{"id":53,"date":"2013-01-30T11:16:16","date_gmt":"2013-01-30T11:16:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/?p=53"},"modified":"2013-01-30T11:16:16","modified_gmt":"2013-01-30T11:16:16","slug":"ficcion-con-tintes-negros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/2013\/01\/30\/ficcion-con-tintes-negros\/","title":{"rendered":"Ficci\u00f3n con tintes negros"},"content":{"rendered":"<p> Sentado en el fondo de un bar a esas horas escaso de clientes, Gregorio intentaba poner en orden sus ideas para redactar, por encargo, un art\u00edculo sobre violencia de g\u00e9nero que el peri\u00f3dico local quer\u00eda publicar al d\u00eda siguiente por ser el d\u00eda de la mujer trabajadora.<br \/>\nFrente a una taza de caf\u00e9 y en medio del bullicio, hab\u00eda observado que sus art\u00edculos  ganaban en autenticidad  cuando consegu\u00eda escribir inmerso en conversaciones de desconocidos o en pol\u00e9micas que daban cuenta de lo que preocupa a la opini\u00f3n p\u00fablica. En ocasiones se quedaba escuchando argumentos o digiriendo afirmaciones temerarias fruto de la ignorancia, del fanatismo o de la mala fe que le obligaban a interrumpir sus pensamientos. Sentada en una mesa cercana, una mujer con semblante serio se dedicaba a mandar mensajes con un m\u00f3vil, abstra\u00edda y visiblemente contrariada por el tama\u00f1o del teclado.  Su ropa cara e impoluta, su cartera de piel y sus zapatos de marca hac\u00edan pensar que no era cliente habitual de la cafeter\u00eda y que posiblemente se encontraba all\u00ed huyendo de testigos  o queriendo evitar que se le localizara. Tal vez se trataba de una historia pasional, de mensajes mandados a escondidas o de una cita amorosa que estaba a punto de producirse y de la que \u00e9l iba a ser testigo. Mientras la mujer escrib\u00eda obstinadamente en su mini teclado, se oy\u00f3 el timbre de otro tel\u00e9fono de \u00faltima generaci\u00f3n que la desconocida sac\u00f3 de su cartera. Nerviosa  contest\u00f3 de inmediato a la llamada para mantener una conversaci\u00f3n entrecortada y a ratos susurrada, digna de una pel\u00edcula de esp\u00edas. Ello consigui\u00f3 despertar el inter\u00e9s del periodista que intent\u00f3 poner la oreja para conseguir enterarse de lo que all\u00ed se dec\u00eda, sin resultado.<br \/>\nDespu\u00e9s de un segundo caf\u00e9, la mujer se levant\u00f3 para dirigirse hacia el perchero que se encontraba pegado a la mesa del curioso. Despu\u00e9s de dejar su cartera sobre una silla, se enfund\u00f3 su abrigo y su  pa\u00f1uelo de cachemir para marcharse con celeridad, repiqueteando tacones sobre el enlosado del local. Al acercarse al periodista, este la hab\u00eda  reconocido. Era una de las chicas Snoopys de la escena pol\u00edtica. J\u00f3venes buenas estudiantes, hijas de empresarios  o pol\u00edticos influyentes y colocadas en puestos de responsabilidad  directa o indirectamente por sus pap\u00e1s.<br \/>\nD\u00e1ndole vueltas todav\u00eda a la curiosa presencia de tan ilustre mandam\u00e1s en un bar de barrio, el hombre se enfrasc\u00f3 de nuevo en el art\u00edculo que estaba escribiendo hasta que volvi\u00f3 a o\u00edr el sonido caracter\u00edstico de un mensaje entrante. No era su m\u00f3vil el que reclamaba su atenci\u00f3n, sino el tel\u00e9fono de la que se acababa de marchar y que al parecer se hab\u00eda dejado olvidado en la silla al ir a coger su prenda de abrigo. El periodista no se inmut\u00f3 y sigui\u00f3 con su tarea pensando que en cualquier momento la mujer, al percatarse de su olvido, volver\u00eda a recogerlo. Al ver que el tel\u00e9fono segu\u00eda all\u00ed al cabo de media hora, baraj\u00f3 la posibilidad de devolv\u00e9rselo personalmente a su propietaria a la que pod\u00eda localizar f\u00e1cilmente. Una hora m\u00e1s tarde mientras iba recogiendo sus apuntes, el periodista alarg\u00f3 el brazo con disimulo para apoderarse del aparato. Comprob\u00f3  que su agenda estaba vac\u00eda y que no hab\u00eda ninguna llamada entrante, s\u00f3lo una gran cantidad de mensajes de texto recibidos o enviados a usuarios sin identificar. Los mensajes hablaban de terrenos, revalorizaciones, intermediarios, comisiones, cantidades astron\u00f3micas, escuchas policiales e investigaciones. Por primera vez la leyenda negra de los m\u00f3viles de prepago, comprados con dinero p\u00fablico por pol\u00edticos corruptos intentando no ser descubiertos, cobraba vida. El material que conten\u00eda el m\u00f3vil pod\u00eda dar lugar a toneladas de titulares en los peri\u00f3dicos locales e incluso de \u00e1mbito nacional. S\u00f3lo era cuesti\u00f3n de ir atando cabos y poner fechas y nombres a la informaci\u00f3n, todo un reto para un periodista de raza. Por apropiaci\u00f3n indebida, el valor legal del hallazgo era nulo pero los datos no ten\u00edan desperdicio. Termin\u00f3 de recoger sus cosas y abandon\u00f3 el local, feliz y excitado, dispuesto a embarcarse en una nueva Odisea, con la colaboraci\u00f3n de su colega Mauricio al que, para ponerle los dientes largos, le acababa de mandar un mensaje que dec\u00eda as\u00ed: \u201cHallado tel\u00e9fono con bombazo informativo. Van a temblar las Instituciones. Estoy llegando a la redacci\u00f3n&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sentado en el fondo de un bar a esas horas escaso de clientes, Gregorio intentaba poner en orden sus ideas para redactar, por encargo, un art\u00edculo sobre violencia de g\u00e9nero que el peri\u00f3dico local quer\u00eda publicar al d\u00eda siguiente por ser el d\u00eda de la mujer trabajadora. 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