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	<title>Confesiones sin vergüenza | Vivir en el filo - Blogs laverdad.es</title>
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	<description>Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa</description>
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		<title>Confesiones sin vergüenza | Vivir en el filo - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Nov 2015 20:17:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
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<p><strong>¡Ay, el deseo! Tan canalla, tan promiscuo, colisionando como un pesado meteorito en cuerpos ajenos y, a veces, incluso sin su permiso. El deseo es así, pero sin él, el hecho biológico de vivir no existiría</strong>. Luego tenemos las <strong>fantasías</strong>. Algo distinto del deseo y que tan a menudo se confunden.</p>
<p>Me lo contó hace unos días mi querida amiga <strong><a href="http://www.valerietasso.com/home/index.php">Valérie Tasso</a></strong> que acaba de publicar<strong><a href="https://itunes.apple.com/es/book/confesiones-sin-verguenza/id1035974722?mt=11"> “Confesiones sin vergüenza”</a></strong>, donde relata las<strong> fantasías eróticas de un grupo de mujeres desde los 18 a los 90 años</strong>. Lo que me explicaba era lo complicado que le resulta a la mayoría de las personas diferenciar <strong>deseo de fantasía.</strong> El deseo es lo que nos mantiene vivos. Pero lo más importante, es que los deseos se suelen cumplir. Podemos llegar a realizarlos en algún momento. Son factibles. Una playa paradisíaca y el hombre de tus “deseos”, sumergidos en un orgasmo casi interminable, por ejemplo; o la típica escena de alfombra, chimenea y cuerpos desnudos con esa luz cálida que nos favorece tanto a todos. ¿Imposible? En absoluto.</p>
<p><strong>El imaginario erótico va por otros derroteros</strong>. Mi amiga Valérie, que está algo loca pero os juro que es encantadora y sólo deliciosamente perversa<strong>, fantasea con verse atada de muñecas y tobillos en un psiquiátrico</strong> y que una noche desquiciada, los más grillaos del lugar la agredan. Ya está, no necesita más. Y se pone como una moto, vulgarmente hablando.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>A todos nos erotizan cosas concretas. Los hay que fantasean con la penetración anal pero nunca se atreven. Y estoy poniendo un <strong>ejemplo burdísimo</strong> que nadie confesará con su compañero a la hora del desayuno pero vosotros sabéis en vuestro fuero interno (señoras, pero sobre todo señores) que eso os pone una barbaridad. Incluso alguno tendrá que parar y dejar de leer este artículo. Felicidades, eso es gestionar con eficacia y sin complejos, no sólo las fantasías, si no, también, vuestra propia autoimagen.</p>
<p>Hablábamos del <strong>orden moral establecido que intenta hacer una tabla rasa con todos nosotros</strong>. Uniformarnos de gris, grabarnos con fuego nuestra obligaciones para ser ciudadanos que mantengan el status quo de una sociedad tejida de intereses y persigue que permanezcamos concentrados; que no perdamos el tiempo con el sexo, que es algo <strong>distractivo</strong> que nos convertirá en improductivos.</p>
<p>Pero, ay amigo, nadie le pone puertas al campo y menos aún a nuestro imaginario erótico. Fuera culpabilidades. ¿Que te pone montártelo con alguien subido en una escalera de perigallo? Pues imagina y disfruta. ¿Que deseas a esa mujer que te espera con unas medias de blonda, sin bragas y sin nada para hacerle el amor en la encimera de la cocina? Ponlo en marcha. No es tan complicado.</p>
<p>Al contrario de lo que sospechan los censores morales y vitales, a todos esos que les gusta vernos de uniforme y aburridos como setas, el sexo no es distractivo. El <strong>sexo es la energía creadora por excelencia</strong>.</p>
<p>Una sexualidad saludable (y detesto este adjetivo, porque odio patologizar el sexo)<strong>  nos abre la mente, nos alegra la vida, nos llena el cerebro de oxitocina, rebaja los niveles de cortisol y si, somos imaginativos, nos tornará más creativos en nuestros trabajos y en nuestra vida diaria</strong>.</p>
<p><strong>Tus fantasías más descabelladas no te convierten en alguien perverso sino en alguien esencialmente humano</strong>. Por eso nos diferenciamos de los animales. Nuestra cópula, nuestro juego de la carne no tiene como única finalidad la procreación. Somos animus, alma.</p>
<p>Valérie se atreve a mirarse en su espejo e invita a otras mujeres a que lo hagan sin complejos.</p>
<p><strong>Búscate un paisaje, piérdete, y goza con tu fantasía.</strong></p>
<p> </p>
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