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	<title>Niñatos al poder | Sargento Emilia - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 08:50:18 +0000</pubDate>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Su infancia discurrió por las calles del barrio donde las viviendas eran modestas y carecían de comodidades. Muy pronto tuvo que lidiar con otros niños que le lanzaban objetos, le pinchaban con detornilladores e incluso le disparaban con escopetas de perdigones solo por el placer de la diversión o para quitarle un balón o un simple bocadillo. Las pandillas de mocosos descamisados en bicicleta tenían atemorizado a los abuelos que vivían en el barrio. Arramblaban con todo lo que les hacía objeto y también con lo que no, dejando un rastro de destrucción a su paso. Gritos, amenazas, coaciones y zarandeos conformaban el lenguaje más habitual de ese mundo periférico y marginal.<br>
Al madurar fue testigo de los trapicheos que se llevaban a cabo en el barrio y de la proliferación de plantaciones de marihuana que custodiaban con celo algunas familias extensas. En las peleas callejeras pronto comprendió que no podía demostrar miedo. La única salvación posible era hacerse respetar a riesgo de jugarse la vida en cada encerrona y en cada intento de coacción.<br>
Se marchó al Ejercito y allí, obsesionado por ponerse a prueba, se especializó en buceo, en escalada, en paracaidismo e incluso en el manejo de explosivos. Entrenó hasta la extenuación para aumentar su masa muscular y dar la talla en los ejercicios de supervivencia y de guerrilla urbana.<br>
Después de su vía crucis particular, el muchacho decidió hacerse policía. Iba a poder ser útil y cambiar las cosas en su entorno.<br>
Pero era la época de bonanza y corrupción, en la que los políticos preferían que los policías fueran amigos. Para seducir y distraer a los ciudadanos, y aplicando las reglas de marketing, inventaron la policía de barrio, la policía de proximidad, la policía cercana, la policía de comunidad, la policía de salón y protocolo especializada en rendir pleitesía y adular a mengano y a fulano.<br>
En su empresa municipal, sus intervenciones no eran valoradas. Sus detenciones policiales eran criticadas. Su implicación era cuestionada por sus propios mandos y su eficacia puesta bajo sospecha por resultar demasiado incómoda.<br>
Tuvo que renunciar a su vocación y, al volver a casa, los narcos le ofrecieron trabajo. Ahora era la oportunidad de lucrarse con toda la experiencia adquirida…</p>
<p>Se había criado en el fango y sin ayuda de nadie. Solo con el calor de su familia que le inculcó valores y un concepto de algo que su padre llamaba honor y que ahora ha quedado trasnochado. Por eso dijo que no. Y por eso siguió su camino de superación hasta conseguir salir del barrio, con esfuerzo y dentro de la legalidad. No quería que sus hijos tuvieran que enfrentarse a las situaciones de su infancia.<br>
Su historia bien se podia haber titulado la forja de un rebelde pero lo destacable es que él es la prueba fehaciente de que las cosas se pueden cambiar y de que siempre hay esperanza.<br>
Pero para luchar contra ese caos invisible, de volencia y crimen que va en aumento y que es necesario visibilizar, ha de existir interés y una firme voluntad política de esos niños de papá, con falsas titulaciones, que son los que, de forma generalizada, nos gobiernan ahora.</p>
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