{"id":32,"date":"2012-05-28T15:58:49","date_gmt":"2012-05-28T15:58:49","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/?p=32"},"modified":"2012-05-28T15:58:49","modified_gmt":"2012-05-28T15:58:49","slug":"por-tierras-afganas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/2012\/05\/28\/por-tierras-afganas\/","title":{"rendered":"Por tierras afganas"},"content":{"rendered":"<p>          Divisando a lo lejos los reba\u00f1os de cabras que segu\u00edan a sus ni\u00f1os pastores por las llanuras y dejando atr\u00e1s los poblados de barro y arena que parec\u00edan deshabitados, el convoy militar circulaba, como a c\u00e1mara lenta, por la \u00fanica carretera de entrada al norte de la ciudad de kabul. Intrusos en el territorio, los veh\u00edculos iban  atravesando escenarios des\u00e9rticos bombardeados por rayos de sol incendiarios. La expedici\u00f3n, integrada por cuatro camiones  de transporte, dos  blindados RG 31 y una ambulancia civil con personal m\u00e9dico, avanzaba acompa\u00f1ada  del runr\u00fan mon\u00f3tono de los viejos motores diesel y de la estela de humo negro que dejaban a su paso los tubos de escape. Al cortejo, mimetizado con el paisaje, le delataba una nube de polvo ocre visible a kil\u00f3metros de distancia en la yerma planicie afgana. Un terreno sin obst\u00e1culos pero que la acci\u00f3n del hombre hab\u00eda conseguido  convertir  en un recorrido  peligroso, sembrado de  amenazas agazapadas entre la arena.<br \/>\n   En fila india, el convoy iba a cruzar la capital para acercarse al hospital de campa\u00f1a que M\u00e9dicos Sin  Fronteras ten\u00eda instalado cerca de una de las mezquitas situada al sur de la ciudad. Flanqueadas por viviendas en planta baja, con techos de hojalata y con  paredes de cemento sin pintar y repletas de anuncios publicitarios, eran unas instalaciones de fortuna a las que diariamente se acercaban enfermos que sol\u00edan bajar de las monta\u00f1as.<br \/>\n  Recorr\u00edan  kil\u00f3metros a pie, cruzando barrancos por la abrupta orograf\u00eda de un paisaje lleno de contrastes, en busca de asistencia facultativa, medicamentos o intervenciones quir\u00fargicas s\u00f3lo posibles  gracias a los recursos aportados por el primer mundo.<br \/>\n     La encrucijada de caminos, en la que se instalaba el mercado, estaba llena de autobuses cuyos pasajeros viajaban amontonados en su interior o subidos en el techo, agarrados a sus oxidadas carcasas. Las furgonetas destartaladas, que transportaban personas mezcladas con mercanc\u00edas, se disputaban la calzada con las carretas repletas de hortalizas y cereales y arrastradas por animales escu\u00e1lidos  y con las bicicletas que circulaban siguiendo un orden ca\u00f3tico que obviaba cualquier prioridad  o norma susceptible de ser reivindicadas. Los veh\u00edculos de dos ruedas eran aut\u00e9nticos artefactos dise\u00f1ados por sus due\u00f1os en funci\u00f3n de sus necesidades de transporte, accionados con las manos o con los pies. Sus remolques, soldados en la parte trasera o delantera, se desbordaban  repletos de enseres y desprovistos de cualquier  elemento de seguridad. Cerca de las v\u00edas de circulaci\u00f3n  se ubicaban los tambaliches donde se amontonaban, formando un caleidoscopio de colores, las frutas y verduras para su venta. Llamaba la atenci\u00f3n las cestas que ofrec\u00edan sus pistachos, almendras y pasas y las grandes sacas colmadas con  especies  multicolores  que  llenaban  el  ambiente   de  aromas,  que  se mezclaban con los olores que desprend\u00edan  los alimentos perecederos expuestos al sol: enormes piezas de carne roja colgadas, que los clientes pod\u00edan  tocar antes de invertir en ellas las escasas rupias de las que dispon\u00edan.<br \/>\n     Los afganos iban ataviados, a pesar del calor, con abrigos de color canela o grises, que les cubr\u00edan las piernas, y con turbantes que acentuaban su delgadez y que coronaban sus cabezas sudorosas de piel cuarteada, oscurecida por el sol y por sus barbas lampi\u00f1as. Era una poblaci\u00f3n mayoritariamente masculina y cuyas escasas mujeres ocultaban  su  figura  bajo unos burkas azules celeste o a\u00f1il, con los que algunas  proteg\u00edan del caos a sus hijos de corta edad. El convoy qued\u00f3 detenido cuando una mula  se cruz\u00f3 al paso de uno de los camiones. Permaneci\u00f3 parada en medio de la calzada, neg\u00e1ndose obstinadamente a seguir su camino, a pesar de que su due\u00f1o la emprendiera a golpes con el animal. Cuando el conductor opt\u00f3 por dar marcha atr\u00e1s para esquivar al equino, por encima del rugido del  motor, unos gritos y bocinazos le alertaron  de que ten\u00eda que detenerse. Un ciclista hab\u00eda intentado cruzar por la parte trasera del cami\u00f3n, en el preciso momento en el que este emprend\u00eda la marcha retrocediendo. Despu\u00e9s de embestirle, la v\u00edctima fue arrastrada bajo los potentes neum\u00e1ticos del transporte. El m\u00e9dico, identificado con su chaleco blanco con las siglas MSF, que hab\u00eda salido corriendo de la ambulancia malet\u00edn en mano, s\u00f3lo pudo certificar  la muerte del past\u00fan, por heridas incompatibles con la vida. Los hierros de la bicicleta permanec\u00edan prensados bajo el chasis del cami\u00f3n, mientras el cuerpo mutilado dificultaba la identificaci\u00f3n del infeliz. Pronto el cad\u00e1ver fue pasto de las moscas, a pesar de la manta  que  le  recubr\u00eda, y de las miradas de los curiosos.<br \/>\n     En otras circunstancias el cuerpo hubiera sido retirado sin papeleo ni mayores consecuencias al tratarse de un accidente que todos hubieran atribuido a la mala suerte. Pero en Afganist\u00e1n, morir atropellado, por el veh\u00edculo  militar de cualquier ej\u00e9rcito extranjero, supone la posibilidad de cobrar una indemnizaci\u00f3n econ\u00f3mica que resulta astron\u00f3mica, en medio de tanta pobreza, e inconcebible para la familia del fallecido y para su inesperada y luctuosa buena  suerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Divisando a lo lejos los reba\u00f1os de cabras que segu\u00edan a sus ni\u00f1os pastores por las llanuras y dejando atr\u00e1s los poblados de barro y arena que parec\u00edan deshabitados, el convoy militar circulaba, como a c\u00e1mara lenta, por la \u00fanica carretera de entrada al norte de la ciudad de kabul. 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