{"id":815,"date":"2018-07-30T09:22:37","date_gmt":"2018-07-30T07:22:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/?p=815"},"modified":"2018-07-30T09:22:37","modified_gmt":"2018-07-30T07:22:37","slug":"por-que-fracasan-las-relaciones-el-gas-de-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/2018\/07\/30\/por-que-fracasan-las-relaciones-el-gas-de-la-verdad\/","title":{"rendered":"Por qu\u00e9 fracasan las relaciones: el gas de la verdad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/punk.gif\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-816\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2018\/07\/punk.gif\" alt=\"punk\" width=\"500\" height=\"278\" \/><\/a><\/p>\n<p>Adelante. Tome asiento, por favor. Ahora le colocamos la mascarilla, as\u00ed. Inhale bien fuerte nuestro particular gas de la verdad. Y conteste con toda la sinceridad posible a la siguiente pregunta:<\/p>\n<p><strong>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 fracasan las relaciones?<\/strong><\/p>\n<p>Por desgracia, el gas en cuesti\u00f3n era de<em> esos <\/em>gases. De los que la abuela llama \u00abgases\u00bb, vaya.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 peste! \u2014responde el sujeto de prueba.<\/p>\n<p>Bingo. Respuesta correcta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las relaciones fracasan, queridos amigos, porque <strong>de pronto hay mucha peste y antes no la hab\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p>Porque el reflejo del espejo es diferente -\u00bfqui\u00e9n es ese barrigudo calvo?, \u00bfqui\u00e9n es esa pellejona cascarrabias?-, porque esa idea rom\u00e1ntica se va rompiendo a base de rutina, de no hacer el amor y de tener hijos que chillan.<\/p>\n<p>Bueno.<\/p>\n<p>Pero hablo de las relaciones de la gente de mi edad, no de los que llevan treinta a\u00f1os casados. Las nuestras, m\u00e1s breves, se rompen precisamente por la semilla de esas otras rupturas longevas: <strong>sin querer, nos hemos enamorado de una idea.<\/strong> Una idea que, como tal, es inaprensible. Que genera un arco de distancia con la realidad coloreado de frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo puede prevenirse eso? \u00bf<strong>C\u00f3mo puede uno saber, cien por cien, que est\u00e1 con la persona real y no con un derivado de la fantas\u00eda<\/strong> que espera continuamente que algo en el otro cambie, que este detalle se pula, que el otro se perfile, que la pareja se autodefina en la direcci\u00f3n exacta que nosotros reputamos adecuada?<\/p>\n<p><strong>Pues no se puede.<\/strong> Nunca al cien por cien. Por la sencilla raz\u00f3n de que ni siquiera uno mismo se conoce al cien por cien. As\u00ed que <strong>hay que enamorarse de espacios abiertos<\/strong>. Nos enamoramos, m\u00e1s bien, de unas acotaciones espacio-temporales, f\u00edsicas, mentales, an\u00edmicas, humor\u00edsticas, etec\u00e9. Por eso, cuando ocurre algo que rompe el l\u00edmite donde tenemos acotado al otro -\u00abesto mi Juan nunca lo har\u00eda\u00bb-, nos resulta bastante sencillo desapegarnos. <strong>No es ego\u00edsmo, es supervivencia.<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed pues, la receta es: aprender a limitar lo menos posible al otro, enamorarse perdidamente de una esencia inmutable y procurar salvaguardarse a uno mismo si las acotaciones inevitables agreden el propio \u00e1rea.<\/p>\n<p>Genial.<\/p>\n<p><strong>Pero hay un truqui.<\/strong> Algo que podemos hacer para cerciorarnos de que estamos con la persona, no con la idea: el gas de la verdad.<\/p>\n<p>Los pedos, por si todav\u00eda no nos hab\u00edamos entendido.<\/p>\n<p>A ver, \u00bfcu\u00e1ntas parejas fingen que no van al aseo? \u00bfQue no enferman, si los males son demasiado desagradables al evocarlos y asociarlos al rostro amado? Pero <strong>\u00bfc\u00f3mo puede conservarse la pasi\u00f3n despu\u00e9s del pedo?<\/strong><\/p>\n<p>S\u00e9 de un caso ver\u00eddico: \u00e9l duraba con ellas hasta que las imaginaba sentadas en el v\u00e1ter. Cuando consigui\u00f3 seguir adelante despu\u00e9s de retratar en su cabeza a una que le molaba mucho en el trono, supo que ella era su princesa. Al final se cas\u00f3 con ella y la convirti\u00f3 en su reina.<\/p>\n<p>En esta bendita sociedad de la apariencia que lleva pegando fuerte varias d\u00e9cadas -siempre perfectos-, que se est\u00e1 rompiendo por lo <em>trash<\/em>, por el <em>body positive<\/em> y estas cosas; reivindicar el pedo, las entra\u00f1as, los intestinos, el v\u00f3mito, los granos.<\/p>\n<p>No por nada, es que <strong>sucede una cosa m\u00e1gica<\/strong>: el poder desmitificador del pedo. El poder vinculatorio del pedo.\u00a0 Cuando puede compartirse con alguien todo eso se produce un v\u00ednculo que ni al dar <em>fav<\/em> en Twitter, oiga.<\/p>\n<p>Las personas, de pronto, son personas en toda su dimensi\u00f3n. Lo bueno y lo malo se mezclan, se confunden. <strong>Las ideas de humo se evaporan. Ya no est\u00e1 ah\u00ed lo que queremos ver \u2013y oler-, sino lo que es. Lo que hay.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adelante. Tome asiento, por favor. Ahora le colocamos la mascarilla, as\u00ed. Inhale bien fuerte nuestro particular gas de la verdad. Y conteste con toda la sinceridad posible a la siguiente pregunta: \u2014\u00bfPor qu\u00e9 fracasan las relaciones? Por desgracia, el gas en cuesti\u00f3n era de esos gases. 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