u00bb, el momento de encontrar lo que uno busca, \u00a1el momento de conseguirlo! <strong>Es <em>mi <\/em>momento, en una vida de sacrificio y de tragar, es mi ESCAPADA DE <em>SHOPPING<\/em> (rugido con voz de ultratumba).<\/strong><\/p>\n<p>Pronto se me olvida mi labor de investigaci\u00f3n. Por cincuenta euros \u2013calculo- puedo adquirir un vestido, cuatro camisetas y un par de chanclas. Aparco la libreta y me imagino veladas de verano a la luz de las velas luciendo mi maravilloso vestido Inditex frente a un cocktail divino que costar\u00e1 m\u00e1s que el vestido en s\u00ed.<\/p>\n<p><strong>Atisbo el horizonte: la cola no tiene fin. Pero el cocktail va a estar mucho m\u00e1s rico con ese vestido.<\/strong> Me resigno y calculo a cu\u00e1nto est\u00e1 la fila, dividiendo las cabezas min\u00fasculas de espera por las cuatro o cinco cajeras que hacen <em>ding ding ding ding<\/em>. Para documentar el proceso, hago una foto desde atr\u00e1s. Se me acerca un segurata cuyo cr\u00e1neo empieza a clarear.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 prohibido hacer fotos aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Porque salen las caras de la gente, hombre, un poquito de por favor.<\/p>\n<p>Lo ha dicho como el de <em>Aqu\u00ed no hay quien viva<\/em>.<\/p>\n<p>\u2014Pero no sale ninguna cara, mire.<\/p>\n<p>Los dos observamos mi pantalla. Los soldados se han convertido en zombies que, a su vez, mantienen la cabeza gacha hacia sus tel\u00e9fonos. El guardia no se muestra satisfecho.<\/p>\n<p>\u2014Da igual, no se puede. Y punto.<\/p>\n<p>No me pide que la borre, as\u00ed que no lo hago. Pienso en lo turbio que es que haya dos colas cruzadas de aproximadamente cincuenta almas en pena; segregados, secci\u00f3n de hombres, secci\u00f3n de mujeres. <strong>Me recuerda al racionamiento sovi\u00e9tico y a otras cosas m\u00e1s feas.<\/strong> Nadie parece excitado por esa noche de verano a la luz de las velas, al contrario. Est\u00e1n aburridos.<\/p>\n<p>Excepto una chiquilla delante de m\u00ed que pelea vivamente con la madre. \u00ab\u00bfTe lo vas a poner o no?\u00bb, \u00abahora eliges, eh, todo no te lo llevas\u00bb, \u00abpero t\u00fa gastas una XL de hombro, nena\u00bb. <strong>La adolescente quiere abrir un boquete en el suelo y meterse ella o introducir a su madre, pero sabe qui\u00e9n tiene la pasta y am\u00e9n y chit\u00f3n con las impertinencias.<\/strong> Reparo en que la ni\u00f1a tiene en la mano el mismo vestido que yo. En la mu\u00f1eca, una pulsera de la misma discoteca a la que fui el finde anterior. Lleva unos pendientes id\u00e9nticos a los m\u00edos.<\/p>\n<p>A punto est\u00e1 de desvanecerse la luz de las velas y el cocktail car\u00edsimo. <strong>Amancio nos est\u00e1 haciendo a todos iguales, poco a poco, con la ilusi\u00f3n de la oferta variada.<\/strong> Hace poco he o\u00eddo a una dependienta informar a la clienta de que aquello que busca no est\u00e1 aqu\u00ed, sino en la tienda de al lado. Lo mismo de todo, en varios sitios. La \u00fanica habilidad que nos queda es la de mezclar con sabidur\u00eda esas copias id\u00e9nticas que adquirimos con el sudor de nuestra frente.<\/p>\n<p>Ej\u00e9rcitos iguales. <strong>Uniformes.<\/strong><\/p>\n<p>Me gustar\u00eda decir que abandon\u00e9 mis cuatro camisetas, el vestido y las chanclas y sal\u00ed de ah\u00ed con un futuro m\u00e1s prometedor por montera y mis cincuenta euros en el bolsillo. Que los gast\u00e9 luego en una experiencia <em>life changing<\/em>, que invit\u00e9 a almorzar a un <em>homeless<\/em> y me puse del bando que deber\u00eda ganar, al final: la manufactura explotada que todos presumimos \u2013sabemos- que hay detr\u00e1s de las etiquetas rojas.<\/p>\n<p>Pero mentir\u00eda. Ustedes saben que mentir\u00eda.<\/p>\n<p>Es mejor no hacer fotos, es mejor no hablar de lo que pasa ah\u00ed dentro en un d\u00eda de rebajas. Por mucho que nos empe\u00f1emos, <strong>Inditex saca lo peor de nosotros mismos<\/strong> para decorarlo luego con un estampado de colores.<\/p>\n<p>Y ahora, si me disculpan, voy a estrenar mi ropa nueva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La ciudad se despereza en kil\u00f3metros de asfalto y exhala bostezos de di\u00f3xido. Parece desconocer la guerra que est\u00e1 fragu\u00e1ndose en el coraz\u00f3n del callejero. 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