{"id":860,"date":"2019-03-04T11:49:56","date_gmt":"2019-03-04T10:49:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/?p=860"},"modified":"2019-03-04T11:49:56","modified_gmt":"2019-03-04T10:49:56","slug":"los-siguientes-amores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/queridomillennial\/2019\/03\/04\/los-siguientes-amores\/","title":{"rendered":"Los siguientes amores"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_861\" style=\"width: 550px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2019\/03\/tumblr_pnsmciYxCH1s1kou9o1_540.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-861\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-861\" src=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2019\/03\/tumblr_pnsmciYxCH1s1kou9o1_540.jpg\" alt=\"Mimmo Jodice, Demetra, 1992\" width=\"540\" height=\"542\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2019\/03\/tumblr_pnsmciYxCH1s1kou9o1_540.jpg 540w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2019\/03\/tumblr_pnsmciYxCH1s1kou9o1_540-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.laverdad.es\/wp-content\/uploads\/sites\/90\/2019\/03\/tumblr_pnsmciYxCH1s1kou9o1_540-300x300.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-861\" class=\"wp-caption-text\">Mimmo Jodice, Demetra, 1992<\/p><\/div>\n<p>Se habla mucho sobre el primer amor. La industria se focaliza ah\u00ed, en esa uni\u00f3n extrasensorial de labios que hasta entonces solo se hab\u00edan posado sobre tetrabricks y latas de refrescos. <strong>Las pelis acaban con el beso. Nadie cuenta qu\u00e9 pasa despu\u00e9s.<\/strong><\/p>\n<p>Lo que suele pasar lo sabemos todos: que <strong>llega un punto en que se rompe<\/strong>. Ahora, en el siglo XXI. Quiz\u00e1 hace unas d\u00e9cadas no, quiz\u00e1 la mayor\u00eda somos fruto del relativo triunfo del primer amor de unos cuantos. Pero las cosas han cambiado, porque <strong>tenemos m\u00e1s tiempo para descubrirnos<\/strong> entre las inclemencias del mercado laboral y los tumbos err\u00e1ticos por pa\u00edses en busca de un futuro. Renunciamos paulatinamente a la garant\u00eda de la estabilidad para apreciar el <em>Vita flumen<\/em>\u2013qu\u00e9 otra nos queda- y aprendemos a que nos guste eso. <strong>El suelo bailando bajo los pies<\/strong>, un abismo continuo de decisiones temporales que nacen y se extinguen con igual rapidez.<\/p>\n<p>El <em>fast food\u00a0<\/em>de las relaciones, ya hemos hablado de eso, ya lo sabemos. Pero con el amor pasa exactamente lo mismo: que no dura. Que se acaba. Que a la primera ya no va la vencida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Nos entregamos al primer amor como el kamikaze a su causa.<\/strong> Sin prejuicios, sin barreras y sin ninguna precauci\u00f3n. Y estallamos. Nos falta el cond\u00f3n alrededor del corazoncito, pero sobre todo del cerebro. <strong>Porque no sabemos qui\u00e9nes somos.<\/strong> Por eso nos podemos dar al otro en plenitud y sin exigencias, porque no le pedimos nada m\u00e1s que tenga ganas de compartir un trozo de camino con nosotros y nos prometa que esa gana no se marchitar\u00e1, que ser\u00e1 eterna. <strong>Moriremos juntos, en la misma cama, de viejecitos.<\/strong> Como le dec\u00eda <strong>Jack a Rose<\/strong> antes de congelarse, le hablaba de nietos numerosos y le vaticinaba un futuro lleno de vida, lejos de esa tabla de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Se amaron para siempre durante tres d\u00edas. Solo que no es verdad. <\/strong>Jack muri\u00f3 y Rose sigui\u00f3 viva y se cas\u00f3 con otro. Jack pas\u00f3 a ser parte de su recuerdo, algo en lo que pensar\u00eda para correrse r\u00e1pido cuando el esposo de turno se pusiera pesado con los preliminares o cuando fantaseara con escapar de una vida de quehaceres impuestos.<\/p>\n<p><strong>Nuestros primeros amores se convierten en nuestras primeras heridas.<\/strong> <strong>Cat Stevens<\/strong> cantaba: <em>\u00abThe first cut is the deepest\u00bb.<\/em>El resto es historia. Son historias, muchas, muy variadas. Cuerpos que se encuentran y se desencuentran a ratos, que confluyen y dejan de fluir. Se estancan. <strong>A otra cosa.