{"id":264,"date":"2019-03-18T12:30:44","date_gmt":"2019-03-18T12:30:44","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/?p=264"},"modified":"2019-07-14T18:39:25","modified_gmt":"2019-07-14T18:39:25","slug":"un-circulo-vicioso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/2019\/03\/18\/un-circulo-vicioso\/","title":{"rendered":"Un c\u00edrculo vicioso"},"content":{"rendered":"<p>Se despiertan a media ma\u00f1ana y deambulan todo el d\u00eda por las calles del barrio, sin br\u00fajula y buscando algo en lo que entretenerse. Algunos viven con los abuelos y otros, a pesar de su corta edad, pasean y cuidan de sus hermanos m\u00e1s peque\u00f1ajos. Entre ellos se relacionan a gritos y recurren al empuj\u00f3n, al escupitajo y al golpe para divertirse, desafi\u00e1ndose. Son muy preguntones y a menudo impertinentes. Les fascina el mundo de sus mayores a los que imitan con la impaciencia de querer ser ya como ellos. Sus modelos son seres primitivos y brutos que fuman, beben, zampan y alardean mientras dejan pasar el tiempo. La mayor\u00eda se juega lo poco o mucho que tiene y en su devenir diario se la juegan tambi\u00e9n, hasta que tropiezan con la polic\u00eda.<\/p>\n<p>Con la casa llena de familiares que van y vienen, a esos querubines de ojos grandes el sexo no les es ajeno, a pesar de su corta edad. Algunos esconden, en su interior, a un Lucifer en pr\u00e1ctica que tira petardos a los pies de los ancianos del barrio o se burla de su torpeza. Tambi\u00e9n lanza huevos a los ni\u00f1os pijos que participan en el carnaval, con sus pap\u00e1s. Desde la cuna, saben lo que es la c\u00e1rcel y la droga y para ellos la polic\u00eda es el enemigo. Cuando empiezan a andar ya apuntan con sus pistolas de pl\u00e1stico a los uniformes, con los que se encuentran. Asisten al colegio de forma intermitente hasta los ocho a\u00f1os, para que sus progenitores no pierdan las subvenciones, pero despu\u00e9s, a pecho descubierto, se enfrentaran sin oficio, ni beneficio a un mundo hostil. Su barrio ser\u00e1 entonces su refugio. En \u00e9l convivir\u00e1n con sus iguales y todos luchar\u00e1n por seguir imponiendo sus propias reglas.<br \/>\nDesde que se levantan, se pasan el d\u00eda masticando. Seguramente el movimiento constante de sus mand\u00edbulas les impida progresar intelectualmente. En ello imitan a sus madres, que, sentadas al sol y ajenas a la lucha de sexos, se atiborran a pipas, helados plastificados, gusanitos y todo tipo de boller\u00eda industrial. Conforme terminan con sus bolsas, o con los envases de cualquier tipo de bebida azucarada, las tiran al suelo. Las calles, que el ayuntamiento acaba de limpiar, se llenan as\u00ed de envoltorios. No hay cent\u00edmetro que se resista a estos roedores compulsivos. Pero ellos dicen ser felices: la basura es vida.<br \/>\nCuando crecen, para tenerles controlados, se les proporcionara viviendas para que sigan vegetando, mientras la mayor\u00eda se esforzar\u00e1 por ignorar la palabra trabajo y formaci\u00f3n. Muy pronto se decantaran por actividades que les permitir\u00e1n ganar un dinero f\u00e1cil que los ni\u00f1os pijos, ya sin sus pap\u00e1s, les proporcionaran al convertirse en clientes.<br \/>\nAnte la indiferencia del mundo exterior, que los considera carne de ca\u00f1\u00f3n, seguir\u00e1n atrapados en este c\u00edrculo vicioso, del que solo algunos conseguir\u00e1n escapar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se despiertan a media ma\u00f1ana y deambulan todo el d\u00eda por las calles del barrio, sin br\u00fajula y buscando algo en lo que entretenerse. Algunos viven con los abuelos y otros, a pesar de su corta edad, pasean y cuidan de sus hermanos m\u00e1s peque\u00f1ajos. 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