{"id":56,"date":"2013-02-28T19:28:15","date_gmt":"2013-02-28T19:28:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/?p=56"},"modified":"2013-02-28T19:28:15","modified_gmt":"2013-02-28T19:28:15","slug":"5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.laverdad.es\/sargentoemilia\/2013\/02\/28\/5\/","title":{"rendered":"La psicopatolog\u00eda del corrupto"},"content":{"rendered":"<p>  Han tenido que bombardearnos con los incesantes esc\u00e1ndalos sobre  negocios turbios para que todo un pa\u00eds tomara conciencia de la da\u00f1ina figura del corrupto y percibiera la corrupci\u00f3n como la mayor de las preocupaciones ciudadanas. Tomando como referencia uno de los personajes de la pol\u00edtica murciana, de cuyo nombre no  quiero acordarme, perm\u00edtanme que describa algunos de sus rasgos de personalidad, enmascarados detr\u00e1s de su honorabilidad, su poder pol\u00edtico y una irrepetible situaci\u00f3n de  bonanza econ\u00f3mica. No es el prototipo de delincuente al uso pero no est\u00e1 exento de peligrosidad por su necesidad insaciable de lucro. Se trata de un personaje  eminentemente pr\u00e1ctico, con escasa cultura o ning\u00fan inter\u00e9s hacia ella, que no sea el econ\u00f3mico, y con necesidad de gratificaci\u00f3n inmediata. Suele presentar una falsa generosidad con su entorno para compensa su egocentrismo y su narcisismo que a menudo  dificulta sus relaciones interpersonales. Presenta un frialdad emocional que suele ser habitual en el delincuente actual y que le hace insensible a la cr\u00edtica. Inhibe sus sentimientos de culpa mediante la satisfacci\u00f3n que le proporciona su inteligencia que en ocasiones  le lleva a subestimar a su entorno y a despreciar profesionales como los integrantes  del Poder Judicial a los que considera infantiles por verse lastrados por su sometimiento al Estado de Derecho. Gracias a su falta de escr\u00fapulos, libera su agresividad recurriendo a la astucia y a sus pulcros modales que s\u00f3lo abandona con su entorno m\u00e1s \u00edntimo al que en ocasiones tiraniza. Sus fechor\u00edas de car\u00e1cter econ\u00f3mico  le conducen a menudo a la prepotencia y a repetirlas de forma cada vez m\u00e1s temeraria convencido de su impunidad al no existir v\u00edctimas con nombre y apellido. Se  adentra as\u00ed en una espiral de delitos que su ambici\u00f3n ya no puede parar. Sus propias deficiencias afectivas le hacen incapaz de percibir su propia imagen de criminal reincidente. El corrupto es consciente de que su intachabilidad depende de su prestigio de ah\u00ed que sea cliente asiduo de los Juzgados, no como acusado, sino como querellante para defender su honor. Tambi\u00e9n le hace fuerte  la informaci\u00f3n de la que dispone y  su pertenencia a una organizaci\u00f3n o a una Instituci\u00f3n a la que la Ley evita enfrentarse. A ello hay que a\u00f1adir el desencanto y la desmoralizaci\u00f3n de una sociedad que atribuye  la corrupci\u00f3n  a una debilidad de la naturaleza humana que siempre tiene un precio.<br \/>\n  La suerte de estos delincuentes es que lo que realmente asusta al ciudadano de a pie es el personaje desviado, antisocial o con patolog\u00eda m\u00e1s o menos oculta, sin medios socioecon\u00f3micos y al que, con la crisis, se le niega, aun sin ser delincuente, cualquier pseudoactividad para la supervivencia. Es el blanco del ciudadano bien intencionado que llama a la polic\u00eda cada vez que prostitutas, mendigos, art\u00edstas callejeros, chatarreros, vendedores ambulantes o guardacoches se hacen demasiado visibles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Han tenido que bombardearnos con los incesantes esc\u00e1ndalos sobre negocios turbios para que todo un pa\u00eds tomara conciencia de la da\u00f1ina figura del corrupto y percibiera la corrupci\u00f3n como la mayor de las preocupaciones ciudadanas. 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