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	<title>Pastelico de carne | Vivir en el filo - Blogs laverdad.es</title>
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	<description>Relaciones, amor, vida. Lo que de verdad importa</description>
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		<title>Pastelico de carne | Vivir en el filo - Blogs laverdad.es</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2016 06:27:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lola Gracia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[  Reconoció el sonido de su moto y se apresuró a mirarse rauda en el espejo. Rápidas maniobras de corrector para borrar ojeras y despertar tras su inmersión en el trabajo. Un toque de rimmel, el rápido colorete de unos pellizcos. Un gloss de piruleta . Los hambrientos ojos de siempre. Ya las dos y [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p> </p>
<p><a href="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2016/08/ebfed1514028c572242c6532c60eb28e.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-930" title="ebfed1514028c572242c6532c60eb28e" src="/vivirenelfilo/wp-content/uploads/sites/18/2016/08/ebfed1514028c572242c6532c60eb28e.jpg" alt="" width="198" height="300"></a></p>
<p>Reconoció el sonido de su moto y se apresuró a mirarse rauda en el espejo. Rápidas maniobras de corrector para borrar ojeras y despertar tras su inmersión en el trabajo.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Un toque de rimmel, el rápido colorete de unos pellizcos. Un gloss de piruleta . Los hambrientos ojos de siempre.</p>
<p>Ya las dos y media. Cómo pasa el tiempo. Aunque, a veces, cuando ella espera ,se enseñorea  demasiado con el  reloj y odia la teoría de la relatividad. Eres una impaciente, niña.</p>
<p>La atmósfera está compuesto por una mezcla de aroma a café, ambientador de oficina y suave música de jazz. La luz del flexo se funde en esa amalgama: jazz, ambientador y café. En ocasiones se siente sumergida en una extraña gelatina y tiene que salir a la calle. A beberse el aire.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Suena el timbre. Siempre abre sin preguntar, deja también entornada la puerta.  Suenan sus pasos en la escalera. Él también va raudo, con prisas, con ansias, con ganas.</p>
<p>Mira, he traído la comida</p>
<p>No era la primera vez. Como buen macho cazador llega al nido a veces con dulces: las ricas milhojas, los pepitos de chocolate, desterrados para siempre de su dieta, el sushi, el vino. Unas latas de cerveza del chino.</p>
<p>¿Tienes hambre? Yo estoy muerto y me voy corriendo a un curso. Romper el cordel que ata el manjar es un rito. Abre el papel y lo despliega. Un olor crujiente a hojaldre se cuela entre ambos. Parte un trozo: toma, come.</p>
<p>A él le gusta verla comer. Ella toma con sus manos el pastel: No me cabe en boca.  El pastel, me refiero.</p>
<p>Ella se relame, chupa su dedo. Lo pasea lento y con lascivia por los labios del amado y enciende su deseo: Ya me vas a dejar sin comer otra vez.</p>
<p>Qué pena te da.  Anda, toma. Y coge otro trozo para él: asoma un poco la carne del pastel de carne y lo mete en su boca con delicadeza. “Pa carne, la tuya”, dice el hombre. Él se relame, chupa su dedo, lo pasea húmedo, suculento por sus labios. Y enciende el deseo de su amada: Ya me vas a dejar sin comer otra vez.</p>
<p> </p>
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