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	<title>El valor del qué dirán | Sargento Emilia - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2020 19:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sargento emilia</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Se había convertido en un grano en el culo para los narcos del barrio. Había pasado de ser un camello con desparpajo y cierto éxito, a policonsumidor demenciado. De recorrer el barrio, tirando dinero por las ventanillas de los coches que robaba, había terminado por vivir como un lobo solitario, en una vivienda destrozada y con una rutina de jardineria aromática, trapicheos y fechorías varias.<br>
Tras una noche de insomnio y marihuana, a la hora en la que los vecinos suelen sacar al perro a pasear, se había dedicado a tirar basura y enseres desde el tercer piso de su edificio. La policía consiguió convencerle, después de un tira y afloja, para que recogiera todo lo acumulado en la vía pública. El hombre, escoba en mano, se empleo a fondo en la tarea, mientras insultaba y amenazaba a diestro y siniestro a los vecinos, que ese día habían madrugado para mofarse de él y lanzarle sus dardos envenenados. Estaban hartos de una convivencia vecinal que cada vez se hacía más insostenible y peligrosa.<br>
Después de jurar y perjurar que iba a rehabilitarse, la policía se marchó con la promesa de regresar si no se calmaba. A las pocas horas, le dio tiempo  a esnifar, romper cristales, amenazar a todos sus vecinos y, armado hasta los dientes,  a amedrentar a todo aquel que se cruzara por la escalera.<br>
Esta vez fue detenido  y como suele pasar en algunos barrios, acudieron al lugar cientos de vecinos y familiares que acompañaban a la madre del desbrujulado. La mujer, convertida en auténtica plañidera de tragedia clásica, empezó a rasgarse las vestiduras y a tirarse de los pelos, mientras gritaba desaforada. Intentaba soliviantar a la multitud, que en esta ocasión no parecía muy convencida, para impedir la detención. Después de mucha tensión e insultos, el hombre fue desarmado y conducido a comisaría.<br>
Cuando todos se retiraron, y ya sin testigos, la madre afligida se recompuso, para dirigirse a los policías que habían quedado para asegurar el lugar:<br>
“Lo que tienen que hacer es encerrar a mi hijo y no dejarle salir más. Está loco y ya no hay quien pueda con él. Ha intentado apuñalar a alguien. Enciérrenle unos cuantos años, para que yo pueda recuperar la casa que me ha destrozado.”</p>
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