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los siguientes amores. Pueden convertirse en un cat\u00e1logo infinito de venta a domicilio como resultado de una herida a\u00fan sangrante, mal suturada.<\/p>\n<p>La cosa es que <strong>conforme crecemos, crecemos. Es as\u00ed de sencillo y de complicado.<\/strong> En la soledad, incluso con los vaivenes y los roces, empezamos a desentra\u00f1ar el misterio principal: qui\u00e9n co\u00f1o soy yo. Por eso cuesta m\u00e1s entregarse. Uno no es kamikaze. Ni siquiera paracaidista con su artefacto. M\u00e1s bien somos arque\u00f3logos curiosos que desempolvan con sus brochas de pelo fino, o cient\u00edficos con su microscopio, o tiradores con el chaleco antibalas. <strong>Sabemos de la eternidad inherente a los tres d\u00edas. Sabemos que alguien se congelar\u00e1 y otro sobrevivir\u00e1 y seguir\u00e1 su vida tirando de recuerdo ef\u00edmero.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Queremos invertir el orden de la historia. Queremos tener un final feliz, o un desarrollo feliz. Y cuando esa persona aparece, una que tiene m\u00e1s que ver con nosotros, con la versi\u00f3n actualizada y no la <em>reckless\u00a0<\/em>de varios a\u00f1os atr\u00e1s \u2013de la \u00e9poca en la que los flequillos lam\u00edan la frente de lado a lado y los pantalones se arrastraban por el suelo recogiendo toda la mierda de la ciudad- <strong>sentimos una cosa inaudita.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Verg\u00fcenza.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sentimos verg\u00fcenza de nuestros <em>guilty pleasures<\/em>, de nuestras experiencias penosas, de las veces que vamos al ba\u00f1o al d\u00eda.<\/p>\n<p>La gana de compartirse es proporcional a la verg\u00fcenza. <strong>La precauci\u00f3n se ha extendido a la propia sinceridad, a la verdad pura y dura.<\/strong> Ahora tenemos cosas que ofrecer, cosas de verdad, no solo una cantidad de tiempo ocioso, como suced\u00eda en los tiempos p\u00faberes. Ahora sabemos lo que hay, estamos en ello, y nos toleramos a nosotros mismos porque es necesario, porque hemos nacido en este cuerpo y con esta mente y bueno. Es lo que hay. Pero mostrar eso, m\u00e1s depurado y cimentado pero igualmente <em>in progress,\u00a0<\/em>a otro ser humano\u2026 \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Siempre me da pena cuando triunfa el miedo. A m\u00ed, personalmente, me da tanta pena que intento ser lo m\u00e1s kamizake posible cuando s\u00e9 que hay un valor mayor detr\u00e1s. Me da una pena horrible que venga el oc\u00e9ano por debajo de cero grados y se lo lleve todo. Una potencialidad infinita.<\/p>\n<p>La vida est\u00e1 en el movimiento, s\u00ed, en la inseguridad, s\u00ed. <strong>Pero la vida, la verdadera humanidad, est\u00e1 en lo imperfectos que somos.<\/strong> <strong>Tambi\u00e9n en las heridas. Hace falta que alguien verla a cubrirlas de besos. Para eso, hay que mostrarlas.<\/strong><\/p>\n<p>Eso da mucho miedo. Da mucha verg\u00fcenza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Creo que la \u00fanica manera de conseguirlo es conservar la curiosidad de los comienzos. <strong>No dejar de ser nunca ni\u00f1os,<\/strong> ni adolescentes, en ese aspecto. Pero mantener un amor supremo, por encima de todo lo dem\u00e1s, una especie de promesa, un pacto a uno mismo por el que nos comprometemos a cuidar de nuestra esfera. Sin impedir que a veces se solape con la de otros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los siguientes amores son los definitivos, si es que hay algo definitivo en este presente.<\/strong> Y caminar junto a ellos deteniendo el tiempo es una de las experiencias m\u00e1s enriquecedoras que hay. Compartir no significa entregar. Eso sigue siendo nuestro, lo que hemos sembrado y lo que queda por recoger. <strong>Compartir: tres d\u00edas, tres a\u00f1os, treinta a\u00f1os. Qui\u00e9n sabe.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se habla mucho sobre el primer amor. 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